#bélgica

Rojo y Negro / por Alfredo Jaramillo

Después de Bowie y su esposa, la modelo somalí Iman, la mejor pareja interracial que existe nació ayer por la noche en el Arena Fonte Nova de Salvador. De Bruyne y Lukaku, mediocampista y delantero de los Diablos Rojos, respectivamente,  se encargaron de enterrar las ingenuas aspiraciones de los yanquis y los devolvieron a la tierra del pollo frito con dos goles en tiempo suplementario.

Lukaku se había quedado enojado con el técnico Wilmots porque este había decidido sacarlo en el primer partido durante el segundo tiempo. A Wilmots no le gustan las chicanas: lo mandó al banco y puso a un leal suyo, Origi, para que pinchara el área chica. Pero extraños fenómenos ocurren en el banco belga: una vez que lo pisan, los jugadores vuelven cambiados. Se vuelven más feroces, más agresivos. Como en “Cementerio de Animales”.

El primer gol fue una gentileza de Lukaku para el colorado de Bruyne, un centro mal hecho que igual el colorado capturó y convirtió en gol después de dar una voltereta elegante entre los defensores yanquis. El segundo gol fue una devolución de gentilezas: De Bruyne desbordó por la punta izquierda y puso un centro milimétrico en la pierna de Lukaku, que sacó un cañonazo. EEUU descontó rápido pero el daño ya estaba hecho.

A este equipo se enfrentará la Argentina el sábado próximo. Wilmots no se achicó: “Vamos a ver cómo se acomoda Argentina a nuestro equipo”, dijo ayer en la conferencia de prensa. Yo igual anoche no pude dormir pensando en cómo va a hacer Basanta para contener a Hazard, cómo va a poner el cuerpo Federico Fernández contra Lukaku, cómo va a hacer Argentina para imponerse con contundencia  a uno de los mejores equipos del Mundial.

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Democracia o corporaciones/ por Alfredo Jaramillo

Bélgica, Bélgica Bélgica. Repítanlo de nuevo. Bélgica. Otra vez. Bélgica. Existe, es real. Mete goles. Tiene rubios que defienden. Tienen negros que atacan. ¿No se trata de eso la lucha de clases? Acaban de pasar a octavos luego de batir a Corea del Sur. Un triunfo que nunca estuvo en duda, ni siquiera cuando Defour se fue del campo con una roja en el primer tiempo tras hurgar la canilla de un asiático con el botín. Bélgica: hablan en francés, corren como africanos y se paran en la cancha como si estuvieran dirigidos por un comisario de la Unión Europea. Tan lejos no están: antes de asumir como DT de los Diablos Rojos, Marc Wilmots era senador. En la cancha también parece un político: titubea, da marcha atrás. Pero gana. Hazard arrancó en el banco. Cuando los coreanos complicaban, lo metió. Mertens no encontraba el arco. Lo sacó. Cuando todo parecía condenado a un divertido pero escaso 0 a 0 entró Origi, el cazador de gacelas de Kenya. Origi es grande y cuando entra hace que la cancha se incline. Temblaron las manos del arquero coreano en el minuto 78 al intentar contener un remate suyo que dio rebote y finalmente Vertonghen convirtió en gol. 1 a 0 para los Diablos Rojos que se preparan para enfrentar a Estados Unidos, un país que no tiene a ningún afroamericano en su formación titular. Inclusión o xenofobia. Democracia o corporaciones: el 1 de julio se define el modelo.

