#uruguay

Bo’ caníbal  / por Martín Zariello

La idea que subyace detrás del SuárezGate es conocida: el fútbol como continuación de la guerra por otros medios. Antes, buena parte de la energía humana se canalizaba en la adhesión a ideologías o religiones que terminaban creando dogmas peligrosos que desembocaban en conflictos bélicos. De un tiempo a esta parte ese mismo espíritu de confrontación se trasladó al fútbol, un espectáculo de resonancia masiva que genera millones de dólares, se apropia del público y no provoca tantas muertes como Vietnam. Por esa misma razón, antes del partido entre Argentina e Inglaterra en el 86, Jorge Valdano dijo algo genial: “Este es el partido perfecto para que se confundan los imbéciles”.

Cuando Maradona fue suspendido en el 94 yo tenía diez años. Recuerdo el día en que se dio a conocer la noticia. Al apagarse las luces de mi habitación, yo no cerré los ojos ni pude dormir: me quedé despierto toda la noche pensando en Maradona, en la Selección, en cómo, de un segundo a otro, podían hacerse pedazos todos los sueños que yo había craneado alrededor del Mundial. En ese momento, el apartheid, la dictadura militar, el genocidio armenio y el Holocausto me parecían estupideces al lado de la injusticia mayor: que la FIFA no dejara jugar a Maradona por tomar Efedrina.

Después crecimos y nos enteramos que la efedrina no fue suministrada por Havelange o Julio Grondona, sino por Daniel Cerrini, un preparador físico inexperto que el mismo Maradona había llevado a Estados Unidos como parte de su entorno. Cerrini también fue el responsable de que Maradona abandonara su figura de deportista ochentoso retro para convertirse en un verdadero atleta de los 90: pelo corto, delgado, abdominales marcados.

El caso Suárez es bastante diferente al de Maradona, pero se relaciona en el sentido de que llegado el caso, cegados por el fanatismo, podemos inventar una conspiración donde sólo hubo negligencia o un desborde psicológico. ¿Qué hubiese pasado si el mordisco hubiese sido de un tipo odiado como Cristiano Ronaldo o un jugador desconocido de Corea del Sur? Si la FIFA se ensañó con Suárez porque no quiere que Uruguay siga avanzando en la Copa: ¿por qué no hace lo mismo con Robben, Messi o el plantel completo de Alemania? ¿De qué debilidad puede jactarse Uruguay, un equipo con jugadores de las mejores ligas europeas, que viene de ganar la Copa América, tiene una tradición histórica en el deporte y dejó afuera a Inglaterra e Italia?

La verdad es que la FIFA es una empresa que hace negocios y a sus dirigentes les hubiese convenido que Suárez, un jugador fabuloso y carismático (cuyo pase vale 58 millones de dólares), siga jugando el Mundial. Sin embargo, como toda empresa, la FIFA hace el mal sin pasión y tiene su reglamento de cosas prohibidas. Entre ellas tomar efedrina o morder rivales. Claro, estamos de acuerdo, aceptar eso es mucho más aburrido que pensar que Suárez es una célula terrorista implantada en el corazón del Imperio o que Maradona fue un grano en el culo de algún Poder Corporativo.

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En evidencia / por Ercole Lissardi

Hay gente que nunca aprende, ni siquiera de la experiencia propia. Una de ellas, incomprensiblemente notoria en los ambientes futbolísticos, es el maestrito Tabárez. Ya nos hemos referido al absurdo error de alineación con que Uruguay debutó contra Costa Rica. En el partido de hoy contra Colombia los errores no sólo se repitieron sino que se multiplicaron.

La alineación inicial restituyó a los gerontes Forlán y Maximiliano Pereira. Uruguay volvió a verse, como contra Costa Rica, penosamente inoperante. Terminado el primer tiempo 0-1, era de esperar que salieran a disputar el segundo con cambios. Niente. Los mismos. A los pocos minutos estaban 0-2.

Entonces sí, como un perro al que los golpes vuelven obediente, el maestrito sacó a Forlán y luego sacó defensas para incluir delanteros. A partir de ese momento Muslera no tuvo que atajar una sola pelota más. En cambio Ospina atajó tantas como nunca en su vida. En sus manotazos desesperados el maestrito dejó en el banco jugadores que habían tenido gran destaque contra Inglaterra e Italia, como Lodeiro, y recurrió a jugadores que ni en los partidos de preparación ni durante el Mundial habían tenido ni un minuto de fútbol, como Hernández. Uruguay, en su alinación cuidadosamente preparada para el partido, fue absolutamente inoperante. Pero rearmado a la desesperada, se llevó por delante a Colombia.

