#fairplay

Una canción para el mundial #9/ por Florencia Minici

 

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Un dilema / por Ercole Lissardi

Vi el partido que inauguró el Mundial con mi hijo, que tiene 8 años, que adora el futbol, que va a una escuela de futbol, que llenó el álbum Panini, que gracias al álbum reconoce hasta a los suplentes de Costa de Marfil, y que desde hace un par de meses desde que se levanta a las siete de la mañana hasta que se duerme a las diez de la noche no habla sino de las chances de los unos y de los otros para ganar el Mundial.
Como ya estoy veterano, y he visto mucho fútbol, desde que el japonesito empezó a flechar la cancha en el primer tiempo supe que si Brasil no podía ganar iba a recibir ayuda del árbitro. Me pregunté entonces si debía decirle a mi chiquito de qué iba la cosa. Mi dilema era: ¿debía dejar al niño en la ilusión del Fair Play en el deporte que adora o debía mostrarle de plano cómo son las cosas en este mundo al que lo traje y en particular en este deporte que le enseñé a amar desde pequeño?
¡Ay! Opté por decirle de qué iba la cosa. Sí, es cierto, sucedió tal y como papá dijo que sucedería, y por consiguiente mis acciones en la Bolsa de Valores de su corazoncito aumentaron considerablemente de valor. Pero ¿qué? ¿Esto es sin consecuencias? ¿O algo se rompió en ese corazoncito? ¿Se merecía ese baño de realidad a los ocho añitos? Sembré en él la semilla maldita de la desconfianza, del desengaño. ¿Y ahora voy a tener que decirle que si se diera el milagro de que Uruguay anduviera bien también en este Mundial le van a cortar las alas antes de que vuele demasiado alto? ¡Qué mierda! Ojalá nos hubiéramos ido de vacaciones a Marte durante el Mundial. No hay manera de escaparse de toda esta basura.