#charlygradin

Croacia VIII / por Charly Gradin

Qué pena, amigos. Sabíamos que iba a pasar pero nunca lo aceptamos. Aunque si tenía que pasar era mejor así, frente a un equipo enamorado de la desgracia, como dice Eraso, entregado a una derrota mucho más amplia y definitiva que cualquier otra que estuviese en juego en el mundial. Perdimos, pero México, en cada gol parecía desgarrarse y aunque gritaran emocionados sus jugadores, y se abrazaran con el cuerpo técnico, y agitaran los brazos en alto, vistos a lo lejos, desde el mostrador de una pizzería, en Buenos Aires, desde una Avenida Corrientes en penumbras, en realidad parecían pedir disculpa a los dioses. Sin volumen, vistos de perfil, las risas de los mexicanos lucían desfiguradas, como en los rostros fantasmas de los campesinos de Rulfo o Posadas.
Hoy nos rondó la muerte, y cada quién hizo lo que pudo. Los mexicanos hicieron goles, y siguieron haciéndolos como si fueran ofrendas de un ritual que, una vez iniciado, no quedara más remedio que continuar hasta agotar todas las fuerzas disponibles, o atenerse a la maldad intrínseca de los dioses. Se los veía asustados. Perdimos contra un equipo que temblaba frente a cada jugada, y se erizaba de antemano previendo las innumerables formas que podía llegar a adoptar el partido, para contrarrestarlas todas juntas, agazapándose en los resquicios de la cancha como un gato o una araña en celo.
Deben seguir tensos, los mexicanos. Todavía deben seguir pateando esa pelota en los pasillos del hotel al que los habrán llevado. El miedo no aparece en el dóping. Es la droga más limpia y eficaz. Será una larga noche para ellos.
Amigos croatas, ustedes parecían confundidos. No dejaron de avanzar, armados de sus diagonales, sedientos pero a la vez alejados. Lo hicieron bien, pero el resultado fue justo, 1 – 3. Son números importantes. Tendremos mucho de qué hablar en los próximos años. Esas cifras tal vez encierren mucho más de lo que estamos en condiciones de captar hoy, cuando falta tanto para que este Mundial levante vuelo.
Como sea, hasta los mexicanos parecían anhelar la derrota. Perder, festejar y desparecer envueltos en el escándalo, eso intentaron los aztecas. Y los vimos, croatas, azorados frente a ese espectáculo, pero de pronto tentados ustedes tambien de perder y envolver al público en la peor de las confusiones. Casi lo logran, y por eso son nuestro equipo.
Pensé en Pablo mientras veía el partido, ¿amigos croatas, vendrán algún día a tomar unas cervezas con nostros en la Costanera de Buenos Aires, quizás la más desolada de todas las costaneras de los ríos del mundo? Sabemos que podrían valorarla.
Me acordé también de los torneos de verano, transmitidos desde Mar del Plata, a comienzos de los ‘90, cuando hinchaba por Boca en mis vacaciones en la casa de mis primos, en los últimos partidos de fútbol que llegué a ver completos, antes de cruzarme con ustedes, Croatas, gracias por tanto. ¿A quién van a alentar ahora?

