#argentina

Sub / por Martín Armada
El fútbol, el intenso y fugaz amor colectivo. Los que saben del juego y no están comprometidos con los libros de pases ni con el chupetómetro de la publicidad dicen que debemos estar en paz, que todo fue dado.

Pasan los años, pasan los jugadores y acá seguimos, intentando comprender de qué manera el deporte y el éxito conviven con la gloria y una idea absoluta y presente de justicia. Si Argentina salía campeón mi abuelo iba a poder seguir tranquilo en su muerte, una vieja deuda con un amigo iba a saldarse, también iba a perdonarme alguien por algo que pasó, pero que nunca comprendí. Transpiré por esa alquimia y por la felicidad.
Y perdimos. Todo bien. Yo estuve unas horas en silencio, poniendo la cabeza sobre una mano. Horas enfrente de una repetición que de a poco me fue soldando algo roto que se unió de nuevo a mi de una manera desprolija y permanente. No caminé por las avenidas, no canté. Lo hice mil veces en mi corazón y el último día fui mezquino y quise quedarme con esa alegría.

Al principio me sentí mal. Había fallado cuando tocaba olvidarme de mí. Hasta que detrás de los gritos de un periodista de campo vino primero otra voz y después otra imagen. Mascherano, que desde ahora sólo será él si está dispuesto a dar la vida por nosotros, agradeció el aguante, honró al grupo, bancó el fuego que se come al tiempo. Ojos rojos, parado delante del empapelado pagado por una maquinaria que no siente amor dijo: “Hoy, nos vaciamos”. Creo que después se fue. Así de perfecto.

Piernas / por Ercole Lissardi

Advertimos en nuestro post anterior que era un partido para la mínima diferencia o para penales.

Argentina hizo un buen partido. Se mantuvo la alineación que se había elaborado a lo largo del campeonato y mientras hubo piernas se controló a Alemania y se tuvo opciones de gol gracias a la habilidad de los delanteros.

La diferencia entre Argentina y Alemania fue que Argentina se quedó sin piernas, y Alemania no.

Es la eterna diferencia entre los nórdicos y los demás. Ellos son jugadores de fútbol pero además son atletas.

A mediados del segundo tiempo Argentina empezó a sentir el trámite y poco a poco retrocedió en la cancha.

Una carrera infernal de Schurrle por la banda izquierda al final del alargue decidió el partido.

Sabedor de ese plus físico alemán que aparecería al final del partido, la idea de Sabella fue ganar el partido en los primeros 45. Ahí Argentina quemó su físico. Tuvo las mejores oportunidades pero no la pudo embocar. Al final de los primeros 45 Argentina iba ganando… por puntos. Para los segundos 45 ya no había esa energía. Poco a poco Alemania fue prevaleciendo.

¿Pudo haberse planteado otra cosa? Sí. Pudo haberse medido mucho más el gasto de energía, dosificarla. Pero si en esos primeros 45 jugados a toda máquina se hubiera anotado, otro gallo hubiera cantado en el segundo tiempo.

MESSI. Es un jugador extraordinario. Pique, dribbling, panorama de cancha, shot, fantasía. Lo tiene todo. El problema es que aprendió a jugar con el tiqui-tiqui y a eso jugó toda su vida. Le cuesta muchísimo acostumbrarse a otra cosa. Esa es la esencia de sus diferencias con Sabella. Buena parte del partido deambuló por la cancha esperando que le llegara una pelota redonda para entregarse a las delicias del tiqui-tiqui. Le llegaron muy pocas. Intentar la magia personal rodeado de tres o cuatro teutones es poco menos que imposible.

La batalla de Argentina II / por Ricardo Strafacce

La primera vez (y quizás la única) que Arlt fue a la cancha

Ayer vi ganar a los argentinos

por Roberto Arlt

Ustedes dirán que soy el globero más extraordinario que ha pisado El Mundo por lo que voy a decirles. Ayer fue el primer partido de fútbol que vi en mi vida, es decir, en los veintinueve años de existencia que tengo, si no se cuentan como partidos de fútbol esos con pelota de mano que juegan los purretes y que todos, cuando menos, hemos ensayado con detrimento del calzado y de la ropa. Sí; el primer partido, de modo que no les extrañen las macanas que puedo decir.

