03. Invitados

MF (Finales) / por Miguel Villafañe

Podría tranquilamente renunciar a escribir un comentario sobre el MF, pero estoy comprometido y ahora que las papas queman no voy a retroceder. Mucho ocurrió en estos días. Hasta el punto en el que decir que la SFBr. fue goleada 7-1 por la SFAl. Y que la SFArg. le ganó por penales  a la SFHol luego de un excelente partido de fútbol, de esos que mantienen la tensión segundo a segundo y que llegó a su climax con las brillantes atajadas de Romero y las excelentes ejecuciones de los jugadores argentinos encargados de patear para su selección, (un trabajo ultraeficaz), es repetir lo que saben hasta los niños de teta.  Honestamente a mi me hubiese encantado que a la final la jueguen la SFBr contra la SFArg. y que a la final la gane la SFBr, para que la fiesta en Brasil se prolongue un poco, como suerte de gratificación carnavalezca para los vecinos brasileños, que se lo merecen después de tremendo gasto de millones de euros, y para dejar de escuchar en estas tierras en imbécil “decime qué se siente…” Pero no va a poder ser, lo siento mucho por ellos y por mi salud mental.

Puesto el foco ahora, esta tarde jugarán la SFBr. contra la SFHol.  por el 3er puesto. Será un partido revancha para los dos seleccionados derrotados y eliminados  respectivamente de la Final de manera contundente. Yo había visto el partido que jugaron los brasileños contra los colombianos y no daba un mango por los locales: jugaron  horrible, con tosquedad, sin gracia y además, encima, la lesión de Neymar de la que inmediatamente los llanuros comenzaron a mofarse…  Al parecer, por estos indicios, una catástrofe se avecinaba. Y ocurrió. En cuanto a la SFHol., luego derrotada por la SFArg, le había ganado en ronda de penales a la SFCR., luego de cumplir al dedillo con una rutina prevista de antemano en la que estaba incluido el cambio de arquero un instante antes de terminar el segundo alargue, incidente que cayó como balde de hielo que sorprendió a todos: el arquero de “laboratorio”, especializado en atajar penales se haría cargo del asunto. Eso y otros rituales de “macho” ejecutados por el arquero holandés en el campo de batalla (solo faltó mear el territorio) combinados parecieron haber “atemorizado” a los jugadores costarricenses al patear, de tan mal que lo hicieron. Contaban con ese golpe de efecto para el partido que jugaron luego contra los argentinos y salió mal? Seguramente. Intervino el azar y se impuso contra la planificación.

Así llegamos a esta final, que se jugará mañana entre la SFArg. y la SAl. ¿Pronósticos? No puedo aventurarme ahora, seguramente mañana me tomaré unos instantes antes de que comience el partido y haré mis reflexiones finales.  Por lo que vi, la SFArg tiene un plus que no vi en la SFAl: pero esta es una apreciación puramente subjetiva, carece del rigor de análisis de los comentaristas de moda. Sólo sé que no me resultaría grato que gane el equipo alemán porque sería una vez más el triunfo de lo mecánico, la planificación, los laboratorios. Además lo quiero mucho a Alejandro Sabella, que fue un gran jugador de fútbol, suplente de Alonso, que lució la 10 de River unos cuantos años en la década del 70 y lo hizo tan bien. Además dirigió un Estudiantes de la Plata letal. Aún hoy recuerdo que la última vez que fuimos a la cancha de River con todos mis hijos, Estudiantes le ganó, para estupor de todas las tribunas locales  4-0, y quiero lo mejor para él.

Sabella parece boludo, no lo es.

El loco / por J.P. Zooey

En su prólogo al libro de Jim Dodge titulado Stone Junction, Thomas Pynchon nombra al dios de los escritores. No se trata de un dios que alivie las perturbaciones humanas, ni corrija las deformaciones del alma, ni tampoco de un dios que riegue con luz al mundo. El dios de los escritores es “el astuto sabio incorruptible que los antropólogos denominan ‘el pícaro’, los alquimistas en activo, ‘Hermes’, y los jugadores de cartas de todo el mundo, ‘el comodín’”.

Es posible entrever más apariciones del dios de los artistas. Hermes en la Antigua Grecia; Mercurio en Roma. También suele encarnar en el arcano 22 del Tarot: El Loco, ese dios tan particular, frágil y temperamental que conoce Dárgelos y habita en Jessico. Tal vez la forma más universal del astuto sabio incorruptible sea el Arlequín, el Guasón, que puede haber aparecido, en el siglo XX, como líder de los chiflados, Moe.

Son muchos los nombres, encarnaciones y apariciones de este dios. Sus características son la soledad, el ánimo inestable, una deriva andariega, ser juguetón y bromista, apreciar la compañía de los perros y los gatos, la vehemencia y el optimismo, y siempre trabajar para un Rey. ¿Quién es el Rey? Yo no lo sé.

A medida que el equipo de Argentina se fue acercando a la final, se hizo más presente el astuto. Estaba desde el comienzo, tatuado en la pierna derecha de Di María. Sabella sintió al bromista en Lavezzi, que lleva la camiseta 22. Pero en la contingencia de Zabaleta se reveló completamente el Guasón (quien fractalmente tiene un comodín en la mano). El domingo veremos cómo el pícaro se enfrenta a Thor.

jpz

MF 3 / por Miguel Villafañe

1.-

HOY ES SÁBADO 15 DE JULIO, son las 9.30 y en pocas horas la SFARg. se enfrentará a la SFBel. por 4tos de final en el MF Brasil 2014. También falta jugar a la SFHol. con la SFCR.: partidazo, no me lo pierdo por nada. Ya están clasificadas la SFBr. (mi preferida) y la SFAl. (una de las favoritas). Ayer vi el partido entre la SFCol. (una de mis favoritas) y la SFBr. Luego del 2-1 a favor de los locales, dos motivos contrapuestos generaron sensaciones contradictorias que me inquietaron un rato, breve, hasta que tuve que ocuparme de la cena: perdió el partido quien quería yo que gane  pero lo ganó quien me gustaría que sea Campeón. Y además, encima: se lesionó Neymar.  Ya sabemos que en la tonta especulación del macho futbolero argentino, el de la “hinchada Quilmes”, el de “Brasil decime qué se siente…”,  que Neimar quede afuera del MF es música dulce para su cerebro entrenado en la “ventajita”: en su razonamiento de larva, fuera Neimar,  la SFBr. se tornaría menos peligrosa y vulnerable… No lo creo. Espero que los jugadores brasileños se fortalezcan y con el apoyo de su magnífica “torcida” puedan vencer sin complicaciones a los representantes del país de los “laboratorios”, y también espero que la SFArg. pueda avanzar en 4tos y en Semifinales y así llegar a una Gran Final en la que, sin Neymar, la SFBr, se corone Campeona. Aunque lo mejor, siguiendo una fantasía digna de Roberto Fontanarrosa, sería que empaten y que vayan a penales y que los jugadores los pateen afuera o sin violencia  a las manos de los arqueros indefinidamente y que, por extinción del tiempo natural del espectáculo, por aburrimiento y desinterés, se lo dé por empatado 0-0, transformándose así el MF de Brasil 2014 en el primero en el que dos equipos comparten el Campeonato. Pero eso no ocurrirá, ni en los dibujos de animé japonés. De este MF no espero  heroísmo, ni  sacrificio, ni desapego, ni virilidad. Sólo formas degradadas espero porque es lo que hay, como se dice,es la “oferta”. Como el caso del jugador (y uno de sus emblemas mediáticos) de la SFARg. llamado  Lavezzi que, para jolgorio y asco de los que tienen que sufrir su tendencia al exhibicionismo, aprovecha la “movida” y factura mostrando pectorales y abdomen  siempre sugiriendo, con carita de baboso, mientras no puede destacarse como futbolista, una compensación acorde con el interés “real” de un segmento de los espectadoras, aperentemente, una vez más, porque sabemos que donde pone el foco la prensa, está la realidad. Y de a ratos está en la jeta de Lavezzi, de a ratos en la de Messi y entre zi y si, irrumpe, inevitable, no. No me simpatizan ni sus proyecciones ni nada de lo que venden, nada. Por eso pienso que sería aleccionador para estos muchachos llegar hasta ahí, porque hasta ahora es premio: no demostraron querer-ir-más-allá. Tal vez hoy, en un rato, no más, lo demuestren como hizo ayer la SFBr. (más…)

