#artelatinoamericano

Una canción para el Mundial #9
o Estamos haciendo la nuestra/ por Florencia Minici

La “originalidad brasileña compulsiva” de la que habla Caetano, una vez llegó al colmo de expresarse en la coexistencia de dos bandas llamadas “Os Diferentes” y “Os Iguais”: retroalimentándose neuróticamente a varias bandas les tocó la época de la Jovem Guarda. La primera movida, el primer movimiento de la música brasilera. A tono con el primer gran internacionalismo de la música occidental que, como en todas partes, podía verse en un programa de la tele. El programa en cuestión era conducido por el gran Roberto Carlos, que a su vez sacó en 1965 un disco homónimo a la movida.
En “Jovem Guarda” la banda Renato e Seus Blue Caps toma la dirección instrumental de todos los temas: vale la pena acordarse de este grupo beat que retocó con el portugués temas como “All my loving” en “Feche os olhos”. En los videos que se encuentran pareciera que Renato e Seus Blue Caps realmente se creían los Beatles brasileños…y tenían razón, al menos una “razón en términos beatle”, porque lo que hacían era lo que había que hacer, las categorías que había que usar para componer en la cabeza una canción beatle. Paul McCartney cantó con ellos. “Coisa linda” para “All my loving”: la máquina beatle comiéndose a sus herederos de una forma elegante.
En el fútbol había pasado algo parecido hasta este Mundial. Pero aparecieron máquinas de la autodeterminación como Ghana y Costa Rica, que sorprenden a la lengua estándar de la FIFA, que tiene dos preceptos falsos:

1) Superioridad histórica (hay países con historia futbolística y países sin…es algo que la mayor parte de los “periodistas” del deporte tienen incorporado como verdad discursiva), obviamente “demostrada” en rankings que ellos mismos hacen y las calificadoras de riesgo que también inventaron el concepto de “riesgo país” ponen como “tendencias” para tentas el olfato de las grandes marcas.
y 2) Superioridad técnica: no es otra cosa que tomar formas de juego de distintas partes y armar grandes equipos en los cuales cada estilo puede funcionar (el mundial se juega en espejo al infinito en cada temporada de la Liga Europea con los mismos jugadores que después vuelven a casa para jugar en representación de su país). En el intervalo entre Mundial y Mundial los africanos y los latinoamericanos pierden algo de sus herencias anteriores y dejan trazos de juego que los europeos creen que son suficientes para “conocerlos”. Este es un gran error que les costó a algunos irse en la primera fase de la Copa.

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Volviendo a la Jovem Guarda…por suerte la historia dio un vuelco y los tropicalistas hicieron después una revolución cultural con fuerza estética propia. Las selecciones de México, Chile, Costa Rica…también tienen una fuerza estética propia. Las piernas de los jugarores de Ghana son como “flechas”, dijo con obviedad y desparpajo un relator de TyC Sports. Algo de eso hay, pero no son las flechas que los negadores asocian a historias de Billiken; son otras flechas, más poderosas y bellas, que algunos se están rompiendo la cabeza para tratar de explicar, cuando sería mejor simplemente aceptarlas y disfrutar.
Tal vez la memoria de estos primeros partidos quede al final como nada más que eso, memoria de un momento estético contracultural. Ojalá que no.

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Paul McCartney embobado con su propia historia al igual que los monarcas de España, no ve lo que le pasa por al lado. No escucha. Como tantos artistas que no escuchan, sólo son emisores. Cantó con los Beatles brasileros, no podría nunca andar por otro lado. La lección es que la movida beat nunca escuchó realmente (y escuchar empieza por el infinito de casa, lo más cerca, lo que a primera vista parece limitado y limitante pero que es hermoso, complejo, múltiple. Los Beatles hicieron eso y cuando no lo pudieron hacer más se murieron). La movida beat copió: lo sabemos todos. Para ese tipo de falsas escuchas es muy fácil ser comido (quizás los poetas antropófagos “comieron” por esto, porque vieron muy bien que se los estaban comiendo a ellos desde mucho antes).
La “World Music” es una maquinaria de privilegios, premios e ignorancia que invoca la falsa verdad de los territorios. La Liga Europea, parece se está demostrando, es muy parecida. Les está yendo mal porque los latinoamericanos y los africanos están haciendo la suya. Fútbol con fuerza estética propia, o sea folklore post-post-colonial.
Les dejo esta canción (en la que la tibieza de McCartney no puede hacer más que bajar el tempo, como si estuviera en retirada) para despedir a la Monarquía