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Camerún y Costa de Marfil 4 / por Pablo Katchadjian

No es suficiente que Camerún haya quedado, por puntos, como el peor equipo del mundial: los medios de comunicación comentan que Ralf Mutschke, jefe de seguridad de la FIFA y ex ejecutivo de Interpol, tiene, por algún motivo, la sospecha de que el partido de Camerún contra Croacia, en el que Camerún perdió cuatro a cero, estuvo arreglado, o que estuvo arreglado el partido posterior contra Brasil, en el que Camerún perdió cuatro a uno. La noticia no es clara, porque a veces aparece como arreglado un partido y a veces el otro, pero en todos los casos se precisa que la FIFA no planea tomar medidas contra Camerún. Los periodistas hablaron con el director técnico camerunés, Volker Finke, que les respondió: “No leo los diarios. Y honestamente nunca escuché nada sobre el tema. Conozco a mi equipo (…) Me resulta totalmente imposible que mis jugadores hayan regalado el partido. No se preocupen”. También fueron a hablar, los periodistas, con Luiz Felipe Scolari, el director técnico brasileño, antes de que Brasil jugara contra Camerún; le preguntaron, tal vez, algo como lo siguiente: “Como Camerún ya no tiene nada que perder, ¿podría ser que el partido esté arreglado para que Brasil pueda elegir a sus oponentes en la fase de octavos?”. Scolari dijo que era una estupidez la pregunta y que le parecía una falta de respeto hacia Camerún. Y hacia Brasil, podría agregar uno. En todo caso, como no se entiende, uno se ve forzado a reconstruir lo que ocurrió. Se podría conjeturar lo siguiente: luego del partido entre Croacia y Camerún y antes del partido entre Brasil y Camerún, los periodistas le preguntaron a Ralf Mutschke, jefe de seguridad de la FIFA, si había descubierto partidos arreglados; Mutschke respondió que por lo pronto no, pero que sabía que siempre había intentos, sobre todo con los equipos que ya no tienen nada que ganar o perder; los periodistas le preguntaron a Mutschke a qué equipos se refería; “Bueno”, puede haber dicho él, “equipos como Camerún, por ejemplo, que acaban de perder su segundo partido y ya no tienen nada que ganar”; inmediatamente los periodistas fueron a buscarlo a Volker Finke, el director técnico de Camerún, y le preguntaron qué opinaba sobre la sospecha de Muntschke de que el partido que Camerún acababa de jugar contra Croacia había estado arreglado; Finke les respondió con asombro; insatisfechos, los periodistas fueron a buscarlo a Scolari, el director técnico brasileño, y le preguntaron qué opinaba sobre la opinión de Muntschke de que el partido que Brasil jugaría contra Camerún estaba ya arreglado; Scolari les respondió con asombro y enojo; con todo ese material y esa investigación, luego se hicieron numerosas notas, unas copiadas de las otras. Esto es posible. Sin embargo, parece haber algo más. Según el semanario alemán Der Spiegel, la predicción de que el partido contra Croacia estaría arreglado la hizo el singapurense Wilson Raj Perumal, quien estuvo preso en Finlandia por haber liderado una red global de arreglo de partidos y que, a cambio de no ser deportado, se dedicó a brindar información. Entre sus logros se destaca un torneo de fútbol entre Estonia, Bulgaria, Bolivia y Latvia que no fue televisado y que se llevó a cabo en estadios vacíos de Turquía y en donde todos los goles –siete– fueron por penales otorgados por árbitros elegidos a dedo. Alguien podría preguntar por qué tanto esfuerzo en arreglar partidos. Porque las apuestas clandestinas, en su mayoría asiáticas y europeas, son millonarias. La red de Perumal, según parece, habría manipulado a cientos de