La vecina del Mundial sobre la manicure dental / por Graciana Méndez (desde San Pablo)

La realidad es que mi tele grande no funciona desde que nos mudamos. Por lo cual tenemos una tele minúscula que me quita las ganas de ver algún partido. El sábado pasado jugó Brasil y odié su victoria. En esa instancia, el fútbol cobra algún tipo de interés para mí y surge una curiosidad abrupta y precaria. Casi como delirar de fiebre.

El partido de Argentina de ayer se superpuso con mi cumpleaños y fue una buena excusa para no verlo. Sólo espiamos algunos momentos en los bares por los que pasamos. Llegamos a casa 5 minutos antes del final y vimos la victoria. Ahí el fútbol deja de importarme otra vez y puedo volver a mis obligaciones tranquila. Tratamos de disimular nuestra nacionalidad, hablamos español entre nosotros pero graduamos el tono de voz, excepto cuando yo estoy sola con ellos en un parque y quiero saber las intimidades de los otros. Ahí me destapo y soy verborrágica en portugués o español. Tenemos una camiseta de algodón y manga larga de lo más simpática, heredada de nuestro sobrino, pero mis hijos se turnan para usarla puertas adentro. Les compramos  banderitas de Brasil y en la calle somos muy políticos con el “No nos gusta el fútbol” o “Mis hijos son mexicanos”.

Quería mencionar algo que me llamó la atención que es la superposición entre la festa junina y el mundial. Esta celebración ocurre en junio y es muy parecida a una kermesse, se comen muchos dulces típicos y los niños se disfrazan de caipiras  -una cruza de campesino y cowboy, diría- con jean con pitucones, camisa a cuadros, varaba rala y bigotes y sombrero de paja. Muchas iglesias y escuelas organizan esas fiestas que suelen estar abiertas al público. La iglesia cerca de casa, por ejemplo, en el barrio de Pompeia este año decidió poner una pantalla gigante y pasar todos los partidos. La fiesta fue una mezcla de kermesse, con puestos de juegos típicos y comidas. Pero también circulaba mucha cerveza y los colores primarios, lunares y cuadros que se ven en los banderines y demás decoraciones. Ahora es una “copa junina” es todo más verde y amarillo y los borrachos abundan. El sábado fuimos a la fiesta de esta iglesia y en el camino vimos un gag que duró más de una hora. Un borracho se resistía a quedarse en su auto y un grupo de unos cuatro hombres lo empujaban para que no se bajara. Estaban parados al lado de la puerta impidiendo que el piloto borracho se bajara a pelearse con otros que estaban en esa cuadra. El auto estaba estacionado en la puerta de un supermercado muy transitado y eran las 5 de la tarde. Recién a las seis los amigos consiguieron que su amigo cerrase la puerta del auto y partiera manejando en total estado de embriaguez y cólera futbolística. El borracho tenía una camiseta de Brasil y Brasil la había sufrido y ganado. Nunca supimos qué comentario detonó la pelea, ni si hubo pelea. Cuando pasamos por la vereda de enfrente el hombre estaba siendo empujado en el asiento del piloto y como en esos juegos para chicos donde con un martillo se golpea un muñequito para hacerlo desaparecer por un agujero, los amigos, porque se notaba que eran sus amigos, lo empujaban una y otra vez hacia su asiento sin éxito y sin poder conseguir que se quedara sentado y así ellos pudieran cerrar la puerta. Creo que a las 6 de la tarde, el cansancio abrumó al amigo borracho y se rindió en ese juego de tire y afloje.

Festa Junina mezclada con la bandera de Brasil

Otra nota de color es que la fiesta junina es para agradecerle a Sao Joao por las lluvias que cayeron. Este año Brasil está enfrentando una sequía sin precedentes, hoy por ejemplo hay 14% de humedad, SP es un desierto. Pareciera también que sin lluvias es mejor agradecer por el fútbol.

Todo esto era para comentar también que ayer en el noticiero de las 8, pasaron un segmento sobre la moda de los aparatos fijos decorados con banderitas de Brasil. En muchos casos, los usan jóvenes que no necesitan ortodoncia.  Los brasileros le dan mucho valor a los dientes y le dedican mucho tiempo, en los shoppings siempre veo mujeres cepillándose después del almuerzo. Es como una manicure dental, supongo.

Aparatos copa       Aparato mundial

Mundial-selfie / por Julián Fernández Mouján

Supuestamente, este sería “mi” mundial número 11, si pensamos que la competencia se jugó religiosamente cada cuatro años. Contar el de 1974, jugado en –y ganado por– Alemania, es por demás polémico, teniendo en cuenta que se juega en junio y yo nací en la mitad exacta de ese mes, durante ese mundial.

Después de los de –otra vez– Alemania (06) y Sudáfrica (10), mi fiebre mundialista decayó cada vez más, aunque nunca del todo. El nivel de los dos mundiales anteriores era realmente un dolor de ojos insoportable, y la participación argentina en cada uno estuvo marcada por la falta y el exceso de mística, respectivamente.

Esa era, pensaba yo, la razón por la cual no tenía ni la más mínima intención de sentarme a ver un partido que no incluyera la participación de Messi & Cia. Podía verlos, y lo hice, de reojo, en una pestaña oculta del Chrome o entrando en algún sitio que ofreciera la información del partido “en vivo”. Pero nunca tomarme el tiempo –o perderlo– y toda mi atención en efectivamente “verlos”. Hasta que llegó el sábado y no pude resistirme a la tentación de contemplar el partido de octavos entre Colombia y Uruguay. Ahí descubrí que la razón de mi negativa a presenciar un partido completo por el cual no sintiera nervios no estaba en el nivel de la competencia en sí ni en mi –casi– nula esperanza en el futuro del fútbol. Lo que me molestaba por demás (me molestó, y lo sigue haciendo) eran los paneos y/o los primeros planos del público que se encuentra viviendo la cosa en la platea (en el mundial no hay populares, ¿no?).

