#chaueuropa

Suárez Lastra / por Malena Rey

“Oggi é un giorno tristisimo. Siamo fuori de la copa”.

Vuelven estas palabras a caer sobre nosotros, y sobre la escuadra azzurra, que con una mala actuación quedó afuera del Mundial de Brasil en la inesperada primera ronda del grupo de la muerte. Una muerte extraña la de Italia, en manos de vampiros. O sea que no tendría que extrañarnos que en el próximo mundial los jugadores italianos claven sus dientes en los hombros o cuellos de sus adversarios, perpetuando a Drácula en la historia de la FIFA.

La pasé pésimo durante el partido, lo viví con nervios. Lo vi en la redacción con mis compañeros de la revista, pero como no había tele pusimos el partido en una compu y le armamos un podio para que nos quede bien a la vista. Tratamos de poner un buen audio y no lo conseguimos, así que escuchamos el relato desfasado, lo que le restaba bastante épica a la gesta que no llegó a ningún lado. Se vuelven a Piamonte, a la Toscana, a la costa amalfitana toda la elegancia de Pirlo, todas las pretenciones del reptil Balottelli, y con ellos las expectativas de un equipo que había mostrado una buena propuesta de juego en los primeros dos encuentros, pero que no le alcanzó para nada.

Ahora bien: que Italia se haya quedado con 10 complicó mucho las cosas, sobre todo en el aspecto moral. Los tanos se dieron cuenta de que Uruguay les estaba arrebatando el partido, justamente por llegar con lo justo, por tener que jugarse todo (recuerden que si empataban pasaba Italia). Y ante este cambio rotundo de planes que fue la expulsión de Marchisio (injusta expulsión, era para amarilla), el equipo ganó en imprecisión, en inseguridad. El gol de omóplato no ayudó. Cualquier cosa podía pasar en el encuentro.

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Si el caníbal de Suárez hubiera abandonado la cancha, como correspondía si el árbitro no hubiera estado papando moscas, tiendo a pensar que los azzurra habrían podido levantar el ánimo y no digo ganar, pero por lo menos empatar 1 a 1 el partido. Y ahora es fácil pensar en sanciones para Lucho, pero a Italia ya no le sirven… Después de toda la cargada y la catarata de repercusiones sobre la vampírica y sacada mordida de Suárez, ¿nadie se puso a pensar en cómo Chiellini pasó los últimos minutos de partido, completamente enfurecido e indignado, y además dolorido por ese tatuaje de carne del dientudo? ¿Nadie reparó en lo difícil que es jugar con odio, con bronca, pensando en esa completa injusticia? Todas estas ideas se amontonaban en mi cabeza y salían en forma de gritos roncos, y patadas a la estufa. Mis compañeros me miraban un poco perplejos y yo me iba desfigurando.

Costó remontar mucho la tarde. Porque aunque comparemos a Prandelli con Magnetto (el parecido es notable), no hay malos de la película, no hay culpables puntuales detrás de las fallas de Italia: hay una serie de eventos desafortunados y poco brillo.

Cayó la noche, seguíamos digiriendo la noticia y en casa sonó el teléfono de línea. Era mi mamá: “Siamo fuori”, me dijo. A los pocos minutos volvió a sonar. Era mi hermano: “Siamo fuori”, me dijo. Desolación. Llamé a mis amigas y me fui a comer rigattonis a una cantina italiana.