Anuncios

Croacia VII/ por Charly Gradin

Los abuelos de Pablo nacieron en Croacia. En un pueblo en las montañas, a 60km de Split y del mar, al que casi no conocieron. Vivieron la Segunda Guerra sin grandes alteraciones en sus vidas, salvo una evacuación hacia el final, cuando viajaron a Italia como refugiados. Eran gente de campo y su rutina no cambió demasiado, ni padeció privaciones mucho más graves que las que enfrentaba normalmente desde hacía siglos. ¿Qué eran entonces los Balcanes? ¿Y qué fueron después? ¿Y cómo llegamos a hablar de ellos, en Buenos Aires, mientras miramos un partido, en un bar del microcentro tomando whiskys por los que nos cobrarían el doble de lo prometido, sin que supiéramos por qué? Perisich hizo uno de los goles. Camerún se vino abajo. Seguimos adelante. No somos fríos, no nos dejamos sorprender, ni siquiera por nosotros mismos. Eso es Croacia, pensamos. Siguieron más goles. Nadie más miraba el partido. Nuestros jugadores se movían con la lentitud infinta de las transmisiones de las galas de billar en la ESPN. No había sonido y afuera anochecía. En un momento, hablamos de los iconoclastas. ¿Cómo sería vivir en mundos privados de imágenes sagradas desde siglos antes de que naciéramos? Ganamos 4 a 0. Pablo me habló de su abuela, y de su casa suburbana donde criaba gallinas y plantas. Nos conocemos hace años. Lo miré de reojo, y pensé en ustedes, compañeros croatas. Seguimos sus desventuras, aunque no lo sepan. Y brindamos por los goles que vendrán, por los que ya hicimos y por los que apenas se vislumbran. Pablo hablaba de sus días como guía de un museo de ciencias naturales. El tiempo se detuvo. En el último gol no nos emocionamos. Sólo asentimos en silencio, porque verlos jugar es vivir en estado de déja vu constante. Y a veces se vuelve imposible. Jugadores croatas, ¿saben lo que harán cuando esto se termine? Un anuncio en la televisión: “Evitar consecuencias”. Eso piden los burócratas. Equilibrio y serenidad, como si hubiera algún resquicio del mundo capaz de sustraerse a la perpetua máquina de producir consceucencias, de la que somos víctimas y verdugos, al mismo tiempo y sin darnos cuenta. No importa, no nos hagan caso. Croatas, nos fuimos con Pablo a caminar por la peatonal Florida. Un día tomaremos coñac con ustedes, cuando nos visiten. Ya habrá tiempo de pasar en limpio nuestra tristeza.

Croacia V / por Charly Gradín

Cancelarich. ¿Era un arquero de Argentinos Juniors a principios de los ‘90? ¿O de Ferro?
Quizás queden sus rastros en alguna fan page. Su apellido me hace acordar a esos años, cuando seguía los partidos de Boca los domingos en la radio y compraba el Gráfico.
Los veranos, en la casa de mis primos en Olavarría, cuando no estábamos viendo películas en VHS, que eran una novedad deslumbrante, al menos para mí, seguíamos los torneos de Mar del Plata. Y de esa época, entre otras cosas, me quedaron grabados los apellidos de la única formación que recuerdo con nostalgia, quizás porque es la única que recuerdo, y porque todos los que vieron más de dos o tres partidos de un mismo equipo, con la misma esperanza de que gane, y la seguridad de que si no lo logra al menos estará cerca, o sufrirá una derrota admirable, siempre terminan envueltos en la nostalgia de los nombres. Porque hay un equipo grabado en la mente de todos los fans de fútbol, que es un emblema de los sentimientos que alguna vez podrá inspirar en ellos cualquier otro equipo, y que un día resurgirá, llegado el caso, según cuentan las leyendas, si vuelve a derramarse una dósis de justica en este mundo sediento en que fueron condenados a exhiliarse todos los fans, desterrados del país de la gloria, que es el único lugar en el que están dispuestos a vivir felices.
Amigos croatas, no sé qué estamos buscando. Quizás sea mejor huir. Voy a ser sincero, los equipos vuelven. Los goles son siempre festejos de reencuentro. Los ciclos se suceden, y el tiempo es un callejón con una única salida. Me acuerdo de Simón, Graciani, Márcico, el Chino Tapia, Pico, Giunta, Latorre, el Mono Montoya.

¿Dónde jugaba Cancelarich? No me decido a googlearlo.

Como sea, dicen que vieron a un hombre con la remera de Croacia en la esquina de Senillosa y Rivadavia.