Demás está decir que más allá de su vocación por el Vejerto, de su nulo volumen de juego, Uruguay con Suárez es otra cosa. Suárez libera a sus compañeros. Los libera de la atención del hincha. Los libera de responsabilidad. Y como es incontrolable, los libera de presión de marca.

Colombia, que no es gran cosa, que le debe todo al orden y al carácter que le ha dado Pekerman, se encontró con un Uruguay a la defensiva, inoperante futbolísticamente, lento, y… sin Suárez. Aprovecharon la ocasión, naturalmente.

¿Será posible que ahora que el maestrito se va (¡¡¡¿O NO?!!!) pongan a alguien que sepa de qué va esta cosa de jugar al fútbol? Difícil. En el ambiente de mediocridad e ignorancia de la interna del fútbol uruguayo alguien que sepa de qué va eso de jugar al fútbol no es admisible. No se lo bancan. Pone a todos los vejertos en evidencia.

Suárez y Calibán, el castigo/ por Jorge Monteleone

 
Suárez imagen
La Comisión Disciplinaria de la FIFA ha decidido lo siguiente:

1. Se considera culpable al futbolista Luis Suárez de haber violado el art. 48, apdo. 1d del Código Disciplinario de la FIFA (CDF) al agredir a otro jugador, y el art. 57 del CDF por haber cometido una ofensa a la deportividad contra otro jugador.

2. Se suspende al jugador Luis Suárez por nueve (9) partidos oficiales. El primer partido al que se aplicará la sanción será el próximo encuentro de la Copa Mundial de la FIFA™ entre Colombia y Uruguay, que se disputará el 28 de junio. En virtud del art. 38, apdo. 2a del CDF, el resto de la sanción se aplicará a los siguientes partidos de Uruguay en el Mundial si esta selección sigue avanzando en el torneo o a los siguientes partidos oficiales de la selección uruguaya.

3. De acuerdo con el art. 22 del CDF, durante cuatro (4) meses, se le prohíbe a Luis Suárez ejercer cualquier clase de actividad relacionada con el fútbol (administrativa, deportiva o de otra clase).

4. De acuerdo con el art. 21 del CDF, se prohíbe, asimismo, a Luis Suárez entrar en los recintos de todos los estadios durante el período de duración de la prohibición (v. punto 3). El jugador tampoco podrá entrar en los recintos del estadio en el que la selección uruguaya dispute un encuentro mientras esté cumpliendo con los nueve partidos de suspensión (v. punto 2).

5. Además, se le impone una multa que asciende a 100.000 CHF.

Resolución de la FIFA comunicada el 26 de junio al jugador Luis Suárez y a la Asociación Uruguaya de Fútbol.

 

“PRÓSPERO

Por hacer eso, tendrás calambres esta noche
y punzadas que ahogan el aliento. Los duendes,
que obran en la noche, clavarán
púas en tu piel. Tendrás más aguijones
que un panal, cada uno más punzante
que los de las abejas.

CALIBÁN

Tengo que comer. Esta isla
es mía por mi madre Sícorax,
y tú me la quitaste. Cuando viniste,
me acariciabas y me hacías mucho caso,
me dabas agua con bayas, me enseñabas
a nombrar la lumbrera mayor y la menor
que arden de día y de noche. Entonces te quería
y te mostraba las riquezas de la isla,
las fuentes, los pozos salados, lo yermo y lo fértil.
¡Maldito yo por hacerlo! Los hechizos de Sícorax
te asedien: escarabajos, sapos, murciélagos.
Yo soy todos los súbditos que tienes,
yo, que fui mi propio rey; y tú me empocilgas
en la dura roca y me niegas
el resto de la isla.

