#kant

Neykant/ por Florencia Minici

Ví los últimos dos goles del partido en el bar de la Biblioteca Nacional junto al explosivo Nicolás Maidana, que ojeaba poco desde atrás de sus anteojos y después volvía la vista hacia un ejemplar ruinoso de Mil Mesetas. Después tuve que ver la repetición, porque me había perdido la primera parte debido a las ocupaciones de la tarde. Pusieron unas muy buenas pantallas en la Biblioteca, que hoy ofrecía otro partido interesante: un diálogo entre González y Abraham sobre Foucault en Argentina, en las vísperas de los 30 años de la muerte de San Foucault. Uno de los temas tocados, tan caro al pensamiento francés, fue la cuestión de la verdad. Y en honor y por asociación inmediata, hablar de Brasil- Camerún hoy se toca con la cuestión de la verosimilitud. Ayer pensé en la fuerza estética propia, lo que tienen seleccionados como Ghana y Costa Rica.Hoy Brasil suma un elemento, la verosimilitud. Se me despertó hablar de esto cuando vi a Neymar, o mejor dicho un plano de la lengua de Neymar al final del partido (en mi mente plano detalle) que a las claras pedía una sola cosa: cerveza. Hasta ahora, el momento de mayor relajación que experimenté en lo que va del torneo.

Para los equipos ya clasificados, el último partido del grupo, además de otorgar la posición definitiva que define al rival de octavos, otorga la verosimilitud con que cada equipo llega a la siguiente fase. Qué tanto da campeón, o al menos qué tiene de verosímil lo que de ahora en adelante va a contar. Hoy Brasil recuperó algo de la verosimilitud propia de un equipo que puede ganar el Mundial. La agilidad aeróbica de Fred y Fernandinho, que sin ser genios son rápidos y están cómodos. La intransigencia del Increíble Hulk. La comodidad climática de los jugadores locales, que después del partido parecían listos para derramar cerveza en sus bocas como dulce premio después de un día agitado. Y obviamente la perfección de Neymar, chiquito y cumplidor pero también, como Messi, un Kant del fútbol. Una computadora. Lo que el resto del equipo empieza a mostrar en soltura física, Neymar lo pone en unos profundos pliegues de pensamiento a alta velocidad, que le permiten saber con certeza cómo está construido el plano del campo en sus bases matemáticas y operar sobre ellas.
Brasil empezó a mostrar rasgos de verosimilitud, algo que sólo se consigue con la tranquilidad que pulsa al movimiento suelto, cómodo consigo mismo, con la neurosis justa y necesaria. Sin sobreactuar ni tomar la actitud frívola del indiferente que ya se sabe en octavos de final.

Salud.