Está claro que este pormenor en las transmisiones es una cuestión intrínseca de cada partido que miramos por televisión, y es algo que incluye a los partidos de “mi” selección y por lo tanto hay que bancársela (al menos hasta el día en el que decida no ver más partidos de la albiceleste). Pero no en Colombia – Uruguay.

Con el final del partido ahí nomás, y el irreversible 2-0 a favor de los de Pekerman, la cámara toma (¿“ponchea”?) a un pelado hincha de Uruguay, ya sin gente en las butacas de al lado, totalmente desolado y triste por el inminente adiós de la celeste de Brasil 2014. En los hombros tenía una bandera de su país y en un momento el señor, que rondaba los 45, se percata de que su cara de orto está saliendo en las pantallas del estadio. Estaba siendo parte del “mundial selfie” (no me atribuyo ninguna originalidad por el mote) y se quedó mirando a cámara, serio. Con mi hermano quisimos alentarlo a que –al mejor estilo Lanata– levante su dedo mayor a cámara, o que module un insulto, escupa, algo por el estilo. De hecho lo verbalizamos, como si nos escuchara, buscando una señal de esperanza, de rebeldía, de cierto romanticismo al pedo.

Antes que él, varios de sus compatriotas presentes habían tenido sus cinco segundos de TV sonriendo y saludándose a sí mismos, a pesar de la derrota y de la tristeza que uno espera encontrar en un hincha furioso por la eliminación de su equipo. No, con sus vasos de Budweiser ellos se levantan, gritan –aunque el sonido no sale–, muestran sus gorros, sus máscaras de témpera, sus falsas credenciales de hinchas, su falta de enojo. Codean a sus hijos, amigos, maridos, esposas para que no pierdan la oportunidad de “verse” y ver como es mirarse; o ver como los demás ven como se están viendo; aunque no puedan hacer todo, a la vez lo intentan.

Sin llegar nunca a entenderlo, o sin siquiera intentar comprenderlo, voy a seguir viendo los partidos del mundial (no pienso perderme un partido en el que juegue James Rodríguez) a pesar de este detalle que me horroriza y, tal vez, deja en evidencia mi intolerancia. No hay alternativa.

jamesteamo

Bo’ caníbal  / por Martín Zariello

La idea que subyace detrás del SuárezGate es conocida: el fútbol como continuación de la guerra por otros medios. Antes, buena parte de la energía humana se canalizaba en la adhesión a ideologías o religiones que terminaban creando dogmas peligrosos que desembocaban en conflictos bélicos. De un tiempo a esta parte ese mismo espíritu de confrontación se trasladó al fútbol, un espectáculo de resonancia masiva que genera millones de dólares, se apropia del público y no provoca tantas muertes como Vietnam. Por esa misma razón, antes del partido entre Argentina e Inglaterra en el 86, Jorge Valdano dijo algo genial: “Este es el partido perfecto para que se confundan los imbéciles”.

Cuando Maradona fue suspendido en el 94 yo tenía diez años. Recuerdo el día en que se dio a conocer la noticia. Al apagarse las luces de mi habitación, yo no cerré los ojos ni pude dormir: me quedé despierto toda la noche pensando en Maradona, en la Selección, en cómo, de un segundo a otro, podían hacerse pedazos todos los sueños que yo había craneado alrededor del Mundial. En ese momento, el apartheid, la dictadura militar, el genocidio armenio y el Holocausto me parecían estupideces al lado de la injusticia mayor: que la FIFA no dejara jugar a Maradona por tomar Efedrina.

Después crecimos y nos enteramos que la efedrina no fue suministrada por Havelange o Julio Grondona, sino por Daniel Cerrini, un preparador físico inexperto que el mismo Maradona había llevado a Estados Unidos como parte de su entorno. Cerrini también fue el responsable de que Maradona abandonara su figura de deportista ochentoso retro para convertirse en un verdadero atleta de los 90: pelo corto, delgado, abdominales marcados.

El caso Suárez es bastante diferente al de Maradona, pero se relaciona en el sentido de que llegado el caso, cegados por el fanatismo, podemos inventar una conspiración donde sólo hubo negligencia o un desborde psicológico. ¿Qué hubiese pasado si el mordisco hubiese sido de un tipo odiado como Cristiano Ronaldo o un jugador desconocido de Corea del Sur? Si la FIFA se ensañó con Suárez porque no quiere que Uruguay siga avanzando en la Copa: ¿por qué no hace lo mismo con Robben, Messi o el plantel completo de Alemania? ¿De qué debilidad puede jactarse Uruguay, un equipo con jugadores de las mejores ligas europeas, que viene de ganar la Copa América, tiene una tradición histórica en el deporte y dejó afuera a Inglaterra e Italia?

La verdad es que la FIFA es una empresa que hace negocios y a sus dirigentes les hubiese convenido que Suárez, un jugador fabuloso y carismático (cuyo pase vale 58 millones de dólares), siga jugando el Mundial. Sin embargo, como toda empresa, la FIFA hace el mal sin pasión y tiene su reglamento de cosas prohibidas. Entre ellas tomar efedrina o morder rivales. Claro, estamos de acuerdo, aceptar eso es mucho más aburrido que pensar que Suárez es una célula terrorista implantada en el corazón del Imperio o que Maradona fue un grano en el culo de algún Poder Corporativo.

Notas sobre el MF / por Miguel Villafañe

1.-

Ya transcurrió la primera ronda eliminatoria del MF Brasil 2014. Algunas selecciones de futbolistas quedaron afuera del  mismo: Ecuador, Japón, Bosnia, un puñado de selecciones de países africanos y asiáticos y algunas  ultramenores como España, Inglaterra e Italia. Un alivio: dejaremos de padecer el triunfalismo español y el italiano tan irritantes como el de sus descendientes en el exilio llanuro, los llamados “argentinos”.  Por otro lado, hacia la segunda fase —con amplias expectativas de seguir avanzando—, las selecciones de futbolistas  de Suiza, Alemania, Holanda y Brasil y, en otro grupo, los futbolistas seleccionados de Chile, Colombia, Uruguay, Argentina, etc., quienes concitarán la atención y el fervor de los hinchas sudamericanos que las quieren ver Campeón… Como ya lo dije, este redactor desea que  al MF lo gane la SFBr., bastante invirtieron en la fiesta, bastantes quilombos internos vinculados con la economía  tienen y no hay por qué, como se dice, ir a “escupirles la freijoada”, y mofarse de ellos en la cara. Además los futbolistas brasileños  me caen mejor que los jugadores de la SFArg. quienes hasta ahora demostraron ser  un puñado de atletas que solo lucen cuando juegan con otros atletas de alto rendimiento especializados en fútbol  en la Liga Europea (y no con sus con nacionales, a los cuales detestan y envidian, se nota la falsa camaradería que los une en las imágenes que transmiten los medios masivos de sus  llamados “entrenamientos”)  y por sus gestos totalmente reñidos con el fair play ( por ejemplo festejar el gol en contra de Bosnia en el 1º partido, rociar con agua al DT y reírsele en la jeta, como el frustrado Lavezzi).