(más…)

Ganaron los que perdieron/ por Ercole Lissardi

GANARON LOS QUE PERDIERON…
En la Arena das Dunas de la ciudad de Natal se enfrentaron las dos selecciones más avaras del mundo. Lograron el partido perfecto: cero fútbol, pura especulación. ¡Qué partidazo! Estaba en juego mucho más que una simple y efímera estadía en la zona de octavos de final. Estaba en juego el título de Campeón Mundial del Vejerto (véase mis posts anteriores). Y el ganador es… ¡Italia! Sí, los inventores, los padres del Vejerto, al que por pura coquetería llamaron Catenaccio, aventajaron una vez más a sus más entusiastas imitadores. Les alcanzaba con empatar y entraron decididos a aguantar el cero durante noventa minutos… ¡Y supieron perder en los últimos cinco! ¡Magnífico! Pero no despreciemos los méritos que supieron mostrar los cultores orientales del popular deporte. Uruguay sabía que Italia iba a vejertear, que iba a defender el cero a ultranza, y… ¡también entraron a defenderse! Durante todo el primer tiempo vimos a dos selecciones con su doble línea defensiva bien plantada y peloteando en el centro del campo. ¡Guerra de trincheras! Sólo cuando el segundo tiempo promediaba, y cuando el árbitro –muy correctamente- dejó a Italia en inferioridad numérica, sólo entonces los bravos charrúas se lanzaron al ataque… ¿qué digo al ataque? Se pusieron a tirar centros, hasta que pudieron cabecear uno. ¿Qué digo cabecear? Si lo de Godín fue un perfecto golpe de hombro…
Miles y miles de italianos y de uruguayos recorrieron miles de quilómetros para ver este partido perfectamente nulo. Nunca los pocos distraídos natalenses que concurrieron a presenciar el esperpento volverán a presenciar un partido de fútbol menos generoso con el fútbol y con el público.

…Y PERDIERON LOS QUE GANARON.
Hace apenas una hora que terminó el partido, pero el rumor ya crece de que Suárez podría ser suspendido por la FIFA debido al mordiscón que le pegó a Chiellini. ¿Cómo pudo Luis tentarse con las carnes de este zaguero viejo y flaco? Ivanovic es otra cosa, ahí hay en qué afirmarse, pero Chiellini…
Le va a costar el Mundial, y, peor, le va a costar el pase al Real o a Barcelona. Ninguno de estos dos equipos van a poner las virtudes futbolísticas de Suárez por encima de su peculiarísima patología agresiva.
Evidentemente a Luis se le tranca el superyó. La vocecita que tendría que decirle “No hagas eso” evidentemente no comparece cuando la impotencia lo domina. No sólo a él le pasa eso. Al menos en el fútbol uruguayo. Pero el problema es que a Luis le da por morder, no por tirar del pelo, escupir, dar un codazo o una buena y sana patada. No. Él muerde. Y eso nos recuerda a todos que somos básicamente animales, cosa que así, con tal fuerza de evidencia, no nos la bancamos.
Pero, en fin… la foto del hombro de Chiellini con marcas de dientes evidentemente fue tomada después de terminado el partido. ¿Quién asegura que esas marquitas son de los dientazos de Luisito?

Suárez el regreso/ por Ercole Lissardi

SI, ERA LA HORA DEL HÉROE NOMÁS…

Uruguay tuvo que perder con Costa Rica para que el sabio maestrito Tabárez se diera cuenta de que lo que estaba poniendo en el campo era una selección AÑOSA. En la cita de hoy no estuvieron Lugano, Maximiliano Pereira, Gargano y Forlán (entre los cuatro suman 130 años) y el Uruguay que se vio fue otra cosa: un equipo con una dosis de pressing y de vértigo por lo menos respetable.
Pero no hubiera alcanzado con eso, porque Uruguay no tiene un gran nivel de elaboración de juego y porque la mayor parte de sus jugadores no son realmente estrellas, son jugadores de buen nivel y nada más. Era necesario además, que regresara el héroe. En este partido, en el que Uruguay se jugaba toda la chance, el triunfo no era posible sin el héroe. Por eso titulamos nuestro post anterior LA HORA DEL HÉROE.
Cuatro semanas después de su operación de ligamentos, Suárez volvió. Hizo dos golazos y eliminó a Inglaterra. Se vengó de las mezquindades de que fue objeto en Inglaterra a su manera: con goles.
Así pues, acerté en mis dos predicciones: había que sacar a los viejos, y era la hora del héroe.
Para instantes que dicen todo del partido elijo estos dos:

-Sterling golpea con una rodilla a Palito Pereira en la cabeza. Pereira cae en total knock-out. Entran los médicos, le dan quién sabe qué y consigue pararse. Los médicos hacen señas de que debe entrar un reemplazo. Pereira, groggy, se da cuenta de que van a sacarlo y se pone a hacer señas tan claras como para que se vean en todo el estadio, de que no, que no piensa salir, que no va a salir. Médicos y técnicos ante tal empecinamiento, lo dejan volver a la cancha. La cámara lo toma un par de veces durante el juego mostrando su mirada francamente vidriosa.