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Una canción para el Mundial #9
o Estamos haciendo la nuestra/ por Florencia Minici

La “originalidad brasileña compulsiva” de la que habla Caetano, una vez llegó al colmo de expresarse en la coexistencia de dos bandas llamadas “Os Diferentes” y “Os Iguais”: retroalimentándose neuróticamente a varias bandas les tocó la época de la Jovem Guarda. La primera movida, el primer movimiento de la música brasilera. A tono con el primer gran internacionalismo de la música occidental que, como en todas partes, podía verse en un programa de la tele. El programa en cuestión era conducido por el gran Roberto Carlos, que a su vez sacó en 1965 un disco homónimo a la movida.
En “Jovem Guarda” la banda Renato e Seus Blue Caps toma la dirección instrumental de todos los temas: vale la pena acordarse de este grupo beat que retocó con el portugués temas como “All my loving” en “Feche os olhos”. En los videos que se encuentran pareciera que Renato e Seus Blue Caps realmente se creían los Beatles brasileños…y tenían razón, al menos una “razón en términos beatle”, porque lo que hacían era lo que había que hacer, las categorías que había que usar para componer en la cabeza una canción beatle. Paul McCartney cantó con ellos. “Coisa linda” para “All my loving”: la máquina beatle comiéndose a sus herederos de una forma elegante.
En el fútbol había pasado algo parecido hasta este Mundial. Pero aparecieron máquinas de la autodeterminación como Ghana y Costa Rica, que sorprenden a la lengua estándar de la FIFA, que tiene dos preceptos falsos:

1) Superioridad histórica (hay países con historia futbolística y países sin…es algo que la mayor parte de los “periodistas” del deporte tienen incorporado como verdad discursiva), obviamente “demostrada” en rankings que ellos mismos hacen y las calificadoras de riesgo que también inventaron el concepto de “riesgo país” ponen como “tendencias” para tentas el olfato de las grandes marcas.
y 2) Superioridad técnica: no es otra cosa que tomar formas de juego de distintas partes y armar grandes equipos en los cuales cada estilo puede funcionar (el mundial se juega en espejo al infinito en cada temporada de la Liga Europea con los mismos jugadores que después vuelven a casa para jugar en representación de su país). En el intervalo entre Mundial y Mundial los africanos y los latinoamericanos pierden algo de sus herencias anteriores y dejan trazos de juego que los europeos creen que son suficientes para “conocerlos”. Este es un gran error que les costó a algunos irse en la primera fase de la Copa.

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Volviendo a la Jovem Guarda…por suerte la historia dio un vuelco y los tropicalistas hicieron después una revolución cultural con fuerza estética propia. Las selecciones de México, Chile, Costa Rica…también tienen una fuerza estética propia. Las piernas de los jugarores de Ghana son como “flechas”, dijo con obviedad y desparpajo un relator de TyC Sports. Algo de eso hay, pero no son las flechas que los negadores asocian a historias de Billiken; son otras flechas, más poderosas y bellas, que algunos se están rompiendo la cabeza para tratar de explicar, cuando sería mejor simplemente aceptarlas y disfrutar.
Tal vez la memoria de estos primeros partidos quede al final como nada más que eso, memoria de un momento estético contracultural. Ojalá que no.

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Paul McCartney embobado con su propia historia al igual que los monarcas de España, no ve lo que le pasa por al lado. No escucha. Como tantos artistas que no escuchan, sólo son emisores. Cantó con los Beatles brasileros, no podría nunca andar por otro lado. La lección es que la movida beat nunca escuchó realmente (y escuchar empieza por el infinito de casa, lo más cerca, lo que a primera vista parece limitado y limitante pero que es hermoso, complejo, múltiple. Los Beatles hicieron eso y cuando no lo pudieron hacer más se murieron). La movida beat copió: lo sabemos todos. Para ese tipo de falsas escuchas es muy fácil ser comido (quizás los poetas antropófagos “comieron” por esto, porque vieron muy bien que se los estaban comiendo a ellos desde mucho antes).
La “World Music” es una maquinaria de privilegios, premios e ignorancia que invoca la falsa verdad de los territorios. La Liga Europea, parece se está demostrando, es muy parecida. Les está yendo mal porque los latinoamericanos y los africanos están haciendo la suya. Fútbol con fuerza estética propia, o sea folklore post-post-colonial.
Les dejo esta canción (en la que la tibieza de McCartney no puede hacer más que bajar el tempo, como si estuviera en retirada) para despedir a la Monarquía