jugadores profesionales de todo el mundo, especialmente en países que pagan sueldos bajos. Perumal aprendió el oficio junto con Tan Seet Eng, otro singapurense más conocido como Dan Tan. Ambos aprendieron de alguien de origen chino-indonesio cuyo verdadero nombre es desconocido pero que se hace llamar Tío Frankie, una leyenda entre los arregladores de partidos. Tío Frankie les enseñó a Perumal y a Dan Tan el secreto: muchos futbolistas, entrenadores y árbitros son pobres y permeables a los sobornos; si sólo se tiene al árbitro, es un arreglo de una estrella y se apuesta un poco menos; si se tiene a todo el equipo, son cinco estrellas y se apuesta mucho. La FIFA no dijo tener planes ni pruebas de nada, pero de todos modos el presidente camerunés Paul Biya le dio treinta días a su primer ministro para hacer un informe sobre “la campaña vergonzosa de los Leones Indomables”. El diario camerunés La Météo hizo una tapa que dice “Todos culpables” bajo una foto del ministro de deportes Adoum Garoua, el entrenador Volker Finke y el capitán Samuel Eto’o. Al mismo tiempo, Fecafoot, la federación de fútbol local, instruyó un comité de ética para probar las acusaciones. Fecafoot habló en un comunicado sobre la existencia de “siete manzanas podridas” en la selección nacional, y agregó que aunque aún no habían sido contactados por la FIFA, ya habían empezado a investigar. Todo esto, parece, fue desencadenado por el comentario de Perumal. ¿Qué dijo Perumal? Según Der Spiegel –o, habría que decir, según el editor de deportes de Der Spiegel Rafael Buschmann, que chateó con él por facebook–, Perumal predijo que Croacia le ganaría a Camerún cuatro a cero y que expulsarían a un jugador. Sin embargo, luego del escándalo político Perumal hizo unas declaraciones sobre el asunto: “Contrariamente a las ‘revelaciones’ publicadas por el semanario alemán Der Spiegel que fueron luego reproducidas por los noticieros de todo el mundo, nunca predije el resultado de Camerún contra Croacia (…). El intercambio con Der Spiegel ocurrió luego del partido (…). Y por último: en ningún momento fui informado por el periodista de Der Spiegel de que nuestro chat terminaría en una publicación alemana”. Der Spiegel salió luego a defender a su editor. ¿Entonces? Nada, parece. Pero Fecafoot aprovechará la situación para importunar a los jugadores que desprestigiaron a los dirigentes haciendo huelga y amenazando con no viajar. O el ministro de deportes o los jugadores o Volker Finke: alguna cabeza deberá caer en Camerún. Mientras tanto, el rapero camerunés Maahlox Le Vibeur hizo un tema sobre el codazo de Alexandre Song al croata Mario Mandzukic que incluye una coreografía alusiva. La letra es celebratoria y levemente irónica, hasta donde entiendo, o irónicamente celebratoria [el video se puede ver abajo] . Su estribillo dice: Cours petit, cours petit, / sinon on vas te Alexandre Song dans ton dos (“corré chiquito, corré chiquito, / que si no Alexandre Song  te la da por la espalda”). Después agrega que Alexandre Song te la puede dar por otros lugares: dans tes couilles (“en las bolas”); dans ta face (“en tu cara”); dans les fesses (“en los glúteos”); dans la gueule (“en la boca”). Una explicación –misteriosa para mí– de  todo esto es que le petit il a mélangé le tapioca avec le mango (“el chiquito mezcló la tapioca con el mango”). Quizá sea un problema de traducción. En todo caso, la conclusión sí es clara: petit, si tu veux rester dans la tanière des lions, il faut être violent, il faut être Alexandre Song dans ta tête (“chiquito, si querés quedarte en la guarida de los leones, tenés que ser violento, tenés que ser Alexandre Song en tu cabeza”).