-Al terminar el partido le ponen un micrófono delante a Suárez:

“¿Es cierto que anoche soñaste estos goles y se lo dijiste a tus compañeros?”. “Sí, es cierto”, dice Suárez, llorando a moco tendido.

A la uruguaya, digamos.

La hora del héroe / por Ercole Lissardi

No soy hincha de ningún club ni selección. Cuando voy al fútbol o veo fútbol por tv no sigo cuadros. Sigo jugadores.  Sigo las carreras de jugadores que me fascinan. He seguido, partido a partido, la trayectoria de Suárez en el Liverpool. Lo he visto hacer goles extraordinarios, dignos de un mago del fútbol, pero sobre todo lo he visto ponerse el cuadro al hombro y conducirlo a un subcampeonato que no fue campeonato porque si en el partido clave vas ganando tres a cero no te pueden empatar en los últimos minutos.

Ahora bien: Luis hizo eso por el Liverpool, pero no puede hacer eso por Uruguay. Liverpool no tiene grandes estrellas, exceptuado Luis, pero tiene un técnico capaz de variar fórmulas todo lo que sea necesario hasta encontrar una que funcione aunque sea por un rato. Uruguay por el contrario está anquilosado en su impotencia futbolística y envejecido hasta la lástima. Argentina ha sido capaz de buscar la manera de lograr que su superestrella dé el máximo. (O al menos eso parece. Crucemos los dedos). El técnico uruguayo pretende que lo que funcionó hace cuatro años siga funcionando tal y cual. No es posible. Luis se va a romper el alma –que le sobra- inútilmente.

En Montevideo las banderas aún cuelgan de los balcones. Los banderines siguen en las ventanillas de los autos. ¿Por quién siguen ondeando las banderas? Es por Luis.

P.s.  De todas maneras, después del gol de cabeza de Van Persie contra España, cerrando en palomita un pase de cincuenta metros de Blind, es CERRÁ Y VAMOS. Se acabó el Mundial. Nada mejor vamos a ver.

Principio… y fin / por Ercole Lissardi

He aquí bien clara la razón por la cual a un técnico exitoso… hay que destituirlo.
Sin duda que una de las condiciones necesarias para el éxito en fútbol es la formación de un “grupo” fuerte, es decir, de fuertes vínculos entre los jugadores. El problema es que cuando un “grupo” logra objetivos su cohesión interna se vuelve más fuerte que cualquier lógica. Y normalmente el técnico que logró éxitos con ese “grupo” es incapaz de disolverlo, aunque la lógica se lo indique. La única solución es cambiar de técnico para no quedar rehén del “grupo”.
El “grupo” de Uruguay llegó en su mejor edad a Sudáfrica, hoy es una selección añosa. Y Tabárez fue incapaz de introducir los cambios que eran necesarios.
Hoy vimos una selección añosa, lenta como un carromato, jugando al vejerto (ver post anterior) porque no sabe jugar a otra cosa, con un volumen de juego por debajo del cero, y sin su estrella, Luis Suárez.
Aquí se acabaron las ilusiones de Uruguay de pasar la fase de grupos.  Si fue incapaz de ganarle a Costa Rica, mucho menos puede ganarle a Inglaterra e Italia. Y no hay garra charrúa que valga. Y aunque juegue Suárez ni él puede con un carromato como éste.
Más allá de la verborrea del maestrito Tabárez hoy se volvió a ver al Uruguay a que estamos acostumbrados. Pura impotencia, hasta el punto de caer en la patanería.