“Carnet” de periodista. Una naranja podrida reventó en el cráneo de un lonyi; cuarenta mil pañuelos se agitaron en el aire, y Ferreyra de una magnífica patada hizo el primer goal. Ni un equipo de ametralladoras puede hacer más ruido que esas ochenta mil manos que aplaudían el éxito argentino. Tanta gente aplaudía tras mis orejas, que el viento desalojado por las manos zumbaba en mis mejillas.
Luego, el juego decreció de entusiasmo y empecé a tomar apuntes. Aquí van; para que se den cuenta cómo trabaja un cronista que no entiende ni medio de football (creo que así lo escriben los ingleses). He aquí lo que vi. Un negro que vendía un paraguas abollado para librarse del sol. Un regimiento de chicos que vendían ladrillos, cajones, tablas, naranjas, manzanas, bebidas sin alcohol, diarios, retratos de los footbalistas, caramelos, etc., etc. Un jugador argentino dio una costalada, Cherro erró un goal; de pronto suenan aplausos y en la pista de “Las oficiales”, más aplausos a granel. El “Torito de Mataderos”, pasaba entre una barra de admiradores.

Una voz grita tras mío: “Ese Evaristo está toda la tarde con la platea” (y Evaristo fue el que hizo el segundo goal en combinación con Ferreyra). Otra naranja podrida estalla en el cráneo del mismo lonyi. Cientos de cachadores miran y se ríen.
Cherro yerra otro goal y un fulano que se esconde tras de los bigotes, se los retuerce al compás de malísimas palabras. Las gradas están negras de espectadores. Sobre estos cuarenta mil porteños, de continuo una mano misteriosa vuelca volantes que caen entre el aire y el sol con resplandores de hojas de plata. Se apelotonan jugadores uruguayos y argentinos en torno de un jugador estirado en el suelo. Fue una patada en la nuca. No hay vuelta; los deportes son saludables. Otra naranja podrida revienta en el cráneo del mismo lonyi. Ferreyra gambetea que es un contento. No hay vuelta, es el mejor jugador del equipo, con Evaristo. ¡Ferreyra solo!, gritan las tribunas, y otro: “Ahí lo tienen al juego científico”.

Desde un techo. Al sur de la cancha de San Lorenzo de Almagro, sobre avenida La Plata, hay una fábrica con techo de dos aguas y varias claraboyas. Pues, de pronto, la gente empezó a mirar para aquel lado, y era que de las claraboyas, lo mismo que hormigas, brotaban mirones que en cuatro patas iban a instalarse en el caballete del tejado. Algo como de cinematógrafo. A todo esto el primer tiempo había terminado. Entonces, del alambrado que separa las populares de las plateas, vi despegarse al lonyi que recibía las naranjas podridas en el mate.
Tenía el cogote chorreando de podredumbre, la jeta cansada de tanto estar colgado y se dejó caer en el portland del piso, con gran satisfacción de los propietarios de las naranjas. Ahora el suelo quedó convertido en campamento gitano. Comencé a caminar. Había una cosa que me llamó la atención y era el agua que continuamente caía de lo alto de las tribunas. Le pregunté a un espectador por qué hacían ese regalo, y el espectador me contestó que eran ciudadanos argentinos que dentro de la constitución hacían sus necesidades naturales desde las alturas.
También vi una cosa formidable, y era un montón de purretes colgados de los fierros en la parte inferior de las tribunas, es decir, del lado donde únicamente se ven los pies de los espectadores. Todos estos chicos rivalizaban en agarrarle las piernas a una espectadora para ellos invisible.
Al margen del fútbol. Seguí caminando, pensando en los espectáculos que la suerte me había deparado ver por primera vez en mi vida, y vi un regimiento de mujercitas de aspecto poco edificante acompañadas de la barra de sus “maridos”. Habían hecho rueda en asientos de diarios y tragaban salame de caballo y mortadela de burro.
El ruidoso trabajo de masticación era acompañado de una continua repetición de tragos de un brebaje misterioso que tenían encerrado en un porrón. Luego tropecé con una brigada de forajidos que vendían ladrillos, no para tirárselos a los jugadores, parece que para éstos se reservaban las botellas. Los ladrillos eran para servir de pedestal a los espectadores petisos.
Apareció un negro arramblando con una hoja de puerta, levantó una tribuna y comenzó a vocear; “veinte centavos el asiento”. Varios padres de familia subieron al palco improvisado.