Croacia IV / por Charly Gradin

Pericich, Rakitich, Kovacich, Oricich, Moderich, amigos, lo hicieron bien. Queremos felicitarlos. Estamos orgullosos de ustedes. Seguimos sus movimientos y no pudimos descifrarlos, ni por un momento. Aunque lo intentamos. Los vimos calmos mientras los brasileños corrían. Los vimos avanzar en línea, en escuadra, siempre despacio. Fue insoportable. Ahora estoy solo, y ya no tengo tiempo de analizar. La web es un océano de bibliotecas, y en todas ellas pareciera haber enciclopedias dedicadas a los partidos de Croacia. Nunca se terminan, sus diagonales parecen haber consumido vidas enteras. Hoy las vi, como todos, casi sin querer. Y desvié la mirada para captar mejor su radiación de fondo, según explican, para verlas al sesgo. Pero sigo confundido.

Ganó Brasil. Jugadores croatas, sigan adelante, ya los alcanzaremos. Un día nos sentaremos a charlar, y nos presentaremos y habrá tiempo para pasar en limpio este partido, y todos los que vendrán, y los que ya jugaron, sin que lo supiéramos. Su juego seguirá confundiendo a los fans de Youtube durante años, con su mezcla de velocidad y permanencia. Los veo de nuevo, correr sobre el césped, y son como la bola lenta que tiraban los jugadores de las grandes ligas de baseball en los dibujos animados de la Warner. O como las boyas que flotan en los ríos envenados del mundo. Curan la mente y despiertan los sentidos, y dejan el mundo casi en el mismo estado en que estaba antes de empezar. Son preguntas zen. Ya vendrán los curiosos a buscar los rastros del cambio. Y hablarán durante días y noches, y nunca se vislumbrará el fin, hasta que al final empiecen a irse de a poco, hasta que no quede nadie, salvo su recuerdo y la duda.
Hoy ganó Brasil. Pero no estamos seguros. Íbamos a juntarnos con #florenciaminici para ver el partido, pero algo falló. Llovía en Buenos Aires, cundía el desánimo. Son tiempos difíciles. #ceciliaeraso avisa por twitter que vieron a alguien con la remera de Croacia en la esquina de Senillosa y Crocia. Creo que lo conozco.
Jugadores crotas, ¿están seguros de lo que están haciendo?

Croacia III / por Charly Gradin

Hoy conocí a un buzo. Estaba instalando una boya en el Riachuelo. Me contó que vivió muchos años en Puerto Madryn, trabajando en plataformas petroleras. Pensé en la película de Tim Robbins, en sus escenas de convalescencia en medio del mar, y en su enfermera. Y pensé en Croacia, mientras miraba a otro buzo hundirse en el agua para ajustar un cabo atado a un pilote de hormigón. Se había tirado desde un bote. Había sol y estábamos en Avellaneda, muy lejos de Europa y del mundial, y de las ansiedades que devoran a los fans. No se oyeron pálpitos. Los buzos siguieron con su misión. Los oficiales de la prefectura se acercaron a charlar. Y los ingenieros, y los operadores de la grúa, y los curiosos miraron desde cerca los pasos que llevaron a la boya a posarse sobre el agua.
Ya falta poco. Empieza el mundial. Y desde las orillas del río más contaminado del mundo tuve que volverme en colectivo. Pero mientras volvía al microcentro, pensé de nuevo en el agua, las sogas y los ganchos, y la enorme boya librada a su suerte como un satélite yendo a perseguir una órbita cuyo sentido siempre se pierde. Y sin embargo, persiste. Las máquinas no se desalientan. Las boyas quedan fijas. Y por las noches encienden sus lámparas de colores, aunque no haya nadie para verlas. Aunque ya no pasen barcos y las estaciones de monitoreo se descompongan, o se pongan a hibernar. Los faros de la antigüedad seguían encendidos mucho tiempo después de que las ciudades fueran devastadas por las pestes o las guerras. Era la magia, decían algunos. Y así debe jugarse al fútbol, dicen otros: como lentas escuadras de robots, ciegos, indolentes, avanzando paso a paso, para volver y empezar de nuevo, hasta el final.
Jugadores croatas, ¿van a seguir ese plan? ¿Esperan ganar por inercia, a fuerza de lentitud? Si es así, sépanlo, estamos con ustedes. No importa lo que digan, no se dejen distraer. Que los demás se muevan, los esperaremos. Pero si los gana la emoción, y la curiosidad, y deciden huir en desbandada, seguiremos con ustedes, aún más que antes. ¿Qué nos deparará el mundo, entonces? Un día lo sabremos.