También me gustaría que Colombia llegue lo más alto posible: me da alegría verlos festejar y agradecer a Dios cada vez que hacen un gol. Pero reflexionando luego, para ser honesto, ¿Cuál sería mi actitud si la SFArg. fuese eliminada el martes en su partido contra Suiza? ¿Y si queda relegada a un segundo, tercer o cuarto puesto, eso me daría alegría, satisfacción? No sé… No sé… Pienso en los niños y niñas pequeños y sus conciencias lavadas con el insistente “la pulga la pulga la pulga” o “masche masche masche” o “el pipita, el pipita el pipita”, también por las imágenes torturantes de la TV Pública con el martilleo insistente tras un heroísmo hueco que remite —entre otros tan lamentables— al irritante Tamborcito de Tacuarí y demás vestigios de una iconografía decadente, que apesta, condicionados como idiotas sus sentimientos de acuerdo a si la pelota entra en un arco o en otro, pienso en esos niños y en sus padres también imbéciles y digo, más bien, en qué clase de ser insensible me he transformado que no puedo gozar de la fiesta popular que me propone la FIFA  cada cuatro años.

Pienso en los niños, insensatos y estupidizados ante la tele, pienso en sus progenitores  que deberían ocuparse de ofrecerles un mejor entretenimiento y sólo siento asco…, y pienso, bueno: que gane la SFArg., si a mí me importa una mierda el MF, porque,  pienso que, bueno,  no está mal imbecilizarse cada tanto, total vamos con la cabeza llena de mierda siempre,  así que si en lugar de mierda la cargamos con una pelota que va y viene, que va y viene, que va y viene, mientras algunos la corren, otros la patean, otros la cabecean… qué importa: no soy un tarado como Sebreli!

2.-

Hoy para ponerme al día con el MF compré un paquete de figuritas oficiales de Panini ($5.-): algunas ya no sirven de nada, como por ejemplo una donde están todos los jugadores de la Selección de Fútbol de Australia, otra de Yasuyuki Konno de la SFJap.. Sí hay en el paquete una con el escudo de la DEUTSCHER FUSSBALL-BUND: una belleza. Un águila negra con las alas extendidas sobre fondo blanco, enmarcada en un círculo acero y, al pie los colores de la bandera de Deutschland. Negro, rojo, amarillo. Los creadores del fútbol moderno. ¿Será premonitorio? ¿Aumentará de valor esta figurita si la SFAl. gana el MF? No lo sé.  Además en el mismo lugar donde compré las figuritas me compré la Revista Olé ($5.75) con mucha información sobre el partido Argentina (3)-Nigeria (2). Entre fotos de atletas enfundados en los colores de sus banderas nacionales,  lo más impactante: la  publicidad de un método para facilitar la erección del miembro viril a varones  impotentes (en este número de colección hay 2 anuncios a página completa sobre el “producto”). Notable, si consideramos que el principal valor que exuda la revista es una dosis alta de testosterona   y el consabido olor a “huevo”, que se opaca ante la sospecha de que seguramente entre los lectores a alguno no se le para. Por otro lado, pensaba, creo, si mal no recuerdo,  ¿a algún gomero o tallerista  se le ocurriría pegar el poster donde luce  semejante hembra en una pared del taller entre llaves, destornilladores y otros fierros a sabiendas de que donde antes había un  macho vergadura ahora yace  un cocainómano y alcohólico impotente que necesita de estímulos para simular que “se la banca”?

Sí sé que mi colección de figuritas y publicaciones sobre el MF va creciendo. Una vez terminado el MF voy a juntar todo eso, lo que acumule, más estas notas y lo guardaré en una caja de archivo con el rótulo “MF BRASIL 2014”: se lo legaré a la posteridad, para que queden vestigios de las idioteces a las que se dedicaba un ser humano ocioso a principio del S. XXI. (más…)

Suárez y Calibán, el castigo/ por Jorge Monteleone

 
Suárez imagen
La Comisión Disciplinaria de la FIFA ha decidido lo siguiente:

1. Se considera culpable al futbolista Luis Suárez de haber violado el art. 48, apdo. 1d del Código Disciplinario de la FIFA (CDF) al agredir a otro jugador, y el art. 57 del CDF por haber cometido una ofensa a la deportividad contra otro jugador.

2. Se suspende al jugador Luis Suárez por nueve (9) partidos oficiales. El primer partido al que se aplicará la sanción será el próximo encuentro de la Copa Mundial de la FIFA™ entre Colombia y Uruguay, que se disputará el 28 de junio. En virtud del art. 38, apdo. 2a del CDF, el resto de la sanción se aplicará a los siguientes partidos de Uruguay en el Mundial si esta selección sigue avanzando en el torneo o a los siguientes partidos oficiales de la selección uruguaya.

3. De acuerdo con el art. 22 del CDF, durante cuatro (4) meses, se le prohíbe a Luis Suárez ejercer cualquier clase de actividad relacionada con el fútbol (administrativa, deportiva o de otra clase).

4. De acuerdo con el art. 21 del CDF, se prohíbe, asimismo, a Luis Suárez entrar en los recintos de todos los estadios durante el período de duración de la prohibición (v. punto 3). El jugador tampoco podrá entrar en los recintos del estadio en el que la selección uruguaya dispute un encuentro mientras esté cumpliendo con los nueve partidos de suspensión (v. punto 2).

5. Además, se le impone una multa que asciende a 100.000 CHF.

Resolución de la FIFA comunicada el 26 de junio al jugador Luis Suárez y a la Asociación Uruguaya de Fútbol.

 

“PRÓSPERO

Por hacer eso, tendrás calambres esta noche
y punzadas que ahogan el aliento. Los duendes,
que obran en la noche, clavarán
púas en tu piel. Tendrás más aguijones
que un panal, cada uno más punzante
que los de las abejas.

CALIBÁN

Tengo que comer. Esta isla
es mía por mi madre Sícorax,
y tú me la quitaste. Cuando viniste,
me acariciabas y me hacías mucho caso,
me dabas agua con bayas, me enseñabas
a nombrar la lumbrera mayor y la menor
que arden de día y de noche. Entonces te quería
y te mostraba las riquezas de la isla,
las fuentes, los pozos salados, lo yermo y lo fértil.
¡Maldito yo por hacerlo! Los hechizos de Sícorax
te asedien: escarabajos, sapos, murciélagos.
Yo soy todos los súbditos que tienes,
yo, que fui mi propio rey; y tú me empocilgas
en la dura roca y me niegas
el resto de la isla.