Avenida La Plata. Salí del field, pocos minutos antes que Evaristo hiciera el segundo goal. Todas las puertas de avenida La Plata estaban embanderadas de magníficas pebetas. ¡La pucha si hay lindas muchachas en esta avenida La Plata! De pronto resonó el estruendo de toda una muchedumbre de aplausos; desde lo alto de la tribuna un brazo como un semáforo hizo una señal misteriosa sobre el fondo celeste, y la voz rápidamente levantó un grito en la garganta de todas las pebetas: —Ganamos los argentinos: 2 a 0. Hacía mucho tiempo que los porteños no jugaban con trepidés.
Los uruguayos dieron la impresión de desarrollar un juego más armónico que el de los argentinos, pero éstos, aunque desordenadamente, trabajaron con lo único que da el éxito en la vida: el entusiasmo.

*Texto publicado en el diario El Mundo el 18 de noviembre de 1929.

Cuando Messi no corre, piensa / por Inés Acevedo

No entiendo cómo aún hoy, al borde de ser campeones del mundo, la gente sigue criticando a Messi. El principal reclamo: que no se mueve.
¿Cómo pueden olvidarse que si estamos en el Mundial es por los goles que él convirtió?
¿Cómo pueden sostener sin vergüenza que jugar al fútbol es correr atrás de la pelota?

Hipótesis

Yo pienso que se juega a la pelota con las piernas y la cabeza.
Los hombres, a diferencia de las mujeres, tienen gran dificultad para hacer dos cosas a la vez.

1. Es por eso que postulo que cuando Messi no está corriendo es porque está pensando.
¿Por qué debe pensar? Porque los equipos de la selección han sido cambiantes, porque el juego no está aceitado, y cada partido es un nuevo desafío estratégico.
Esa forma de jugar se ve también en Zidane, un jugador muy pensante.

2. No moverse es una táctica calculada. Como los animales que se hacen los muertos para que no los ataquen, Messi busca no llamar la atención para poder arrancar con velocidad y sacar ventaja antes que los marcadores lo inhabiliten a seguir.

3. Es una simple cuestión de economía. ¿Para qué se va a mover, para qué va a pedir la pelota cuando las condiciones no están dadas? ¿Por qué nadar corriente arriba?
Es bien cierto que ante una jugada posible Messi aparece, corre y hace el gol, o lo genera. ¿Importa algo más?
Pero la gente quiere ver un futbolista inmolándose: ¡bravo Di María, cómo corriste! O Bravo Neymar, que te quebraste una vértebra.

4. Messi es como el chico tonto que al final resulta que no es tonto sino que es un superdotado que se aburre tanto que no hace bien el examen.

5. Una última posibilidad es que Messi no corra porque está cansado.
Cansado de cargar sobre sus hombros la responsabilidad de ser capitán (un rol que a mi entender no le queda bien).
O cansado de un fútbol mediocre, incluso en la Copa del Mundo.

La imagen de Messi solo en el medio de la cancha es una metáfora perfecta de la genialidad.