Camerún y Costa de Marfil 3/ por Pablo Katchadjian

Camerún quedó afuera y ya no jugará más en este mundial. No logró meterles goles ni a México ni a Croacia, pero sí a Brasil en el último partido, que fue muy digno, sobre todo cuando estaban empatados uno a uno y Brasil pudo imaginarse, por un rato, el peor escenario, hasta que se repuso y metió tres goles más. Costa de Marfil, por su parte, que era candidato a pasar a octavos de final, tuvo una mala suerte específicamente africana: en el minuto noventa y tres, Grecia obtuvo un penal que le permitió desempatar. El penal es debatido, pero en todo caso se podría decir que no fue mala suerte, que Costa de Marfil jugó como en estado de sonambulismo, o de una manera azarosa que no funcionó contra los esfuerzos sensatos de los griegos. Por un momento pensé que lo de Costa de Marfil era una estrategia: no se entendía cómo, de repente estaban en el arco, de repente perdían la pelota. Lo de los griegos no era una estrategia: se esforzaban mucho todo el tiempo. Lo de Costa de Marfil no era una estrategia tampoco, y si lo era tuvo la consecuencia del penal. Como sea, quedo afuera yo junto con ellos, o quedo a la deriva. Soy libre. Puedo escribir sobre lo que quiera: sobre el jugador de Costa Rica que se llama Borges y sueña con ser como su papá; sobre el jugador de Uruguay que aparentemente mordió a un italiano y después se agarró la dentadura; sobre lo grandilocuente que es todo, desde la entrada de los equipos a la cancha hasta las publicidades, los gritos, los festejos de los goles, el oro de la copa, la importancia de las decisiones del director técnico, el momento de los himnos, los nenes llevados por McDonald’s para acompañar a los jugadores, las exageraciones de los lesionados, la cantidad de enfermeros que atienden a los jugadores que se resbalan, la supuesta ética deportiva, la supuesta ética empresarial, la supuesta ética publicitaria, la supuesta hermandad entre los pueblos y el nacionalismo; o sobre el eslogan de la FIFA, que es algo así como “Por la difusión del fútbol a nivel mundial”, como si eso fuera un objetivo noble en sí mismo, o como si el fútbol necesitara eso, o como si no debiera leerse en clave: “Por la difusión de la grandilocuencia a nivel mundial”; o, si eso no alcanza, sobre el otro eslogan de la FIFA, “Todos en un solo ritmo”, que parece, como mínimo, inventado por un militar retirado. ¡Adiós, Camerún! ¡Adiós, Costa de Marfil!

Camerún y Costa de Marfil  2/ por Pablo Katchadjián

Finalmente, no pude ver ninguno de los dos partidos: el de Costa de Marfil por estar en un micro, y el de Camerún porque confundí el horario. De todos modos, se sospechaba que con el capitán camerunés Samuel Eto’o lesionado y con el goleador croata Mario Mandzukic reingresado, Camerún podía descansar en su mala suerte. Y, efectivamente, los cameruneses estuvieron sin líder y sin centro y los croatas les metieron cuatro goles –contra ninguno–. Pero, además, se pelearon entre sí durante el partido, su entrenador Volker Finke salió a decir que el comportamiento de los jugadores había sido desagradable, un jugador –Alex Song– le pegó un codazo en la espalda a Mandzukic y luego pidió disculpas y confesó sentirse avergonzado, etc. Desastroso desde varios puntos de vista. Lo de Costa de Marfil, en cambio, es extraño. Por ahora, le ganó a Japón y perdió contra Colombia, dos a uno en ambos casos. Pero igual la mala suerte parece estar divirtiéndose con ellos. Porque ocurrió que un futbolista de la selección marfileña, Serey Die, lloró durante el himno de su país antes de jugar contra Colombia, y por twitter y luego por medios más responsables circuló la noticia de que su padre había muerto dos horas antes del partido. Más tarde se supo que el hombre había muerto en 2004, y Die debió salir a aclarar que había llorado porque estaba por jugar para su país, en el sentido de representar a su país ante el mundo, pero agregó, amable: “Es cierto que también pensé en mi padre, que murió en 2004”. Se podría decir: esto no es mala suerte, es sólo algo muy raro –que los twitteros hayan percibido que Die estaba llorando por su padre muerto diez años atrás–. Pero era sólo una distracción, y la mala suerte finalmente se manifestó: unas horas después del partido de Costa de Marfil, dos de los jugadores, los hermanos Yaya y Kolo Touré, se enteraron de que su hermano Ibrahim, también futbolista y de veintiocho años, había muerto en Manchester. Enseguida circuló el nuevo falso rumor de que ambos abandonarían el campeonato. No lo harán, confirmaron, y parece bastante posible que Costa de Marfil pase a octavos de final. Algunos comentarios de Yaya Touré anteriores al mundial permiten entender no sólo la decisión de los hermanos de quedarse sino también el llanto de Die y en qué medida es desastroso lo de Camerún: Touré dijo que siente que los jugadores africanos no tienen el reconocimiento merecido; o que sí lo tienen, pero sólo por parte de los fans y no de las instituciones oficiales; que él representa a su país, pero que también representa a todo el continente africano cuando está fuera de África; que por eso le importa lograr algo grande; que en la copa del mundo, todos los africanos están a favor de todos los africanos, porque lo que quieren oír es que se diga que los africanos son buenos, porque los africanos son buenos; que en cualquier lugar del mundo fuera de África, la gente dice “sí, lo conocemos a Messi”, pero que si uno dice “Yaya Touré” la gente dice “¿ese quién es?”, o a lo sumo le suena el nombre, y que eso no es justo; y también dijo: “Estoy muy orgulloso de ser africano, y quiero defender a los africanos y quiero mostrarle al mundo que los jugadores africanos pueden ser tan buenos como los europeos o los sudamericanos”.