(más…)

Ciborg mundial II-Error de transmisión/ por Agustín Alzari

“We did it!!!!” tuiteó Miguel Nicolelis. Pero el mundo, ese mismo mundo por el que había rodado la noticia de que un parapléjico armado con un exoesqueleto robótico se pararía de su silla de ruedas, caminaría hasta la pelota para dar nada menos que el puntapié inicial del mundial, no pudo verlo.  kari_dewilde lo resumió en un comentario en la página de TN: «tanto esperar y no se vio nada!!! que caradura el de la camara!!! sinverguenzaaaaaa,que estaba haciendo!!! era un momento tan esperado y re anunciadoooo!!! pobre muchacho paraplejico, mejor q ni se entere que no lo vio ni el lorooooo!!!!»
Pero kari_dewilde es, además de un toque forra, una cándida. No hubo error de cámaras, kari, menos de transmisión en el sentido usual, televisivo: la cosa jamás sucedió. El tipo no entró a la cancha en una silla de ruedas, ni se puso de pie, y ese toque casi imperceptible con el que mueve un metro y medio la pelota tranquilamente pudo haber sido una orden remota dada por alguno de los tipos que sostienen desde los laterales al BRA-Santos Dumont 1 (nombre de fantasía del exoesqueleto) que a su vez mantiene en pie al ex atleta Juliano Pinto.
Lo que hubo, kari, es lo que hay: que no podemos todavía acceder a la info del cerebro de esa manera. Las señales que salen de la corteza son muy débiles y un millar de brasileros bailando alrededor en la inauguración de un mundial no ayudan para nada. Fue un error de transmisión entre dos mundos, el mundo de las neuronas (que es negro y con brillitos centellantes) y el de los fierros. Las neuronas todavía se resisten al plug directo. Error de transmisión de datos. “We did it!!!!”, tuiteó Miguel Nicolelis. Pero kari_dewilde sigue sin ver nada.

 

7 postales del Mundial desde París/ por Miguel Ángel Petrecca

1. Es el jueves a la mañana, el jueves de la inauguración del mundial. En el correo de la vuelta de casa los empleados llevan cada uno una banderita prendida del pecho: diviso Uruguay, Italia, México, Brasil, Argentina, girando atareados por el salón, mientras espero mi turno detrás de un africano que despacha una carta a una amiga en Alemania. Sobre el dorso del sobre papel madera el nombre de la destinataria está escrito en una letra grande, redonda y esmerada, un poco temblorosa. Le pide a la empleada que le muestre estampillas: la empleada va sacando una por una: de Margarite Duras (“sí, póngame un par de esas”), del oso panda (“hermosa, sí, tres de esas”), por último una conmemorativa del Día D: “Sí, también.” Aunque no sé si a los alemanes les va a gustar, agrega, bromeando. En ese momento, miro el teléfono y veo un mensaje de whatsapp. Me bajé el programa hace un par de horas, como si fuera especialmente para el mundial. Se me ocurre que así como el del 78 fue el de la tele a color, cada mundial queda asociado a una tecnología: este va a ser el mundial del whatsapp, le comento por whatsapp a mi amigo. Al menos para mí tal vez, que por primera vez paso uno fuera de Buenos Aires. Mi amigo me cuenta que se acaba de pedir dos semanas de vacaciones y que se compró una tele nueva. Para qué una tele nueva, si ya tenía una enorme. “Esta es más grande, es mejor.” Y me manda la foto de la tele por whatsapp. Efectivamente, es una tele enorme.

2. A la noche del mismo día, voy a ver el primer partido del mundial a una casa donde organizan una pequeña fiesta de inauguración. El departamento está en una zona africana de la ciudad, en el barrio 18: 90% de caras negras, peluquerías africanas, negocios de ropa, restaurantes africanos. Un barrio de mucho movimiento. Pero ahora son las 9 (iba a decir “de la noche”, en realidad estamos a plena luz del día), las persianas de los negocios están cerrados y sólo quedan algunos restaurantes y grupos de africanos que charlan en la calle, basura en las esquinas. En frente del depto, una peluquería: “OBAMA FASHION”, con la imagen del presidente americano en la vidriera. Arriba me encuentro con mi amiga Laura y su esposo Obi que acaban de volver de Etiopía: ellos vienen de la verdadera África, bromeamos. Se va llenando el lugar, se termina el guacamole, viene el couscous, se mueven unos sofás de lugar y todos se acomodan para ver el partido. La hinchada, francesa, se inclina hacia el visitante (aunque hay un par de remeras brasileñas entre la concurrencia), se escuchan entusiastas “allez, allez” cada vez que los croatas atacan, se grita con júbilo el gol. También es muy festejado el gesto del árbitro japonés de pintar la raya del tiro libre, su astucia de inmediato se asocia a la proverbial ingeniosidad japonesa. (Nadie sospecha que el japonés se convertirá poco después en el villano). En el entretiempo, me doy cuenta de lo poco que sé sobre el equipo francés: con la salida de Ribery, se fue casi el único jugador que me decía algo. Así que la conversación junto al balcón, con otro fumador, se va inclinando hacia el pasado, hacia el mundial que ganó Francia, luego hacia el cabezazo de Zidanne, luego más atrás de vuelta, hacia el 86.

3. Más tarde, esa misma noche, circa 2 de la mañana, bandas de brasileños deambulan eufóricos por los alrededores de la gare de Lyon o toman una última cerveza en los bares que nunca cierran, o que se mantienen abiertos, a desgano, hasta muy tarde. (más…)

Vecino efusivo y la moda en Brasil / por Graciana Méndez (desde San Pablo)

DanyNos mudamos de barrio, de condominio, que es básicamente un edificio con muchos vecinos. Estuvimos sin internet y conseguí pispear algunos partidos mientras desmontábamos cajas y montábamos muebles. Mi tele empezó a fallar ayer, bajamos un programa y actualizamos el software. Mañana sabré cómo sigue.

