#final

Sub / por Martín Armada
El fútbol, el intenso y fugaz amor colectivo. Los que saben del juego y no están comprometidos con los libros de pases ni con el chupetómetro de la publicidad dicen que debemos estar en paz, que todo fue dado.

Pasan los años, pasan los jugadores y acá seguimos, intentando comprender de qué manera el deporte y el éxito conviven con la gloria y una idea absoluta y presente de justicia. Si Argentina salía campeón mi abuelo iba a poder seguir tranquilo en su muerte, una vieja deuda con un amigo iba a saldarse, también iba a perdonarme alguien por algo que pasó, pero que nunca comprendí. Transpiré por esa alquimia y por la felicidad.
Y perdimos. Todo bien. Yo estuve unas horas en silencio, poniendo la cabeza sobre una mano. Horas enfrente de una repetición que de a poco me fue soldando algo roto que se unió de nuevo a mi de una manera desprolija y permanente. No caminé por las avenidas, no canté. Lo hice mil veces en mi corazón y el último día fui mezquino y quise quedarme con esa alegría.

Al principio me sentí mal. Había fallado cuando tocaba olvidarme de mí. Hasta que detrás de los gritos de un periodista de campo vino primero otra voz y después otra imagen. Mascherano, que desde ahora sólo será él si está dispuesto a dar la vida por nosotros, agradeció el aguante, honró al grupo, bancó el fuego que se come al tiempo. Ojos rojos, parado delante del empapelado pagado por una maquinaria que no siente amor dijo: “Hoy, nos vaciamos”. Creo que después se fue. Así de perfecto.

Piernas / por Ercole Lissardi

Advertimos en nuestro post anterior que era un partido para la mínima diferencia o para penales.

Argentina hizo un buen partido. Se mantuvo la alineación que se había elaborado a lo largo del campeonato y mientras hubo piernas se controló a Alemania y se tuvo opciones de gol gracias a la habilidad de los delanteros.

La diferencia entre Argentina y Alemania fue que Argentina se quedó sin piernas, y Alemania no.

Es la eterna diferencia entre los nórdicos y los demás. Ellos son jugadores de fútbol pero además son atletas.

A mediados del segundo tiempo Argentina empezó a sentir el trámite y poco a poco retrocedió en la cancha.

Una carrera infernal de Schurrle por la banda izquierda al final del alargue decidió el partido.

Sabedor de ese plus físico alemán que aparecería al final del partido, la idea de Sabella fue ganar el partido en los primeros 45. Ahí Argentina quemó su físico. Tuvo las mejores oportunidades pero no la pudo embocar. Al final de los primeros 45 Argentina iba ganando… por puntos. Para los segundos 45 ya no había esa energía. Poco a poco Alemania fue prevaleciendo.

¿Pudo haberse planteado otra cosa? Sí. Pudo haberse medido mucho más el gasto de energía, dosificarla. Pero si en esos primeros 45 jugados a toda máquina se hubiera anotado, otro gallo hubiera cantado en el segundo tiempo.

MESSI. Es un jugador extraordinario. Pique, dribbling, panorama de cancha, shot, fantasía. Lo tiene todo. El problema es que aprendió a jugar con el tiqui-tiqui y a eso jugó toda su vida. Le cuesta muchísimo acostumbrarse a otra cosa. Esa es la esencia de sus diferencias con Sabella. Buena parte del partido deambuló por la cancha esperando que le llegara una pelota redonda para entregarse a las delicias del tiqui-tiqui. Le llegaron muy pocas. Intentar la magia personal rodeado de tres o cuatro teutones es poco menos que imposible.

La batalla de Argentina / por Ricardo Strafacce

Según alcanzo a colegir en el mapa que pego abajo, estos son los países que están con nosotros:

Bolivia
Ecuador
Alguna de las Guyanas
El Salvador
Cuba
República dominicana
Mauritania
Somalía
Bosnia
Croacia
Luxemburgo
Islas Feroe
Bhutan

Todos los demás (incluido Argelia, lamentablemente), con el enemigo. Como se ve, hinchan por nosotros los pobres.