Camerún y Costa de Marfil 1 / por Pablo Katchadjian

Dos cosas puedo destacar del partido de Camerún contra México del viernes pasado: México ganó uno a cero pero le anularon dos goles y llovía mucho pero desde ciertas tomas aéreas no se notaba. Lo vi en la casa de mi vecina, porque no tengo cable y porque mi vecina quería verlo, ya que vivió diez años en México. El “ya que” lo aporto yo y es discutible. Hacia la mitad del partido, mi vecina me dijo: “El que había que ver hoy era España-Holanda, pero tengo que trabajar”. Yo también tenía que trabajar, y sin embargo vi todos los goles de Holanda en vivo: los cuatro primeros en el bar en el que estaba merendando y leyendo, del que me fui antes de que terminara el partido –porque no estaba viendo el partido– a sacar una fotocopia. El quinto lo vi en la fotocopiadora. Traté de ver el de Costa de Marfil contra Japón, el sábado a la noche, pero un compromiso me lo impidió. Tampoco voy a poder ver el de Costa de Marfil contra Colombia del jueves al mediodía, porque voy a estar viajando en un micro. Pero no parece haber nada que me vaya a impedir sentarme a ver el de Camerún contra Croacia de mañana –miércoles– a la tarde. Es posible que gane Croacia, por lo que pude ver en el partido de apertura en el que jugó contra Brasil. ¿Por qué lo vi, si no me correspondía cubrirlo? En todo caso, percibo que hay consenso contra Camerún, quizá porque el equipo hizo una huelga de entrenamiento y amenazó con no viajar al mundial si no le pagaban un dinero adeudado. El 11 de junio, el diario británico The Guardian decía que los africanos –todos los africanos– iban a rendir poco en este mundial debido a su espíritu deportivo dudoso y a una sobredosis de mala suerte. La sobredosis de mala suerte se puede ver, por ejemplo, en el hecho de que el capitán de Camerún, Samuel Eto’o –que estuvo en el Real Madrid, en Barcelona y ahora en el Chelsea– , tiene la rodilla lastimada y, por lo que parece, no va a poder jugar no sólo en este partido contra Croacia sino en ningún otro partido del mundial. Los croatas, en cambio, están contentos porque vuelve de una suspensión su goleador Mario Madzukic; a la vez, están enojados y no quieren hablar con los periodistas porque los periodistas –escondidos entre unos arbustos– los fotografiaron desnudos en una pileta. Es cierto que es muy probable que unos y otros no sean los mismos periodistas, pero, como dijo Niko Kovac, el entrenador: eso a quién le importa. O no, lo que les dijo Kovac a los periodistas fue: “No puedo obligarlos a estar a disposición de ustedes después de lo que ustedes les hicieron a ellos y a sus familias… ¿Cómo se sentirían si alguien les sacara fotos desnudos? Ellos están con la idea de que no van a hablar más con ninguno de ustedes, y no sé si el silencio durará hasta mañana o hasta el final de la copa del mundo”.