Un dilema / por Ercole Lissardi

Vi el partido que inauguró el Mundial con mi hijo, que tiene 8 años, que adora el futbol, que va a una escuela de futbol, que llenó el álbum Panini, que gracias al álbum reconoce hasta a los suplentes de Costa de Marfil, y que desde hace un par de meses desde que se levanta a las siete de la mañana hasta que se duerme a las diez de la noche no habla sino de las chances de los unos y de los otros para ganar el Mundial.
Como ya estoy veterano, y he visto mucho fútbol, desde que el japonesito empezó a flechar la cancha en el primer tiempo supe que si Brasil no podía ganar iba a recibir ayuda del árbitro. Me pregunté entonces si debía decirle a mi chiquito de qué iba la cosa. Mi dilema era: ¿debía dejar al niño en la ilusión del Fair Play en el deporte que adora o debía mostrarle de plano cómo son las cosas en este mundo al que lo traje y en particular en este deporte que le enseñé a amar desde pequeño?
¡Ay! Opté por decirle de qué iba la cosa. Sí, es cierto, sucedió tal y como papá dijo que sucedería, y por consiguiente mis acciones en la Bolsa de Valores de su corazoncito aumentaron considerablemente de valor. Pero ¿qué? ¿Esto es sin consecuencias? ¿O algo se rompió en ese corazoncito? ¿Se merecía ese baño de realidad a los ocho añitos? Sembré en él la semilla maldita de la desconfianza, del desengaño. ¿Y ahora voy a tener que decirle que si se diera el milagro de que Uruguay anduviera bien también en este Mundial le van a cortar las alas antes de que vuele demasiado alto? ¡Qué mierda! Ojalá nos hubiéramos ido de vacaciones a Marte durante el Mundial. No hay manera de escaparse de toda esta basura.

Schiaffino y yo / por Ercole Lissardi

Desde hace un buen rato los medios nos saturan con el recuerdo del Maracanazo y sus héroes, Schiaffino y Ghiggia.
Juan Alberto Schiaffino, el cerebral y exquisito 10 de la selección campeona de 1950 y luego, a lo largo de los años cincuenta, del Milan de Italia, se retiró en 1962, regresó a Montevideo y se compró una casa en la Rambla de Punta Gorda, a poco más de tres cuadras de mi casa. Yo, por entonces, tenía 12 años.
La razón por la que el inmortal Pepe se instaló en Punta Gorda eran sus sobrinos Fernando y Héctor. Pepe, que no tuvo hijos, los adoraba. La casa que se compró estaba en la misma manzana que la de sus sobrinos.
Con Fernando y con Héctor, y con Mario Barbé, Walter Dupuy y los demás jugábamos interminables partidos de campito y alimentábamos la idea de formar un cuadro con el que disputar los campeonatos de la zona.
Un buen día me vine a enterar de que la cosa estaba hecha: el cuadrito se llamaba Playa Verde, tenía camiseta verde y el director técnico era Juan Alberto Schiaffino.
El Pepe era delgado hasta la flacura, y tenía un perfil afilado, como de pájaro, parecido a Beckett. Se vestía absolutamente siempre como un figurín de revista de modas. Para comunicarnos los rudimentos de una estrategia su habla era parca y nerviosa. Vos acá, y vos acá, vos subís y vos lo cubrís. Afectuoso sería con sus sobrinos, con los demás era distante y frío.
Jugamos un solo campeonato. Otoño del 63, creo. Se jugaba en la Playa Verde, que era la playa del barrio, y que tenía muchos metros de arena húmeda, apta para jugar calzados. Yo, livianito y veloz como era, jugaba de puntero, derecho.
Sólo recuerdo la final. A saber contra quién. Entré en el segundo tiempo. Hubo un córner al final del tiempo reglamentario.  O yo estaba distraído y la pelota me pegó o salté decididamente a cabecear. Lo cierto es que la pelota –de cuero en aquellos tiempos- pesada de humedad y cargada de arena me dio en la frente, despatarrándome y luego voló por encima de tirios y troyanos hasta que la atraparon las redes.
No recuerdo los festejos. Para mí fue toda la gloria que podía soñar. Para el Pepe debe de haber sido también un cacho de gloria, que se habrá dado el gusto de disfrutar con sus sobrinos amados hasta el fin de sus días.

Los tres magníficos / por Ercole Lissardi

Únicos tres argumentos que tiene Uruguay para aspirar a algo:

FORLAN. Tiene 35 años. Está, naturalmente, en la parte descendente de su curva. Pero está decidido a despedirse con otro gran mundial. Y lo que le sobra es mentalidad de atleta, es decir: disciplina. El otro día contra Eslovenia lo vi correr como si tuviera 20 añitos. Con que funcione a medias, ya cobramos.

CAVANI. Este fue su año negro. El Atleta de Cristo se divorció. Su ex le exige cuarenta mil dólares por mes para pitanza. Y se fue a jugar justo al PSG, donde el que manda –Zlatan– tiene un ego más grande que el suyo. Piensa vengarse de todo con un gran Mundial. Dice que si campeona, se pela.

SUAREZ. De ser el futbolista más despreciable de la Premier –condena del Premier Cameron incluida– pasó en meses a ser el número uno en todos los conceptos. Igual le pegaron tanto que algo se le tenía que romper. Operado de meniscos hace dos semanas piensa estar pronto para devolverle a los ingleses tanto amor.

