#argelia

La batalla de Argelia (Coda) / por Ricardo Strafacce

¡Campeones morales!

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La batalla de Argelia XXVI / por Ricardo Strafacce

Una lástima. Con solidaridad, disciplina táctica y tiki-tiki cuando se podía, aguantamos 96 minutos. Pero al final se impuso la eficiencia robótica de los alemanes.

El sueño argelino ha terminado. También concluyen estas crónicas, con un poco de melancólico y disfrutable rock árabe.

Rumbo a la cuarta copa del mundo / por Damián Ríos

Me niego a comentar lo que en realidad es un empate entre Argelia y Alemania. Terminaron los 90 minutos, Alemania hizo un triste papel y lo mejor fue su arquero Neuer, que mereció hacer un gol. El resto, una pena de equipo que se rindió al toque argelino y al orden táctico pseudo-francés. No sé quien pasará a cuartos, pero en caso de ser Alemania va a ser una victoria pírrica. ¿Cómo pueden dejarse anticipar tan obviamente por los argenlinos? Una vergüenza, el únic que puede cambiar el curso del partido es Klose, el infinito.

 

La batalla de Argelia XXV / por Ricardo Strafacce

Si Argelia le ganara a Alemania las familias burguesas
cerrarían todas las puertas y ventanas
con dos vueltas
de llave.
Si Argelia le ganara a Alemania
las muchachas ocultarían
sus encantos,
culpables,
atontadas
y los muchachos deambularían como drogados y en harapos
por las calles irreconocibles
preguntándose dónde está,
dónde está
la Europa vieja.
Si Argelia le ganara a Alemania
se desplomarían los precios de todas las acciones,
la Bolsa se haría bolsa,
cerrarían las fábricas.
Si Argelia le ganara a Alemania
desaparecería el euro,
estallarían todas las alianzas.
Si Argelia le ganara a Alemania
quedaría vengada la vergüenza,
la infamia,
la trampa que los alemanes
hicieron en 1982
en connivencia con Austria.
Si Argelia le ganara a Alemania
cualquier cosa sería posible
en un imposible futuro celebrable,
y el mundo comenzaría
a tornarse
verosímilmente aireano.
Si Argelia le ganara a Alemania
el capitalismo estaría en jaque:
Rock in the Casbah

Hoy, a las 17, a todo o nada
con Alemania.

La batalla de Argelia XXIV / por Ricardo Strafacce

Fanon

Los condenados de la tierra fue el último libro que escribió Frantz Fanon. Se publicó en 1961 en Francia acompañado de un prefacio de Jean Paul Sartre (Éditions Maspero) y fue traducido al español en 1963 por Julieta Campos (Fondo de Cultura Económica). Frantz Fanon (Fort-de-France, Martinica, Francia, 1925 – Berthesda, Maryland, Estados Unidos, 1961) se sumó a los 18 años a las Fuerzas de Liberación Francesa en la Segunda Guerra Mundial , fue herido en combate y condecorado con la Cruz de Guerra; estudió medicina y psiquiatría en la Universidad de Lyon, Francia; dirigió un hospital psiquiátrico en Argelia y desde 1957 fue militante del Frente de Liberación Nacional en la Guerra de independencia de Argelia (1954 – 1962).Los condenados de la tierra es un diagnóstico psiquiátrico, político, cultural e histórico de la colonización en Argelia particularmente y en África en general, además de constituir un llamado al Tercer Mundo a emprender la lucha descolonizadora, es decir, a crear un hombre nuevo. El libro también es la culminación de las obras de Fanon –discípulo de Aimé Césaire–, una adaptación de la teoría marxista al contexto colonial, y precursor de los estudios poscoloniales. “Enarbolado por la oposición a la guerra de Argelia, por la impugnación a un sistema colonial ya moribundo, recién animada la exaltación de la lucha armada por la victoria en Cuba de los rebeldes castristas; predicando un Tercer Mundo revolucionario, coronado por el prefacio de un Sartre entonces en el apogeo de su influencia y de su gloria, el libro se propagó como reguero de pólvora. (…) En 1961, año del golpe de Estado en Argel y la apertura de las negociaciones de Evian, Fanon, gravemente enfermo de leucemia, trabaja febrilmente en el manuscrito. François Maspero apenas tiene tiempo para llevarle el primer ejemplar de Los condenados de la tierra. Habiendo ingresado en octubre en la clínica de Berthesda, Maryland, cerca de Washington D.C., Franz Fanon muere a principios de diciembre de 1961. Tiene 36 años. Su gloria, esta vez, es inmediata”.