Tomé mucho transportes, especialmente subte  y taxi. Me llamó la atención en la Av Paulista y en el metro el día del partido de Brasil el estilo hippie chic de algunas brasileñas. Muchas marcas han sacado colecciones en homenaje al mundial, también. Mi celular también estuvo fallando, misma marca que mi tele,  y no pude documentar con fotos, así que agrego algunas que bajé de internet a modo de ejemplo.
Yo misma tuve que enviar a mis hijos disfrazados con los colores de la bandera de Brasil el día del partido. La maestra me había puesto en la agenda: “Mamai, amanha o Uli pode vir caracterizado com a camisa do Brasil e muita criatividade!”. Para mí, mundial es casi como carnaval, una excusa para disfrazarse y hacer papelones. A mis hijos les pusimos remeras, short  y medias  con los colores azul, verde y amarillo. Claro que no teníamos camisetas de Brasil. Así tomamos el subte y llamaron bastante la atención no solo porque son mellizos desparejos,  sino porque hablamos en español, portugués y portuñol  y principalmente porque pocos chicos chicos viajan en metro, y fundamentalmente porque por el momento son un simulacro de Brasil.
Cuando locopa-fashion s fuimos a buscar nos los entregaron con jopos y maquillaje azul y amarillo. Las nenas tenían los párpados verdes. Caminamos hasta la Paulista, tomamos el metro y bajamos en Vila Madalena, la estación que sigue a la que usamos comúnmente. Ese día hubo un record histórico de tránsito, la mayoría de la gente salió más temprano del trabajo, tipo 14 hs y eso causó una galleta tDress Toal que la mayoría siguió el primer tiempo desde el medio de transporte en el que estaba. Por eso mismo este lunes la cámara de diputados se opuso a decretar asueto y suspender el “rodizio”, equivalente al “hoy no circula” mexicano.
Nosotros optamos por evitar el taxi del metro a casa y subir la cuesta de 10 o 12 cuadras que nos separa de la estación. Así y todo llegamos con tiempo para tomar la merienda y hacer pochoclo para ver el partido. La tele se prendió a las 15.50 pero la verdad es que el partido lo seguimos de reojo mientras hacíamos otras cosas.
Antes de SP vivimos 5 años en México y el día del partido, confirmé mi instinto por ahora me siento más mexicana que brasileña. Varios años antes en la casa de una amiga del DF, gritábamos los goles de Argentina con un orgullo inusitado, un orgullo enrarecido por ser “de afuera” . El mundial anterior a ese estaba en Bs As y vi un partido en la casa de una amiga brasileña que vivia ahí. El partido era Brasil contra alguien que no era Argentina y claro que hinché por Brasil, era el país querido por mi amiga. Con mis hijos, que nacieron en México, es un poco así la cosa, quiero que quieran a Brasil, quiero que sepan sambar, surfear y bailar capoeira, que hablen portugués y español. Que me digan: Mamãe, viste?   Por eso les sigo el juego nacionalista en el jardín. (más…)

Ochoa y el cero / por Jorge Monteleone

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Cuando el arquero mexicano Guillermo Ochoa abandonó triunfante el campo de Brasil, el sitio de los mayores campeones de la historia rodeado de miles de hinchas brasileños cuyo equipo no pudo ganarle a México, especie de David frente a Goliat, dijo que “sacar el cero allí no es fácil”. México le jugó a Brasil de igual a igual y el resultado de cero a cero tuvo el aire de una hazaña –aunque se olvida que en los juegos olímpicos México le arrebató a Brasil la medalla de oro y por eso había un implícito clima de jactanciosa revancha–. Las cámaras de televisión, al finalizar el encuentro, siguieron la figura del mejor jugador de la cancha: el arquero mexicano. Y luego siguieron la habitual figura del mejor jugador de Brasil: Neymar Jr.. De allí que el punto más alto del encuentro fue su enfrentamiento a los 25 minutos del primer tiempo: un cabezazo perfecto y mortífero de Neymar que desencadenó una veloz, armoniosa, extrema y suspendida atajada que realizara el arrojado metro con ochenta y tres centímetros del cuerpo del Memo Ochoa, y así alcanzó la pelota con la punta de los dedos de la mano derecha para frustrar el primer gol cantado del único equipo local y favorito automático, el pentacampeón Brasil. Esa fue la jugada que eligió Ochoa entre sus grandes atajadas (como ese zurdazo de Neymar que le paró con el pecho) y que en ese partido histórico evitó que la valla de México cayera otras tantas veces.

El gol es el acto máximo del fútbol y el que produce goles, en forma directa o indirecta, es el ídolo indiscutido del equipo. De hecho, cuando aquellos jugadores que no están habituados a realizar goles los hacen, un raro placer recorre la lógica de lo impensado. La gloria de un arquero es opuesta: su objetivo es impedir el tanto y su galardón supremo es la nulidad, el arco sin goles. A tal punto su acción se invierte, que en un deporte llamado literalmente “balompié”, debe usar las manos. Si cualquiera de los jugadores de un equipo alcanza su mayor eficacia ejecutando el uno, realizando el tanto, el arquero obra en sentido inverso. Ochoa cumplió esa tarde con la función  arquetípica de todo arquero: ser el artífice del cero.        Lo consiguió no menos de tres veces con esplendor. Como a toda acción extraordinaria, un aire secular lo frecuentaba: nació en Guadalajara y en su tierra no sólo habitaban los aztecas sino también los mayas,  esa civilización cuyas matemáticas inventaron antes que otras una de las máximas creaciones del genio humano: el cero.  No menos de tres veces el Memo Ochoa le inventó ceros a Brasil y sobre todo le infligió el antiguo símbolo al ídolo, al ícono, al eficaz número 10 Neymar. En esa aritmética de la nulidad, el 3 que seguía al 1 para formar el 13 en su camiseta color azul eléctrico, también llevaba un signo secreto. Guillermo Ochoa es un tapatío, nombre dado a los nacidos en Guadalajara y que deriva de la palabra de origen náhuatl tapatiotl, que significa: “vale por tres”.

Pirlo y el Tao / por Jorge Monteleone

Pirlo

La imagen del gigantesco mediocampista Andrea Pirlo en ese clásico inmediato que fue Italia – Inglaterra tiene el aire melancólico de un maestro que está a punto de abandonar con perfección su propio arte. Pirlo parece transformado: se lo veía a lo largo del tiempo con ese aire vagamente rocker que parecía ralentar los movimientos como un blusero y, al disparar el pase justo o realizar un gol de media distancia, transformarlos en actos de una precisión y de una belleza tales que parecían hacer converger los patrones de la física y la armonía en el azar inmotivado. Aquel Pirlo que corría con el pelo al viento y como reconcentrado en su instrumento perfecto, un día, presa del tedio, acusó el paso de los años y se dejó la barba. Pasados los treinta en el fútbol, el jugador se vuelve un hombre veterano. Pirlo, con 35 años, juega su último mundial. Su imagen en la selección azzurra era la de este hombre maduro, barbado, de ojos cansados, que parecía vivir en una prescindencia plena de los hechos y al mismo tiempo entregarse absolutamente a su arte. Diego Maradona sentenció sobre él una frase que parece un koan: “Hace cuatro años que Pirlo no erra un pase”.

En el partido que Italia le ganó a Inglaterra las dos jugadas más extraordinarias de Andrea Pirlo fueron más allá del acto mismo: la primera fue un pase que realizó sin tocar la pelota, una especie de movimiento ausente cuya principal acción consistía en no hacer. Para todos Andrea Pirlo viene a buscar el pase que le da su compañero: se espera que el gran jugador tome la pelota para disparar al arco, como es habitual. El defensor va hacia él y, puesto que será Pirlo el que va a disparar, toda la defensa está expectante. Pirlo viene corriendo en diagonal ante el pase frente al arco, parece que en efecto va a tomar el balón y, sin embargo, no lo hace. Hay que observarlo varias veces en cámara lenta: parece que va a actuar con la decisión de siempre, parece que todo su cuerpo se dispone a realizar lo habitual y, de súbito, el balón lo atraviesa, pasa de largo y él para la carrera, como si su movimiento consistiera en realizar un pase mediante el mero hecho de que la pelota pasara de largo. Él sabe que su compañero Claudio Marchisio está a su espalda: lo sabe porque en algún instante ciego para todos Pirlo, siempre, ve. Esa inadecuación, ese fragmento desviado del tiempo en lo impensado hace que Marchisio la reciba y haga el primer gol de Italia con un derechazo certero. Fue también un engaño (“no una trampa, un engaño”, como aclaró Norberto Verea en su comentario), o una prestidigitación, pero, en todo caso, un timo italiano a la agresividad inglesa, lo cual siempre nos suena vindicativo. Algo nuestro está allí, algo de truco criollo y de mano de dios taura está allí, remoto y genealógico.