Kenya-Brujas: sin escalas, directo al gol/ por Alfredo Jaramillo

Una de las cosas que los comentaristas de los partidos de Bélgica repiten con mayor asiduidad es el banco del equipo, repleto de jugadores capaces de entrar y desequilibrar el juego en un minuto. Afortunadamente eso pasó ayer cuando Lukaku, hechizado todavía por el resplandor del sol sudamericano e incapaz de reaccionar ante los estímulos del juego, fue reemplazado por el joven Origi.
Hasta entonces el partido fue un bodrio interrumpido por alguna de las escasas llegadas al ex arco soviético. Gerardo Jorge arrancó de entrada y dejó la cancha en el segundo tiempo: no se sintió cómodo entre los estructuralistas rusos. Pero el tedio del 0 a 0 fue barrido automáticamente a partir del minuto 80, como viene sucediendo en casi todos los partidos de este Mundial, cuando la presión hace lo suyo. Viáticos, sponsors, los whatsapps de los amigos: a partir del minuto 80 los jugadores empiezan a sentir un tic-tac incómodo. Y los DT’s también.
Hijo de una estrella del fútbol kenyata, Origi entendió enseguida que debía correrse unos metros más atrás con respecto a la posición de Lukaku para destrabar el marcador. Hazard –doppelganger del demonio Hauche- desbordó una vez por izquierda y tiró un centro atrás rasante que Origi convirtió en su primer y dulce gol en una Copa del Mundo.
Sin estridencias pero con eficacia, Bélgica alcanzó la punta del grupo H y buscará asegurarse una victoria contra Corea para quedar bien arriba, a la espera de que yanquis y portugueses definan el segundo lugar del grupo G. Hacen falta ganar siete partidos para llevarse la Copa del Mundo y son siete los círculos que tarda el pecador en enfrentarse al Minotauro: los diablos rojos se sienten como en casa.

 

El rojo es el nuevo negro / por Alfredo Jaramillo 

Al fin llegó el momento de hablar de Bélgica, el equipo revelación, aunque nadie sepa bien al principio decir por qué. Desde Italia 90 en adelante no recuerdo ninguna selección que haya llegado con tanto hype a una copa del mundo como Bélgica. ¡Los diablos rojos! ¡La generación dorada! Pero la moda es así, caprichosa y cautivante; cualquier pregunta que intente develar su misterio resbala como un zapato sobre el satén.

Todo el glam parecía deshacerse en el descanso tras ir perdiendo 0-1 contra Argelia, un equipo austero que festejó lo que sería su único gol (de penal) con cuatro de sus jugadores inclinándose hacia La Meca. Hasta ese momento Bélgica no había demostrado estar a la altura de su propio mito: Lukaku, un negro gigante que juega en el Chelsea, deambulaba en el área chica como un búfalo drogado; en el mediocampo, Eden Hazard era más Hazard que Eden.

Todo cambio con la entrada de Gerardo Jorge, un editor de poesía muy conocido en el ambiente que se parece muchísimo al jugador belga Dries Mertens. Con la camiseta 14, Gerardo dio a entender enseguida que venía a darle una dinámica distinta tanto al campo de juego como al campo cultural. Conectó buenos pases y se asoció muy bien con Eden Hazard, que durante los segundos 45 minutos se transformó en el conductor de la energía flamenca.

El primer gol fue de Marouane Fellaini, un hijo de marroquíes que es una mezcla entre Cosmo Kramer y el cantante de Jane’s Addiction; peinó la pelota con su afro increíble y la mandó adentro. A medida que uno va encontrando parecidos también va entendiendo el encanto de este equipo: su cosmopolitismo provoca asociaciones loquísimas y no deja a nadie afuera. Es como en esas películas con muchos personajes: está el héroe, el héroe auxiliar, el mártir, el negro…

Minutos después llegaría la confirmación de que Gerardo Jorge no venía desde el banco a pasar desapercibido. Tras recibir un pase largo desde la banda contraria, metió un pique en diagonal que lo dejó solo frente al arquero argelino, quien apenas pudo pestañear antes de que la pelota vulnerara su meta.

Bélgica ganó y se sacó de encima la obligación de tener que demostrar por qué está en condiciones de hacer un gran campeonato. También demuestra grandeza al prender de su teta a los hijos de las colonias, a quienes recompensa por su talento. Bruselas, se sabe, da para todo: Marine Le Pen va a amar un interbloque europeo de partidos xenófobos mientras, en los vestuarios, se teje una alianza interracial camino a octavos.