PDF de Los condenados de la tierra

 

La batalla de Argelia XXIII / por Ricardo Strafacce

 El mayor escándalo en la historia de los mundiales

 Argelia juega con Alemania en octavos de final. La única vez que se enfrentaron fue en el Mundial de 1982, disputado en España. Ganó Argelia 2 a 1. Los otros dos equipos del grupo eran Austria y Chile. Argelia perdió 2 a 0 con Austria y le ganó 3 a 2 a Chile. Quedó con 6 puntos y diferencia de gol neutra.. Al otro día del partido Argelia-Chile, jugaron Alemania-Austria. Alemania llegaba con 3 puntos y Austria con 6, y diferencia de gol +3.
El partido se jugó el 25 de junio de 1982 en el estadio “Molinón”, de Guijón, y fue la mayor vergüenza de la historia de los mundiales (peor que el 6-0 de Argentina a Perú en 1978). Alemania convirtió un gol y después alemanes y austríacos (los alemanes se clasificaban ganando y los austríacos perdiendo no más de 1-0) se dedicaron a no jugar, a no atacarse. Con ese resultado, Alemania, Austria y Argelia sumaban 6 puntos y Argelia quedaba afuera por diferencia de gol.
Tan burda fue la farsa que el público español —los asturianos de Guijón— presente en el estadio en un momento comenzó a corear —con magnífica ironía— ¡Que se besen! ¡Que se besen! y, después, ¡Argelia! ¡Argelia! Tan burda fue la farsa que a partir de ese partido la FIFA decidió que en la última fecha de la fase de grupos los dos partidos se jugaran el mismo día y a la misma hora.
El “Pacto del Molinón” fue reconocido casi veinticinco años después por el entonces jugador germano Hans-Peter Briegel. “Sí, me disculpo por ello”, afirmó Briegel según una entrevista publicada por el diario Al Ittihad, de Emiratos Arabes Unidos. “Alemania hizo trampas para eliminar a Argelia”, agregó el ex futbolista.
En octavos de final de Brasil 2014 Argelia enfrenta a Alemania. ¡Si la justicia imperara en este mundo…!

 Imágenes de la trampa:

http://www.marca.com/2013/06/25/futbol/futbol_internacional/1372165720.html

La batalla de Argelia XXII / por Ricardo Strafacce

¡Pasamos a octavos por primera vez en la historia! ¡Que los rusos la sigan chupando! Los soviéticos nos hicieron un golcito pero empezamos a atacarlos y se cayeron como el muro. Bastó que en un corner Slimani le ganara en el salto al arquero stalinista para clavar el empate y sellar la clasificación. Podríamos haber intentado ganarlo para sacarle el primer puesto a Bélgica y evitar el cruce con Alemania. Pero para eso necesitábamos que, además de ganar nosotros,  Corea le ganara a los belgas por un par largo de goles. Y ya se sabe: pedirle una victoria a Corea es como pedir peras en el penal (de Olmos). No importa, vamos contra Alemania. Nos vamos a vengar de la matufia que nos hicieron en el Mundial del ’82.

