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No dejes que llueva / por Mauro Libertella

¿Fue un parricidio o un filicidio?, me pregunté en algún momento de esa masacre que fue el segundo tiempo de Holanda – España. El partido fue, en ese aspecto, un enorme juego de paradojas: alguna vez España fue el hijo futbolístico de la Holanda de Cruyff y ahora muere a manos de un hijo más joven, que viene a modernizar un poco el modelo táctico. La de Holanda y la de España son dos formas hermosas del fútbol, y por eso cualquier resultado iba a doler, aunque en Argentina todos banquen a Holanda y todos le deseen la más dolorosa de las agonías a España. Hay un enorme resentimiento hacia España, hacia el fútbol de posesión, hacia el toque horizontal, hacia un equipo sin nueve de área, hacia lo que fue el mejor Barcelona. “La mentira se acabó”, decían muchos por ahí, arrodillándose de pronto ante ese placer tan capitalista de la efectividad. El “toquecito improductivo” contra el que muchos disparan se tiene que volver, entonces, forzosamente, una bandera. Ayer me lo decía un amigo, mientras veíamos cómo Costa Rica (¡Costa Rica!) tocaba y tocaba frente a un Uruguay perplejo: el fútbol del Barcelona caló acá, en estos equipos. Esa es su gigante herencia: la idea, aunque sea abstracta y fantasmal, de que cualquiera puede jugar más o menos bien a la pelota. Por eso estamos viendo un gran mundial. Y eso, señores, se lo debemos a España, esa España que perdió por escándalo y de la que todos ahora se ríen con la amarga satisfacción del resentimiento.

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Seis años: un paréntesis / por Mauro Libertella

Los tiempos son rápidos en el fútbol. El caso de España acelera incluso los procesos, dibuja el arco biológico de una vida en solo seis años. Hace unos años España no era nada; o era, mas bien, la eterna frustración del fútbol europeo, el equipo que no llegaba a nada, el cenit de la impotencia. Nos habíamos acostumbrado a decirle “La furia”, como si la voluntad anímica pudiera ganar un mundial. Pero de un día para el otro España se convirtió en el mejor equipo del mundo. Ganó dos copas de Europa y un mundial, y sus jugadores arrasaron individualmente el mapa de clubes. Pasaron entonces un par de años más y España ya es un equipo al borde de la jubilación, un puñado de señores experimentados y vagamente escépticos que vienen a dar el ultimo testimonio de un fútbol glorioso que tardó tantos años en gestarse y cuya explosión duró solo unos pocos, como los grandes movimientos, como el punk, como el grunge, como las vanguardias. Eso es, quizás, España. Un equipo increíble y un equipo del pasado en un mismo movimiento. Si gana este mundial, va a ser el mejor equipo de la historia (no la mejor selección, sino el mejor equipo; nunca un mismo grupo de jugadores habría ganado dos eurocopas y dos copas del mundo seguidas). Si no lo gana, tal vez el España de Xavi, Pique, Ramos, Alonso, Casillas e Iniesta se recuerde como una rareza, un hermoso paréntesis en la historia de una selección europea.