 

 

Entrega y sacrificio / por Daniel Buschi

Es de creer que cuando un grupo se vota a si mismo está amplificando el sentido de pertenencia e indicando como funcionan sus entrañas. El grupo se ríe, se pone combativo, se organiza para una causa, se estruja contra una pared con rabia, etc, etc. Con la intención de no caer de pleno en la cursilería o si, pero a riesgo de Alejandro Sabella: “el entrenador de un equipo de fútbol se consagra cuando consigue enseñar al público sus dotes como estratega”. La metáfora del paso del Rubicón o la conferencia de prensa después del partido contra Holanda, en el que su nível de ambición lúdica lo llevó a terminar la aparición con la frase, “ahora viene el momento de calcular las bajas”. No sé si Sabella es un aficionado a la técnica y estrategia de la guerra o si la jerga militar es uno de sus vicios íntimos en relación a relatarse. Puede que sea uno de esos hombres nacidos entre 1950 y 1960 que tienen una relación fetiche con los libros sobre la segunda guerra mundial, pero no lo parece. Leí en una nota que uno de sus ayudantes lo considera como el más memorioso de todos, una resonancia que se extiende a toda una camada influida por el poder de acaparación de Daniel Passarella. Después está lo que mostró el equipo en la cancha. De a poco y en consonancia a las virtudes de rivales más dotados, proyectándose un sistema de juego más simil a una guerrilla en Siria, agrupados en bunkers defensivos bombas de fabricación casera explotan o no, escondidas en artilugios cotidianos. Ese es un escenario posible para una final con Alemania, un equipo argentino que defiende con cinco jugadores en línea, Mascherano baja para ocupar el lugar de jefe de los centrales, entre Garay y Demichelis. Lavezzi no deja un lugar en la cancha sin pisar, Rojo y Zabaleta suben por las puntas cuando el equipo contrataca, pero rara vez Argentina tira un centro, el ataque de los puntas entonces es un pulso más de bravuconería. Messi toma la pelota, en general por atrás de la linea de mediocampo y los recursos del equipo entonces, son los de una triangulación vertical, resolviendo los goles, como dije, con oportunismo y sencillez.

Por otro lado, a Sabella se lo vio también desempeñar el papel de teólogo en declaraciones al respecto de como debe ser un compañero con su grupo, dijo que “el compañero debe pensar en términos de dar y de esa manera armar un círculo virtuoso” o lo mismo, de manera simplificada: “los jugadores tienen en la camiseta su número y el número del resto de sus compañeros”.

pachorra táctico

Antes del fin / por Ercole Lissardi

1. PARA TERMINAR  CON SUÁREZ.  Que antes mismo de finalizar el Mundial en el que con característica vileza la Fifa expulsó a Suárez de sus dominios como si fuera mismamente un pichicho callejero el Barcelona comprara su ficha por 90 millones de Euros, no es cualquier gesto. Es un gesto que desoculta la tensión existente entre la mafia europea del fútbol y la mafia mundial del fútbol. No olvidar que Europa encabeza la movida contra el mundial en Qatar debido al trabajo esclavo en la construcción de la infraestructura y a las coimas en el otorgamiento de la sede. Suárez desaparece del Mundial de Brasil y reaparece súper estrella en un súper club europeo.

2. ARGENTINA DE MENOS A MAS.  Con la salida de Fernández y Gago, y la entrada de Demichelis, Pérez y Biglia, Argentina logró una solidez en el mediocampo por demás indispensable. Esa solidez le permitió frenar a Holanda y le permitirá frenar a Alemania.  Rotando adecuadamente a los notables delanteros que tiene, a Argentina le sobra con qué hacer daño. La clave en la final para Argentina es no caer en la ingenuidad de  Brasil, no estirar el equipo, esperar en bloque el momento adecuado. Alemania es buena, sin duda, pero el 7 a 1 es más consecuencia de la tontería táctica de Brasil que de las súper luminarias alemanas. Alemania contragolpea a gran velocidad y en bloque. Si encuentra al rival estirado o directamente partido, se hace un picnic. Si encuentra , un rival bien plantado le cuesta, como a cualquiera.

3. EL PROBLEMA PARA ALEMANIA. Es el talento descollante de los delanteros argentinos. Hasta ahora Alemania no tuvo que enfrentar nunca en todo el Mundial a un equipo de verdaderos talentosos. Messi, Agüero, Di María son artefactos futbolísiticos con los que un alemán no sabe bien qué hacer.

4. EN CASO DE APOSTAR. No se deje llevar por el 7 a 1. Es un partido para mínima diferencia, o directamente para penales.

