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Ciborg mundial II-Error de transmisión/ por Agustín Alzari

“We did it!!!!” tuiteó Miguel Nicolelis. Pero el mundo, ese mismo mundo por el que había rodado la noticia de que un parapléjico armado con un exoesqueleto robótico se pararía de su silla de ruedas, caminaría hasta la pelota para dar nada menos que el puntapié inicial del mundial, no pudo verlo.  kari_dewilde lo resumió en un comentario en la página de TN: «tanto esperar y no se vio nada!!! que caradura el de la camara!!! sinverguenzaaaaaa,que estaba haciendo!!! era un momento tan esperado y re anunciadoooo!!! pobre muchacho paraplejico, mejor q ni se entere que no lo vio ni el lorooooo!!!!»
Pero kari_dewilde es, además de un toque forra, una cándida. No hubo error de cámaras, kari, menos de transmisión en el sentido usual, televisivo: la cosa jamás sucedió. El tipo no entró a la cancha en una silla de ruedas, ni se puso de pie, y ese toque casi imperceptible con el que mueve un metro y medio la pelota tranquilamente pudo haber sido una orden remota dada por alguno de los tipos que sostienen desde los laterales al BRA-Santos Dumont 1 (nombre de fantasía del exoesqueleto) que a su vez mantiene en pie al ex atleta Juliano Pinto.
Lo que hubo, kari, es lo que hay: que no podemos todavía acceder a la info del cerebro de esa manera. Las señales que salen de la corteza son muy débiles y un millar de brasileros bailando alrededor en la inauguración de un mundial no ayudan para nada. Fue un error de transmisión entre dos mundos, el mundo de las neuronas (que es negro y con brillitos centellantes) y el de los fierros. Las neuronas todavía se resisten al plug directo. Error de transmisión de datos. “We did it!!!!”, tuiteó Miguel Nicolelis. Pero kari_dewilde sigue sin ver nada.

 

Ciborg mundial / por Agustín Alzari

1.
Una cierta limitación en la capacidad de cálculo de los procesadores de la PlayStation termina por modelar una estética de cosa demasiado prolija, tersa, en el aspecto de los jugadores. A nivel de movimientos de juego genera la posibilidad de loopear las previsibles secuencias que llevan al gol. En un estado de arte, las que llevan al golazo. No es lo que los diseñadores pretendían: ellos mueren por la mugre, por el humo, por la sangre, el azar, la depresión, el asado y el vino. Ellos quieren la realidad. Pero para que eso suceda en la pantalla hace falta una Pentium del tamaño del sol. Igual no importa. Los muchachos no paran de jugar a la Play. En las casas después de los entrenamientos, en las habitaciones de los hoteles para matar el tiempo en las concentraciones. Se vuelven adictos a sus propias imágenes sintetizadas.  También a los loops secuenciales de arte menor y a los loops secuenciales en estado de arte. Es casi zen lo que ocurre. Una transmutación. El tiempo lento del progreso tecnológico les da tiempo real para aprender. La limitación de proceso (estrictamente, la relación costo beneficio en la fabricación de los artefactos) se hace estética. El loop de comandos toma los cuerpos y zas!
… De vez en cuando, la vida regresa a su fuente especular y el jugador-máquina dispara la bola-proyectil.

2.
Un parapléjico que controla con su mente un exoesqueleto robótico adherido a sus piernas va a dar el puntapié inicial en la inauguración de la copa del mundo. Tranquilamente podrían conectarlo a un toro robótico  imparable para que trepe por las plateas y asesine a Pelé. La idea es la misma: mover fierros con la mente y hacer la vida más soportable.

3.
Frente al universo ciborg todos en un punto somos discapacitados. El antropomorfismo del proyecto del puntapié inicial es una ilusión banal, chota y efectista. Los creadores del concepto «cyborg» soñaban con un hombre capaz de sobrevivir en el espacio exterior. Esa es la que va. La cosa ahora mismo está tomando otras derivas. Solo que los brasileros mueren, al parecer, por revivir un clásico de los clásicos. Por hacer caminar al paralitico, la Gran Jesús ante mil millones de espectadores. Un verdadero asco lleno de omisión y encanto.