El cuento de Chile en Brasil 2014 / por Francisco Bitar

Desde Chejov en adelante, los grandes cuentos se han dedicado a relatar historias breves en el tiempo que conducen a un final descorazonador para sus protagonistas. Se trata de hombres y mujeres que, acaso sin proponérselo, han atravesado un conflicto decisivo para sus vidas y ya no volverán a ser los mismos.

¿Por qué un conflicto decisivo? Porque un cuento debe ofrecer la sensación de que hay algo fundamental en juego, cuya solución es de vida o muerte para los involucrados.

¿Por qué un final descorazonador? Por dos razones. Porque, como dijo Stephen Spender, “el mundo es el mundo y no escribe historias que terminan en amor”. Y porque es a la luz de esos finales, llenos de desazón y perplejidad, que los propios implicados crecen ante nuestros ojos hasta llegar a la estatura de grandes hombres.

Si nos ponemos filosóficos, podemos decir que la literatura ha sido dada al hombre para procesar los datos de una vida en sus giros más extraños. Pero no se hace literatura para aclarar la vida sino para afirmar esa extrañeza. Por supuesto, el mundial no escapa a ello: al fin y al cabo, la vida entera puede medirse en mundiales, ¿o no? El último mundial de mi padre fue el de Sudáfrica, por ejemplo. Mi hija nacerá poco después de que termine este mundial.

En términos literarios, la participación de Chile en Brasil 2014 es asimilable al género cuento, ese extraño relato a mitad de camino entre la poesía (la lírica) y la novela (la épica). La lírica es equivalente al yo, por eso se dice que Johan Cruiff, “corriendo con su elegante camiseta naranja”, era un poeta o hacía poesía. La épica, por su parte, equivale a una gesta colectiva, la de un pueblo entero, por eso es que el video del mundial 86 se llama Héroes.

El desempeño de la selección chilena, en cambio, cuenta la historia de una gran entrega cuyo final resulta brusco e injusto. Teníamos todo para hacerlo, pero al final, en el último minuto, se esfumó. En su propia formulación, sin embargo, es un cuento perfecto. Parecido a los acontecimientos evanescentes, pequeños pero llenos de belleza, que algunos guardarán en su corazón. Como una mudanza, digamos, o como la emoción de comprar tu primer auto. El primer paseo, con tu mujer de entonces, en ese auto.

Grandes hombres.

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