La batalla de Argentina / por Ricardo Strafacce

Según alcanzo a colegir en el mapa que pego abajo, estos son los países que están con nosotros:

Bolivia
Ecuador
Alguna de las Guyanas
El Salvador
Cuba
República dominicana
Mauritania
Somalía
Bosnia
Croacia
Luxemburgo
Islas Feroe
Bhutan

Todos los demás (incluido Argelia, lamentablemente), con el enemigo. Como se ve, hinchan por nosotros los pobres.

por-quien-hincharan-cada-pais-la-final-del-mundial

Rumbo a la cuarta copa del mundo / por Damián Ríos

Till leyó el artículo de Martín Caparrós en El país a propósito del partido contra Holanda y me lo copia en el chat del skype: “Quizá somos esto; quizás el error –tan argentino– de muchos argentinos fue haber creído que podíamos ser otra cosa: una que, en principio, parecía mejor.” Le digo que Caparrós es un novelista desparejo, que a veces es mediocre y que a veces es malo; que es un hábil periodista, pero que en literatura ha probado casi todas las formas del error y del mal gusto. Tiene un blog en un diario español, le digo, si siquiera una columna el diario principal. Till, que ya está festejando, me dice que de todas maneras será un intelectual prestigioso; es probable, le digo, y por eso mismo no significa demasiado. Till dice que no entiende a los argentinos y que Caparrós sí. No sé lo que entiende Caparrós, pero hablemos de fútbol. Hablemos de Alemania que le ganó a Brasil en una muestra de carácter, que le hizo sentir el rigor por meterse, injustamente, en una semifinal para la que no estaba preparado, con una muestra de talento y precisión; de personalidad y oportunismo. Con jugadores que se conocen muy bien y que casi siempre salen jugando desde el fondo con pases precisos y que en el medio son muy rápidos y casi nunca se equivocan y que adelante son generalmente letales, que tienen un arquero al que es difícil imaginarlo vencido. Que contra Brasil hicieron el mejor partido de la historia de los mundiales y que su técnico es serio y tiene un proyecto de largo plazo, que se prepararon para esta final, que la están esperando ansiosos desde hace 24 años. Qué puedo decir de Argentina, pregunta. De Argentina, querido amigo, no digas nada, no hay nada que analizar; no velamos ningún secreto y no hay nada que interpretar, entonces, ya lo sabemos todo.

Rumbo a la cuarta copa del mundo / por Damián Ríos

“Ningún campeonato se gana en la semifinal”, le cito a mi amigo Till. Tarda en contestar, está borracho y dice incoherencias en una mezcla de alemán, castellano y portugués. Si bien había pronosticado una goleada a los brasileños, todavía no puede creerlo. Me dice que es muy raro hacer pases en el área chica, que son raros los defensores brasileños. Fue un partido raro, es verdad, una sorpresa. Le digo que el fútbol, según un teórico argentino, es la dinámica de lo impensado. Me pregunta si en Argentina hay teóricos y se ríe. Observa, de todas maneras, una contradicción entre “la dinámica de lo impensado” y la palabra “teórico”. Ya sabe qué va a hacer Alemania en la final, algo que no es ningún secreto. Planificación en pelotas paradas y salida rápida del fondo y del mediocampo. Impensado es, por ejemplo, la pelota que Mascherano le tapó a Roben y en la que se rompió el culo, le digo. Hay jugadores que hacen cosas impensadas. Me habla de Mascherano y pregunta por Maradona. Le digo que tiene un programa de televisión y me dice que hace bien en dedicarse a eso. Hablamos de estadísticas pero él las descarta al instante y me vuelve a preguntar por Maradona. Maradona no juega más, no dirige más, ahora es periodista y no lo dejan entrar a las canchas, le digo. Después me pregunta qué se dice de Alemania en Argentina, le hablo de respeto. Me pregunta si tenemos alguna ilusión. Me parece una chicana. Le digo que me negué a comentar el suplementario de Alemania con Argelia. Me dice que los algerinos se defendieron bien y que los jugadores alemanes no estaban inspirados. Inspiración, le digo, eso es lo impensado; él dice que la inspiración es suerte de comunión entre espíritu y pensamiento. No te entiendo, le digo. Me dice unas palabras en inglés y le digo que lo que no entiendo es el concepto. Inspiración, le digo. Le pregunto si tiene algún pálpito y me dice que no tiene pálpitos, que para eso estaba el pulpo Paul en el 2010. Le digo que a esa mundial lo ganó España y se ríe. Me pregunta si tengo algún pálpito, le digo que sí, y que hasta ahora no he fallado en ninguno; enseguida le digo que Podolski se ha sacado fotos con niños indígenas brasileños y que declaró respeto por la camiseta brasileña, algo bastante demagógico, después de una goleada y antes de una final ante un rival histórico. No me dice nada. Me dice que hablemos mañana o el sábado, antes del partido. Le digo que sí, me dice que él lo hace por la cábala y yo le digo que también lo hago por la cábala. Después se pone a hablar de Messi y le corto la comunicación.

