Rumbo a la cuarta copa del mundo / por Damián Ríos

Ya queda poco para la final entre Alemania y quien pase la otra semifinal. De Brasil había poco para decir antes de la lesión de Neymar; ahora no se puede decir nada. Porque no hay nada, entiendo que dice mi amigo Tiell, no sé cómo se escribe el nombre, satisfecho. A Holanda, Alemania le ganó una final, la única que jugaron; aquel equipo holandés tenía un nombre ridículo, y un gran jugador. Cuando le digo que antes tiene que pasar Brasil, me dice que eso estrictamente no va a ser una semifinal; que va a ser un entrenamiento, le digo. Algo así entiendo que me contesta. Es difícil comunicarse porque mi alemán no existe y el español de él es bastante pobre. Le pregunto por Ozil y su bajo nivel, no me contesta o no me entiende. Cuando le hablo de los torcedores brasileños me dice que sólo ve brasileñas de ascendencia alemana en las tribunas. Cuando le pregunto por Argentina dice algo de Messi y se corta la comunicación o la corta él. Está feliz, pienso, se habrá ido a festejar. Me alegro. La tristeza, dicen, no tiene final.

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