En evidencia / por Ercole Lissardi

Hay gente que nunca aprende, ni siquiera de la experiencia propia. Una de ellas, incomprensiblemente notoria en los ambientes futbolísticos, es el maestrito Tabárez. Ya nos hemos referido al absurdo error de alineación con que Uruguay debutó contra Costa Rica. En el partido de hoy contra Colombia los errores no sólo se repitieron sino que se multiplicaron.

La alineación inicial restituyó a los gerontes Forlán y Maximiliano Pereira. Uruguay volvió a verse, como contra Costa Rica, penosamente inoperante. Terminado el primer tiempo 0-1, era de esperar que salieran a disputar el segundo con cambios. Niente. Los mismos. A los pocos minutos estaban 0-2.

Entonces sí, como un perro al que los golpes vuelven obediente, el maestrito sacó a Forlán y luego sacó defensas para incluir delanteros. A partir de ese momento Muslera no tuvo que atajar una sola pelota más. En cambio Ospina atajó tantas como nunca en su vida. En sus manotazos desesperados el maestrito dejó en el banco jugadores que habían tenido gran destaque contra Inglaterra e Italia, como Lodeiro, y recurrió a jugadores que ni en los partidos de preparación ni durante el Mundial habían tenido ni un minuto de fútbol, como Hernández. Uruguay, en su alinación cuidadosamente preparada para el partido, fue absolutamente inoperante. Pero rearmado a la desesperada, se llevó por delante a Colombia.

Demás está decir que más allá de su vocación por el Vejerto, de su nulo volumen de juego, Uruguay con Suárez es otra cosa. Suárez libera a sus compañeros. Los libera de la atención del hincha. Los libera de responsabilidad. Y como es incontrolable, los libera de presión de marca.

Colombia, que no es gran cosa, que le debe todo al orden y al carácter que le ha dado Pekerman, se encontró con un Uruguay a la defensiva, inoperante futbolísticamente, lento, y… sin Suárez. Aprovecharon la ocasión, naturalmente.

¿Será posible que ahora que el maestrito se va (¡¡¡¿O NO?!!!) pongan a alguien que sepa de qué va esta cosa de jugar al fútbol? Difícil. En el ambiente de mediocridad e ignorancia de la interna del fútbol uruguayo alguien que sepa de qué va eso de jugar al fútbol no es admisible. No se lo bancan. Pone a todos los vejertos en evidencia.

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