 

Lírica tribunera – comentarios al margen / por Mercedes Halfon

Es notable cómo, a nivel lírico tribunero argentino 2014, se ha impuesto el “xxxx decime qué se siente…” por sobre el clásico son futbolero “Se siente, se siente xxxxx”. Llama la atención el relegamientode los sentimientos al bando contrario. La negativa a la afección y seguida del goce ante la observación del sentimiento en el Otro. Más aún cuando, al estar hablando de cantitos, se supondría la instancia más pasionalmente arbitraria, la menos necesitada de razón y reflexión de todo el asunto Mundial. Como si la ironía fuera un sentimiento más digno de mención y canción, por sobre la intensidad y el arrebato.

SHAQIRI/ por Matías Matarazzo

Ese es el rival a vencer en octavos. Mascherano le tiene que talar los tobillos, Rojo pasarlo por arriba, el enano frotar la lámpara y estamos en cuartos de final.

 

Sobre Honduras no hay mucho que decir. Fútbol amateur. Sin agresividad. Prolijidad en los pases. PARA NI SIQUIERA SALIR ÚLTIMOS. La tabla de abajo quedó así: puesto 30, Australia: 0 puntos y -6 goles; puesto 31, Honduras: 0 puntos y -7 goles; puesto 32, Camerún: 0 puntos y -8 goles. Fin del comunicado.

La máquina de hacer felicidad / por Marcelo Díaz

 

messienyeama

El mundial se te pega en la retina, en el cerebro y en el cuore con stickers que son estampitas religiosas, grandes obras del Louvre, remeras para llevar a un concierto. Está Iniesta tomado de espalda, cargando la derrota en absoluta soledad, rodeado de 50.000 personas que no salen en la foto, y de millones que lo ven en una pantalla, y sin embargo radicalmente solo, no está asimilando la eliminación, está mirando el pasado, procesando el paso de los años, abandonando para siempre un mundo habitado por jugadores más jóvenes y más rápidos, se está asomando, con treinta años apenas, a la vejez, a la que se entra solo. Está el ataque caníbal de Suárez a Chiellini, la foto del inmediato después, con el tano en el piso agarrándose el ¿cuello? y Suárez sentado al lado acomodándose la dentadura. Y está esta, de Argentina – Nigeria, la de Enyeama, arquerazo nigeriano, con Lio Messi, cagándose de risa, desdramatizando un mundial que se llenó de publicidades épicas, de gente gritando a la cámara como diciendo “te voy a matar”, de partidos que se juegan como el culo y se ganan con huevos, y todo eso.

Hay flashes: un tiro libre con destino de gol que Enyeama saca de manera espectacular. Va en cámara lenta: el arquero vuela cual águila nigeriana, pega el manotazo, los argentinos se agarran la cabeza, los nigerianos tienen los ojos redondos como foquitos de Citroen, la cámara busca ávida al responsable de todo eso, y enfoca a un Messi que abstraído de todo se ata los cordones. Después viene, sí, el gol de tiro libre y el festejo de Lio planeando, haciendo un avioncito plácido de cara a la hinchada.