Estos son los nuestros:

 

La batalla de Argelia XVIII / por Ricardo Strafacce

Argelia 4 Corea 2. ¡Qué gran victoria! La deconstrucción de la deconstrucción. ¡Salud, Derrida, compatriota! Estuvimos vendiendo carne podrida toda la semana previa (esta columnita contribuyó bastante a la confusión general) y los coreanos compraron. ¡Se creyeron en serio que no íbamos a patear al arco! Cuando se dieron cuenta de que estábamos rematando de derecha, de zurda y de cabeza ya se habían comido tres pepinos.
En el segundo tiempo nos complicaron un poco con el ingreso de un jugador de básquet (S. W. King, 1,96 a la sombra). Después de un cabezazo de este turro, Son Heung-Min nos
hizo un gol de chinela (de chinela, ojo, no de chilena). El 3-1- parcial nos puso de mal humor. Sofiane Feghouli (“Sofiane” es un chabón) construyó una doble pared con Brahimi y éste último convirtió el gol más lindo del mundial. Sobre el final, el teñido Koo (el color del pelo de Koo es difícil describirlo: es una especie de mezcla entre un anaranjado zanahoria vieja y un marroncito caca) volvió a descontar (la “paró” con la espalda y le quedó servida). Pero nos defendimos con la pelota y hasta le pudimos haber metido el quinto.
Ahora se vienen los soviéticos. Con un empate pasamos a octavos.

La batalla de Argelia XVII / por Ricardo Strafacce

Casi, casi habíamos convencido a los argentinos de que el cero a cero es el resultado más justo, más sereno, más intelectual. En realidad, creo que los habíamos convencido en serio. Por ejemplo a Romero: convertido a nuestro credo radicalmente negativo se decidió —cosa rara en él— a atajar. Otro caso, Agüero: para cuidarse de que le dieran ganas de correr, gambetear y, ¡ay!, generar alguna jugada de peligro, engordó como diez kilos, lo que le permitió andar por la cancha como quien sale a mirar vidrieras.  Higuaín (el número nueve, el que sufre las mayores tentaciones) se hizo el boludo todo el partido, bien, muy bien: otro que adhiere a nuestra poética. Hasta Messi parecía llevar agua para nuestro molino de la deconstrucción futbolística. Pero no: contaminado por el positivismo catalán, le dio la loca de hacer gol, esa vulgaridad, esa grandilocuencia.
Hoy nosotros jugamos con Corea y le vamos a ganar cero a cero.

La batalla de Argelia XV / por Ricardo Strafacce

Todavía acongojados por la injusta derrota ante Bélgica, ponemos música.
Miguel Abuelo con arreglos argelinos. Posta.

 

La Batalla de Argelia XIV / por Ricardo Strafacce

Todavía estamos acoquinados y perplejos por la injusta derrota 2-1 ante Bélgica, derrota debida al pésimo árbitro mexicano (nos concedió ladinamente un penal  para obligarnos a patear al arco). Tampoco nos ayudó el arquero belga, que se tiró como un poseído hacia su palo derecho cuando Sofiane Feghouli, nuestra figura,  Sofiane Feghouli, nuestro número diez, Sofiane Feghouli (“Sofiane” es un chabón, remember?) le alcanzó la pelota suave y mansita al centro del arco para que la atajara, la devolviera al centro del campo y el partido continuara según los parámetros que más nos convienen (¡cero a cero o muerte!).
Pero no: el “remate” (es un decir) de Sofiane se transformó en un gol, esa vulgaridad autocomplaciente.  Después, lo que se sabe: una vez que nos sacaron del cero a cero (el resultado más justo, el único resultado por el que todos los partidos pasan en algún momento, el resultado que es pura negatividad, pura deconstrucción, pura poesía de lo mínimo) nos convirtieron (al cristianismo) dos veces. Una duda reglamentario sobre el tanto del empate de Marouane Fellaini: ¿Vale el gol cabeceado con peluca?

La batalla de Argelia XIII / por Ricardo Strafacce

Las cosas estaban saliendo bien, de acuerdo a lo previsto. Las cosas estaban saliendo realmente bien. Promediaba el primer tiempo y seguíamos cero a cero. “Un partido sin goles es el partido perfecto”, dijo alguna vez Nosecalla Márquez sin comprender las resonancias filosóficas del asunto.