El otro acto es un tiro libre. Pide hacerlo casi con displicencia. Son 35 metros de distancia, un espacio desmedido: tantos metros como años tiene el ejecutante genial, rara confluencia de un patrón numérico que también se dio en el minuto 35 en el que Marchisio hizo el primer gol. Se forma lejos la barrera. Pirlo ejecuta el disparo. El balón hace una comba y se dirige a metros por arriba del arco. Se espera que la pelota vaya en esa dirección, afuera, pero es un remate de Andrea Pirlo, donde interviene menos el azar que la forma. “El arquero Joe Hart se mueve, como si hubiera desvío en su barrera. No hay. Es el efecto” describe en su crónica Juan Pablo Varsky. En ese breve momento toda la barrera parece moverse y el más alto salta inútilmente porque la pelota está muy alta. Hasta que la pelota baja en el espacio exacto, baja hacia el arco, como si fuera el trazo preciso de un ideograma en el aire. Nadie podría atajar ese disparo. Sólo el travesaño: es allí donde golpea la pelota. El gol no se realiza pero la belleza de ese movimiento es pura, es inútil, es absoluta. La crónica de Varsky dice que el arquero rival le dijo: “¡Wonderful!”. Ver ese disparo no es menos emotivo que la negación de su eficacia. Incluso su gratuidad, su inutilidad lo vuelve un arte que no espera nada más que su propio despliegue. No fue un gol, pero fue un tiro al arco ejecutado por Andrea Pirlo, que mira de soslayo y gira sobre sí para irse a otra cosa.

En ese partido, Pirlo realizó –según registró la tecnología– 112 pases de los cuales falló sólo 9. Y entre ellos NO estaba ese pase ausente que consistió en dejar pasar la pelota. Se registraron así dos actos puros: un pase sin tocar el balón que terminó en el gol de Claudio Marchisio; un gran disparo que pegó en el travesaño. En ambos, con ese aire desapegado del que de pronto se sitúa en el ejercicio del vacío, Andrea Pirlo realizó el Tao: porque “el Tao nunca actúa, pero todo lo hace”.

Forza Azzurra 2/ por Malena Rey

“Le sensazioni sono ottime, abbiamo lavorato in maniera mirata per arrivare pronti fisicamente e mentalmente. A Balotelli chiedo di avere un carattere deciso, ma sempre leale. Sapremo onorare la maglia azzurra”, dice Prandelli, el DT de Italia, en conferencia de prensa antes del partido con Inglaterra.
Y yo me quedo pensando sobre todo en otra observación que hizo, bastante innecesaria. Dijo que los primeros partidos de la copa nunca son decisivos. Claro que no había visto el baile de Holanda. Hermoso baile.
Tengo mucha expectativa con los Azzuri (así le dicen al equipo tano), pero no quiero adelantarme porque prefiero verlos en la cancha.

Algunas cosas que hice para entrar en clima:

-empezar a seguir en twitter a un periodista deportivo de La Gazzetta dello Sport llamado ANDREA ELEFANTE, que estaría cubriendo desde Brasil (Andrea es nombre de hombre en Italia).

-comer pasta ayer. Escuchar dos discos de Franco Battiato.

-tratar de descifrar por qué la camiseta italiana es azul, cuando ese color no está en su bandera (Strafacce me tiró una hipótesis).

-chequear quién va a ser el árbitro del partido: el holandés Bjorn Kuipers. Hola, Bjorn.

UEFA Champions League - Borussia Dortmund v Arsenal FC

-escribirle un mail a mi amigo italiano #MatteoNucci. Desde Roma, caracterizó con pocos y justos trazos el espíritu de los Azzurri (me gusta mucho como Matteo maneja el español)

“Los 23 que Prandelli elegió no me gustan. No hay campeones y no hay jugadores que tienen ganas. Creo que el mismo Prandelli es un bien entrenador pero le falta algo. Balotelli es una guapita que se mira al espejo. Cassano es un loco que perdió su tiempo. De Rossi no quiere crecer. Lo único que me gusta es Pirlo, un gitano con alma. Pero, Malena, la selección italiana es increíble. A veces logra conquistar éxitos inesperados justi cuando todo parece en contra.”

Vamos por esa épica, muchachos.

 

Las lenguas del mundial / por Violeta Kesselman

Arcos alrededor del mundo

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Guía de pronunciación para la selección rusa durante el Mundial de Brasil 2014
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O umbligu du mundo / por Javier Diz