Y eso que en el partido se rasparon lindo. De los dos lados. Es cierto que no se jugaban mucho, con un empate los dos clasificaban. Pero lo jugaron con ganas. Argentina se quedó sin piernas a los 30 del segundo tiempo, se dieron palo y palo, se sufrió, como corresponde, y se disfrutó con momentos geniales, con momentos felices. Y Argentina hizo la que sabe, más o menos, y Nigeria demostró que también juega y te emboca.

Messi no es Maradona, no tiene épica. Tampoco es Suárez, no tiene desequilibrios emocionales. Pero es, hoy, el mejor de todos. Lo cagan a patadas, y sigue. Está como en otra y define. Y después planea como un avioncito. Y se hace chistes con el arquero que lo amargó en el mundial anterior. Y Enyeamá, que es un fenómeno, lo busca cómplice, tapa todo y se morfa dos imposibles, y se ríe. Y uno se siente feliz, porque vamos, sufrir sufrimos siempre, pero para tirar mierda ya está lleno de gente que hace de eso un negocio y una política. Motivos para seguir metiendo hay y va a haber siempre, pero motivos para sentirse feliz no hay siempre. Te los cuento con los dedos de una mano en la historia argentina. Y ahora, de este lado, está Messi, que se aguanta las patadas, que parece que se cae, que vomita, que hace lo que nadie esperaba, y después sale sonriendo, feliz. Y los lleva a todos, hasta a los nigerianos.

 

Cazuza/ por Florencia Minici

Soñé que tomaba una cerveza Bohemia en el bar al paso “Maradona” con Cazuza en la Rosinha y después volvíamos al triste Leblon. Cazuza me decía “no vayamos al Posto 9 porque va a pasar alguien y nos va a ver” y yo le decía “lo mejor que les puede pasar es que juegues al fútbol” y “los sentimientos no sé si nos van a salvar”. Él me daba una palmada en el hombro y decía “están jugando al Prende y Apaga los caretas de Leblon”. Y después yo le decía “en la Barra de Tijuca nunca te vas a salvar”. Sin darnos cuenta nos habíamos metido hasta los hombros en el mar, era muy incómodo para patear la pelota y no podíamos volver. El Atlántico se había convertido en el Pacífico y era todo muy peligroso. “Qué paradoja que un mar que se llama Pacífico te haga esto” pensaba mientras se me iban cansando los brazos. Cazuza desapareció, pero no me desperté con la idea de que se hubiera ahogado. Lo primero que pensé es que me había hablado un ángel en sueños. Qué encuentro genial.

cazuza

Tiell y el jugador Palacio / por Damián Ríos

Mi amigo y colaborador alemán Tiell, habitante de Rostock, en la antigua DDR, que no está para nada preocupado por las lesiones en su selección, está sorprendido por los movimientos en el campo de juego del argentino Rodrigo Palacio, lo estuvo siguiendo en youtube. Le digo que juega en el Inter de Milán y me dice que sí, que lo conoce, pero que en la selección puede hacer una diferencia. Me dice que, por ejemplo, sabe cabecear, algo que le sorprende en un argentino. Le hablo de Messi y no me dice nada (chateamos en Skype). Le digo que Palacio es de Bahía Blanca, que jugó en Boca, en Banfield. Me dice que Rodrigo Palacio podría ser un jugador alemán. El alemán Palacio.

Un poco triste esperando que el Mundial me dé una alegría / por Florencia Minici

qué te puedo decir,
tal vez me gusta Boca,
tal vez sea de Newell’s
me tira Estudiantes de La Plata y me tira
Huracán
no me sale tener sentimientos de River;
lo más lindo es el Mundial
aunque siempre nos toca de frío
al revés de la Navidad
no creo que sea casualidad.

Yo puedo elegir argentina porque me disgusta Brasil y creo que su fútbol esta completamente sobrestimado y porque no me gusta la samba y no me gustan las chicas brasileiras y no me gustan los atletas de dios ni tampoco dios y porque pelé es una mierda y porque no tendría que existir un país en el cual la gente se mata si pierde la final con Uruguay y entonces bueno que se vayan a suicidar cuando Argentina les gane el trofeo. (Matteo Nucci, desde Italia)