El Vejerto / por Ercole Lissardi

A los uruguayos que creen saber de fútbol, a pesar de los resultados recientes, no les gusta cómo juega su selección. Defensa cerrada, contragolpe, pelotazo, volumen de juego cercano al cero.
Aseguran que desde hace décadas se juega en el país a una variación autóctona del fútbol a la que se conoce como “el vejerto” y que consiste en jugar a la retranca, aguantar el cero noventa minutos y perder en los descuentos.
Según los entendidos, la selección de Tabárez también juega al vejerto, que el “maestro” habría aprendido en su época de futbolista directamente del eximio perfeccionador de dicha táctica, el célebre “profesor” Ricardo de León.  La diferencia entre la selección formateada por Tabárez y cualquier otro equipo uruguayo cultor del vejerto consistiría en la feliz circunstancia de que aquella dispone de tres delanteros de nivel mundial.
Para cualquier observador sin prejuicios está claro que el fútbol uruguayo es el fútbol más aburrido del mundo. No por nada sus derechos de televisación son tan baratos.
Hubo, una década atrás, un momento de rebeldía en que dirigentes con visión pero demasiado optimistas consiguieron llevar a la selección al único técnico uruguayo del que, los que creen saber de fútbol, afirman que sí sabe de fútbol: Juan Ramón Carrasco. Luego de algunos partidos en que la selección ganó por goleada con un fútbol deslumbrador el plantel seleccionado –todos lúmpenes enriquecidos jugando en Europa– decidió terminar con la gestión de Carrasco. ¿La razón? El técnico era demasiado exigente en los entrenamientos, tanto físicos como mentales –había que aprenderse de memoria decenas de jugadas. En una noche de Eliminatorias, contra Venezuela como locales, los jugadores hicieron huelga de brazos caídos y perdieron por tres a cero. Esa noche en el Centenario Carrasco fue linchado –lo despidió una silbatina como jamás se había escuchado antes, estoy seguro, en un estadio de fútbol.  Y volvió el viejo y querido vejerto.

¡Uruguay Campeón! ¡Uruguay Campeón! / por Ercole Lissardi

Sí, estimadísimo Strafacce, que Argelia resultara campeón mundial en Brasil tendría una serie de consecuencias notabilísimas.
Pero ¿y si Uruguay se coronara otra vez venciendo a Brasil en la final? ¿Imagina usted las consecuencias? Yo no. Realmente, no. Lo mismo daría que la Tierra dejara de girar sobre su eje. ¿Estoy exagerando? ¿Cuáles no serían las represalias? La FIFA expulsaría a Uruguay de todas sus actividades. Brasil –con la anuencia del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas– invadiría Uruguay en una maniobra de ocupación que sólo llevaría unas horas, dado el tamaño del territorio. Los poco menos de tres millones de uruguayitos serían diseminados por todos los rincones del globo para que nunca más volvieran a formar una nación. Y el campeonato volvería a jugarse. En Brasil. Sin Uruguay. ¿Qué? ¿Estoy exagerando?
Y no crea usted que es imposible que Uruguay vuelva a coronarse en Maracaná. Con todo respeto, más imposible es que Argelia se lleve la copa. Porque sepa usted, estimado amigo, y esto delo por seguro, que Uruguay no podrá ganarle a Argentina, o a Alemania, o a España, pero si jugamos la final del mundial con Brasil en Maracaná, no tenga la menor duda de que le ganamos.

¡Qué extraña sensación es, para los uruguayos, que onettianamente, en materia de selecciones nacionales, no saben sino de inoperancia, inseguridad y fracaso, tener finalmente, por primera vez en quién sabe cuánto tiempo, una selección de la que, lo menos que puede decirse, es que es confiable! Los uruguayos están divididos. Están los que saben que esto no es más que otra ilusión pasajera, y están los que creen que las cosas cambiaron definitivamente, de una vez y para siempre. (Ercole Lissardi, desde Uruguay)

Yo puedo elegir argentina porque me disgusta Brasil y creo que su fútbol esta completamente sobrestimado y porque no me gusta la samba y no me gustan las chicas brasileiras y no me gustan los atletas de dios ni tampoco dios y porque pelé es una mierda y porque no tendría que existir un país en el cual la gente se mata si pierde la final con Uruguay y entonces bueno que se vayan a suicidar cuando Argentina les gane el trofeo. (Matteo Nucci, desde Italia)