Puedo decir de memoria el plantel completo del equipo argentino que ganó el mundial del 86. Les puede parecer que no es tan complicado. Pero hagan la prueba. Van a ver que se hacen bardo con dos o tres nombres. Bueno, yo no (“ay, él”). No descubro nada al creer que esta proeza innecesaria es algo lógica, tratándose de un equipo del que la mayoría de los jugadores vienen desfilando desde entonces por cualquier recuento deportivo lastimero que se arma de tanto en tanto, sumado a la repetición de aquellos partidos hermosos. Pero no. La posta es que cuando pasó yo tenía trece años. Y a esa edad, cuando uno está virgen de todo, sabemos que la información de aquello que nos vuelve locos (fútbol y música, de este lado del mostrador) se clava con una intensidad descomunal (también puedo cantar, completos, los solos de guitarra y teclado de muchas canciones de Dire Straits, y ya no puedo hacer nada con esa maldición). Y si ese “aprendizaje” es estimulado con algún que otro ritual obsesivo, ya está.
La cuestión es que en junio de 1986 me levantaba todos los días a las 7 am para ir al colegio. Y en junio de 1986 hacía ya tres años que compraba la revista El Gráfico. A veces la compraba en el kiosco, otras veces me la traía mi viejo. Pero por alguna razón, ese año la acercaba el diariero a mi casa, casi al mismo tiempo en que yo encaraba para el colegio. Así, solía ocurrir que solo tenía tiempo para pispear la tapa, ojearla en cinco segundos con mi mochila ya colgando, y dejarla en casa para leerla con tranquilidad a la vuelta. Pero la previa del mundial me había enloquecido. Me comía los codos el hecho de esperar a los martes –los días en que la revista salía. Estaba tan on fire que ni siquiera podía esperar a que la revista pase por debajo de la puerta, y mucho menos a leerla a la vuelta del colegio. Había que hacer detripascorazón: levantarse una hora antes, caminar dos cuadras al kiosko –de noche, y cuando los inviernos eran de verdad-, y traerse la revista bajo el brazo. Después, la mejor media hora de toda mi vida. No recuerdo sentir tanto placer como aquel escalofrío que me provocaba devorarme la revista, café y tostadas en mano, y el sonido de la voz de mi vieja a mis espaldas, que trataba de decirme alguna cosa que yo no podía atender. También recuerdo que en el colegio me iba pésimo.
Dejé de comprar El Gráfico un año después de todo eso. Argentina no volvió a ganar un mundial. Tampoco recuerdo el plantel completo de ninguna otra selección argentina de ninguna época. Y fue en algún momento después de la catástrofe de Corea-Japón 2002 cuando recordé con fuerza ese ritual de los martes helados y felices. Solía decir, en joda, que Argentina no ganaba un mundial porque yo no me levantaba los martes a las 6 para ir a comprar El Gráfico. Lo dije una vez. Lo dije dos. Pasó el mundial 2006. Lo dije tres. Alguno empezó a chicanearme con que iba a tener que repetir aquello. Pensé en hacerlo como un juego simpático. Cada uno con su locura, pero en la mía yo era el responsable de que la selección no llegara siquiera a la final. Y esa cuestión se volvió uno de esos temas a los que uno se refiere entre risas pero interiormente siente que hay algo que se retuerce, incómodo. ¿Y si de verdad era culpa mía? No lo había intentado, así que no lo podía saber. Para mí era “fifty-fifty”, como dicen por ahí. Había que hacerlo en 2010. Porque estaba “eldiego”, por eso de la mística del 86. Y no existía algo con más mística que aquel bello y poderoso ritual personal que tenía que repetir. Pero el universo me traicionó, me olvidé, y nunca lo hice. Me distraje, seguro. Y nos comimos el chamuyo de Alemania. “Ya fue, el próximo lo hago de una”. Pero estamos ahora, acá, y El Gráfico en 2014 es mensual. ¡Mensual! Así que sonamos. No habrá más martes helados, ni más rituales, ni gloria. Les pido perdón de antemano. Juro que lo intenté.

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Ciborg mundial / por Agustín Alzari

1.
Una cierta limitación en la capacidad de cálculo de los procesadores de la PlayStation termina por modelar una estética de cosa demasiado prolija, tersa, en el aspecto de los jugadores. A nivel de movimientos de juego genera la posibilidad de loopear las previsibles secuencias que llevan al gol. En un estado de arte, las que llevan al golazo. No es lo que los diseñadores pretendían: ellos mueren por la mugre, por el humo, por la sangre, el azar, la depresión, el asado y el vino. Ellos quieren la realidad. Pero para que eso suceda en la pantalla hace falta una Pentium del tamaño del sol. Igual no importa. Los muchachos no paran de jugar a la Play. En las casas después de los entrenamientos, en las habitaciones de los hoteles para matar el tiempo en las concentraciones. Se vuelven adictos a sus propias imágenes sintetizadas.  También a los loops secuenciales de arte menor y a los loops secuenciales en estado de arte. Es casi zen lo que ocurre. Una transmutación. El tiempo lento del progreso tecnológico les da tiempo real para aprender. La limitación de proceso (estrictamente, la relación costo beneficio en la fabricación de los artefactos) se hace estética. El loop de comandos toma los cuerpos y zas!
… De vez en cuando, la vida regresa a su fuente especular y el jugador-máquina dispara la bola-proyectil.

2.
Un parapléjico que controla con su mente un exoesqueleto robótico adherido a sus piernas va a dar el puntapié inicial en la inauguración de la copa del mundo. Tranquilamente podrían conectarlo a un toro robótico  imparable para que trepe por las plateas y asesine a Pelé. La idea es la misma: mover fierros con la mente y hacer la vida más soportable.

3.
Frente al universo ciborg todos en un punto somos discapacitados. El antropomorfismo del proyecto del puntapié inicial es una ilusión banal, chota y efectista. Los creadores del concepto «cyborg» soñaban con un hombre capaz de sobrevivir en el espacio exterior. Esa es la que va. La cosa ahora mismo está tomando otras derivas. Solo que los brasileros mueren, al parecer, por revivir un clásico de los clásicos. Por hacer caminar al paralitico, la Gran Jesús ante mil millones de espectadores. Un verdadero asco lleno de omisión y encanto.

 

La vecina del Mundial / por Graciana Méndez, desde San Pablo

Apareció enmarcado al lado del ascensor del condominio, donde se suelen poner todas las notificaciones importantes.

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MF / por Miguel Villafañe

1.-

El Campeonato Mundial de Fútbol de la FIFA (MF) se juega cada 4 años en distintos países. El último MF se jugó en Sudáfrica y lo ganó la Selección de Fútbol de España (SFE). De ese Mundial recordaremos al inefable director técnico de la Selección de Fútbol Argentina (SFA) en “aquel entonces”, Diego Maradona, quien en la ronda clasificatoria, como anticipo del bochorno de la goleada 0-4 ante Alemania, luego de una “gesta heroica”, acuñara ante la prensa algunas de sus frases célebres (“Chupala…”, “Seguila chupando…”), para luego reescribirlas  en un jocoso “Que lo chupen todos” que  devolvió a sus jugadores, incluida la súper estrella Lionel Messi, a la etapa oral. Esta genialidad de la perversión, esta puesta es escena de la  fantasía de nuestro querido Dié, fue la enseñanza que nos quedó de aquellos días.
También el asco ante los festejos de la grey española por sentirse campeones, todos preferíamos que gane la Selección de Fútbol de Holanda. Así, claro, pensando en Holanda, no hay más remedio que remitirse a otro glorioso MF, cuando la SFA ganó su primera copa ante la “Naranja Mecánica”. De la experiencia de Mundial 78 (además de repudiarlo con insistencia dada la tendencia a negar graciosamente nuestras complicidades porque “está sucio con sangre y mentiras”) heredamos todos los clichés que luego constituirían la retórica, el folklore del MF en este país: Clemente con la bandera anudada al cuello, la corneta, los papelitos, el imbécil festejo en el Obelisco… Todos esos elementos de la mise en scène que luego serían capturados por los publicistas y que ahora constituyen al estereotipo del hincha argentino que vemos en cuanto anuncio de productos se nos ocurra, para consolidar de paso nuestra tendencia a la xenofobia, el cretinismo, el fascismo más abyecto.

(más…)

Yo puedo elegir argentina porque me disgusta Brasil y creo que su fútbol esta completamente sobrestimado y porque no me gusta la samba y no me gustan las chicas brasileiras y no me gustan los atletas de dios ni tampoco dios y porque pelé es una mierda y porque no tendría que existir un país en el cual la gente se mata si pierde la final con Uruguay y entonces bueno que se vayan a suicidar cuando Argentina les gane el trofeo. (Matteo Nucci, desde Italia)