Nosotros sí las comprendemos. Nosotros adherimos a la poética del cero a cero, a esa pura negatividad. De Sudáfrica en el 2010 nos volvimos, dignamente, en primera ronda, sin haber convertido un solo gol. Porque el gol es, ¿cómo decirlo?, una frivolidad, un desequilibrio, una especie de droga para malentretenidos.

Las cosas estaban saliendo bien, tal cual las habíamos planeado. No habíamos rematado nunca al arco y faltaban poco más de veinte minutos para que terminara el primer tiempo. Pero el árbitro mexicano, quizás por solidaridad de clase y con evidente desconocimiento de nuestra radical negatividad poética  (¿no se dio cuenta de que patear al arco nos repugna?), nos concedió un penal. Sofiane Feghouli, nuestro número diez, Sofiane Feghouli, nuestro referente, Sofiane Feghouli (“Sofiane” es un chabón) acarició más que remató. Y lo hizo suave como escupida de camello, al medio del arco encima. Pero el arquero belga se tiró, por razones enigmáticas (¿se habrá vuelto loco en ese momento?), hacia su palo derecho en busca de un balón imaginario mientras la pelota real, mansa y tranquila, a lo Piero, ingresaba en el arco.

Ese fue el comienzo del fin. Porque si bien seguimos a rajatabla nuestros planes y nuestra poética (no rematamos al arco en todo el partido), el cero a cero (el resultado que, a la larga, más suma) se había quebrado. A los veinticinco del segundo tiempo Marouane Fellaini cabeceó con la peluca y nos clavó el empate. Unos diez minutos más tarde, Dries Mertens nos pateó a traición y el dos a uno quedó escrito en el cielo.

Dentro de cinco días nos toca Corea del Sur. Hay tiempo para reponerse, pero estamos muy golpeados.

La Batalla de Argelia XIII / por Ricardo Strafacce

Hoy, contra Bélgica, formamos así.

Los belgas no son franceses pero hablan su misma lengua colonial. Que se preparen.

Ayer escuché a Macaya Canalla Márquez. Dijo: “Cuidado que Argelia puede dar la sorpresa”. Carguemos lo de “sorpresa” a la cuenta de su ignorancia (los que seguimos a la selección argelina sabemos de sobra que somos candidatos) pero cuidado con lo de “cuidado”. ¿Por qué esta garganta paga dice “cuidado”? ¿Sabrá que si Argelia ganara el Mundial el  capitalismo estaría en problemas? No esperamos nada del árbitro. No esperamos nada de los brasileros que, quizás, nos alienten por considerarnos el equipo más “débil”. Esperamos todos de nosotros.

Hoy, en el verde césped —verde como la bandera argelina— se sabrá la suerte.

La Batalla de Argelia V / por Ricardo Strafacce

El árabe argelino es el dialecto o dialectos del árabe originarios de Argelia. El idioma es hablado por el 97.3% de la población argelina. En Argelia, como en otros países, el árabe oral difiere marcadamente del escrito; en concreto, su vocabulario consta de muchos neologismos y préstamos de las lenguas bereberes, el turco y el francés, y, como los demás dialectos del árabe, ha perdido las terminaciones de los casos del lenguaje escrito.
Dentro del árabe argelino también hay variaciones locales significativas; el árabe jijel, en particular, es notable por su pronunciación de qaf como kaf y su abundancia de préstamos del bereber, y los dialectos de ciertas ciudades portuarias muestran la influencia del árabe andalusí, traído por los refugiados de Al-Ándalus.
El árabe argelino forma parte del continuo dialectal del árabe magrebí (dariya), confundiéndose gradualmente con el árabe marroquí y el árabe tunecino en sus respectivas fronteras

En Argelia Occidente aprendió a torturar con método, civilizadamente.
Acá,  la película completa, en lengua original y doblada al castellano.