por-quien-hincharan-cada-pais-la-final-del-mundial

Rumbo a la cuarta copa del mundo / por Damián Ríos

Till leyó el artículo de Martín Caparrós en El país a propósito del partido contra Holanda y me lo copia en el chat del skype: “Quizá somos esto; quizás el error –tan argentino– de muchos argentinos fue haber creído que podíamos ser otra cosa: una que, en principio, parecía mejor.” Le digo que Caparrós es un novelista desparejo, que a veces es mediocre y que a veces es malo; que es un hábil periodista, pero que en literatura ha probado casi todas las formas del error y del mal gusto. Tiene un blog en un diario español, le digo, si siquiera una columna el diario principal. Till, que ya está festejando, me dice que de todas maneras será un intelectual prestigioso; es probable, le digo, y por eso mismo no significa demasiado. Till dice que no entiende a los argentinos y que Caparrós sí. No sé lo que entiende Caparrós, pero hablemos de fútbol. Hablemos de Alemania que le ganó a Brasil en una muestra de carácter, que le hizo sentir el rigor por meterse, injustamente, en una semifinal para la que no estaba preparado, con una muestra de talento y precisión; de personalidad y oportunismo. Con jugadores que se conocen muy bien y que casi siempre salen jugando desde el fondo con pases precisos y que en el medio son muy rápidos y casi nunca se equivocan y que adelante son generalmente letales, que tienen un arquero al que es difícil imaginarlo vencido. Que contra Brasil hicieron el mejor partido de la historia de los mundiales y que su técnico es serio y tiene un proyecto de largo plazo, que se prepararon para esta final, que la están esperando ansiosos desde hace 24 años. Qué puedo decir de Argentina, pregunta. De Argentina, querido amigo, no digas nada, no hay nada que analizar; no velamos ningún secreto y no hay nada que interpretar, entonces, ya lo sabemos todo.

Rumbo a la cuarta copa del mundo / por Damián Ríos

“Ningún campeonato se gana en la semifinal”, le cito a mi amigo Till. Tarda en contestar, está borracho y dice incoherencias en una mezcla de alemán, castellano y portugués. Si bien había pronosticado una goleada a los brasileños, todavía no puede creerlo. Me dice que es muy raro hacer pases en el área chica, que son raros los defensores brasileños. Fue un partido raro, es verdad, una sorpresa. Le digo que el fútbol, según un teórico argentino, es la dinámica de lo impensado. Me pregunta si en Argentina hay teóricos y se ríe. Observa, de todas maneras, una contradicción entre “la dinámica de lo impensado” y la palabra “teórico”. Ya sabe qué va a hacer Alemania en la final, algo que no es ningún secreto. Planificación en pelotas paradas y salida rápida del fondo y del mediocampo. Impensado es, por ejemplo, la pelota que Mascherano le tapó a Roben y en la que se rompió el culo, le digo. Hay jugadores que hacen cosas impensadas. Me habla de Mascherano y pregunta por Maradona. Le digo que tiene un programa de televisión y me dice que hace bien en dedicarse a eso. Hablamos de estadísticas pero él las descarta al instante y me vuelve a preguntar por Maradona. Maradona no juega más, no dirige más, ahora es periodista y no lo dejan entrar a las canchas, le digo. Después me pregunta qué se dice de Alemania en Argentina, le hablo de respeto. Me pregunta si tenemos alguna ilusión. Me parece una chicana. Le digo que me negué a comentar el suplementario de Alemania con Argelia. Me dice que los algerinos se defendieron bien y que los jugadores alemanes no estaban inspirados. Inspiración, le digo, eso es lo impensado; él dice que la inspiración es suerte de comunión entre espíritu y pensamiento. No te entiendo, le digo. Me dice unas palabras en inglés y le digo que lo que no entiendo es el concepto. Inspiración, le digo. Le pregunto si tiene algún pálpito y me dice que no tiene pálpitos, que para eso estaba el pulpo Paul en el 2010. Le digo que a esa mundial lo ganó España y se ríe. Me pregunta si tengo algún pálpito, le digo que sí, y que hasta ahora no he fallado en ninguno; enseguida le digo que Podolski se ha sacado fotos con niños indígenas brasileños y que declaró respeto por la camiseta brasileña, algo bastante demagógico, después de una goleada y antes de una final ante un rival histórico. No me dice nada. Me dice que hablemos mañana o el sábado, antes del partido. Le digo que sí, me dice que él lo hace por la cábala y yo le digo que también lo hago por la cábala. Después se pone a hablar de Messi y le corto la comunicación.