Croacia II / por Charly Gradin

“¿Y por qué Croacia?”, me preguntó mi tía en Facebook, y de algún modo me la veía venir. Hace unos días escribí en un post que elegía Croacia porque iba seguir a un equipo del que no sabía nada. Sólo que era un país que fue parte de Yugoslavia, y que había atravesado una guerra. Poco más. Una guerra sangrienta, escribí, lo cuál es una obviedad. Pero la película es hermosa, agregaba, lo que además es banal y suena peor. De todos modos era mi recuerdo más cercano. (La película transcurre en una plataforma petrolera. En medio del mar, sólo y vendado, Tim Robbins espera casi inmóvil a una enfermera que se va a quedar cuidándolo. Sus compañeros se van, y ahí quedan los dos, casi a oscuras, mientras Robbins se recupera de sus quemaduras, y  la plataforma, desactivada, espera a que él también se vaya. Tal vez vuelva a funcionar, tras la reciente explosión. No se sabe. En la cubierta, la enfermera fuma cigarrillos bajo la llovizna, y mira el mar. Por el costado pasa un pato, o un ganso, la mascota de un operario que la abandonó. Todo es absurdo. Y la guerra de los Balcanes los sobrevuela.)
Pero, ¿cuál guerra? Estoy simplificando. En Google, todas las guerras de los Balcanes se vuelven un cúmulo de lugares y fechas, que nos dejan en ridículo.
Mi tía me habla de turistas europeos que hace años iban a las costas italianas a veranear.  Hoy se van hasta Croacia a comprar condominios en oferta. Todo es poético a lo lejos, me dice, pero desde Paris, donde ella vive, se llegó a ver una masacre.
Como sea, vamos a seguir pensando en ustedes, jugadores croatas. ¿Cómo serán sus pases? ¿Cómo se van a parar? ¿Qué tienen pensado? ¿Adónde quieren llegar?

 

Croacia I / por Charly Gradin

Nuestros jugadores, ¿habrán llegado a Brasil? ¿Adónde van a hospedarse? ¿Quién les va a dar de comer? ¿Quién los dirige? ¿Saben jugar? ¿Les gusta el fútbol? ¿Esperan ganar? ¿O solo van a seguir los rituales del fixture? Quizás vayan a ocupar la grilla como los adolescentes iban a morir en barco a la isla de Creta, a llevarle la vianda al triste Minotauro. Pero, ¿qué tan lejos está Croacia de Grecia? ¿Y hoy, tanto tiempo después, tras tantas eras y revoluciones, qué les depara el destino a los campeones croatas? ¿Y qué nos depara a nosotros este Mundial, que lo vemos de lejos, tamizado  por la web y las repetidoras del desánimo? No sabemos, o no queremos saber.

Ayer en un taxi, el chófer charlaba con mi madre. A nadie le importa este Mundial, decía. El país está tan mal. Hay tantos temas para pensar. Mejor así, decía, mejor. Pero mi madre, que no es de ningún equipo, pero tiene un poco de dignidad, disentía.
Yo les iba a contar que estoy escribiendo sobre Croacia para el Diario del Mundial. Pero me pareció tan difícil de decir, y tan lejano, que seguí en silencio, pensando en Croacia, hasta que llegamos.
Porque, en realidad, ¿cómo es el fútbol croata? ¿Dónde hay potreros en los Balcanes? ¿Qué nos espera el jueves, cuando salgamos al campo para dejar todo, para ganarle a Brasil?

Elijo Croacia porque no se nada del país, salvo que antes era Yugoslavia y se despedazó en una guerra muy sangrienta. Hay una película muy hermosa sobre el tema, con Tim Robbins, La verdadera historia de las palabras, creo que era. Una vez leí que el mariscal Tito estuvo en Argentina antes de ser presidente, no sé para qué habrá venido. Mi idea es encontrar alguna respuesta cifrada en el juego de los croatas. Todavía no sé como es su remera, pero me dijeron que es la más linda. (Ch.G.)