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Cuando Messi no corre, piensa / por Inés Acevedo

No entiendo cómo aún hoy, al borde de ser campeones del mundo, la gente sigue criticando a Messi. El principal reclamo: que no se mueve.
¿Cómo pueden olvidarse que si estamos en el Mundial es por los goles que él convirtió?
¿Cómo pueden sostener sin vergüenza que jugar al fútbol es correr atrás de la pelota?

Hipótesis

Yo pienso que se juega a la pelota con las piernas y la cabeza.
Los hombres, a diferencia de las mujeres, tienen gran dificultad para hacer dos cosas a la vez.

1. Es por eso que postulo que cuando Messi no está corriendo es porque está pensando.
¿Por qué debe pensar? Porque los equipos de la selección han sido cambiantes, porque el juego no está aceitado, y cada partido es un nuevo desafío estratégico.
Esa forma de jugar se ve también en Zidane, un jugador muy pensante.

2. No moverse es una táctica calculada. Como los animales que se hacen los muertos para que no los ataquen, Messi busca no llamar la atención para poder arrancar con velocidad y sacar ventaja antes que los marcadores lo inhabiliten a seguir.

3. Es una simple cuestión de economía. ¿Para qué se va a mover, para qué va a pedir la pelota cuando las condiciones no están dadas? ¿Por qué nadar corriente arriba?
Es bien cierto que ante una jugada posible Messi aparece, corre y hace el gol, o lo genera. ¿Importa algo más?
Pero la gente quiere ver un futbolista inmolándose: ¡bravo Di María, cómo corriste! O Bravo Neymar, que te quebraste una vértebra.

4. Messi es como el chico tonto que al final resulta que no es tonto sino que es un superdotado que se aburre tanto que no hace bien el examen.

5. Una última posibilidad es que Messi no corra porque está cansado.
Cansado de cargar sobre sus hombros la responsabilidad de ser capitán (un rol que a mi entender no le queda bien).
O cansado de un fútbol mediocre, incluso en la Copa del Mundo.

La imagen de Messi solo en el medio de la cancha es una metáfora perfecta de la genialidad.

 

 

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Rumbo a la cuarta copa del mundo / por Damián Ríos

No vi el suplementario con USA, lo considero un fracaso de la selección alemana. Pero tuvo la ventaja de que en treinta minutos Alemania se clasificó a semifinales, Francia nunca fue un rival.

Mi amigo Tiell se ríe cuando le tarareo:

Allons enfants de la Patrie
Le jour de gloire est arrivé

Encuentra la letra poco seria, como una canción con intención humorística. Sugiere que uno de sus versos podría titular un programa de YouTube, a la manera de “Tiranos temblad”, con imágenes de Sarkozy y Benzema:

Le jour de gloire est arrivé

Sospecho que la semifinal va a ser con Colombia, un equipo humilde, que si lo tuviera a Radamel Falcao sería de cuidado. Pero no lo tiene a Falcao, algo que igual le alcanza para ganarle a Brasil si se aplican jugadores, cuerpo técnico y pueblo colombiano. Un gol tempranero de Colombia provocaría el llanto de Neymar, le va a costar concentrarse.

Por la otra llave avanzan cuatro equipos, entre ellos Messi. Sería un milagro que un jugador como Gago juegue una final del campeonato del mundo, pero dependerá de Sabella y de Messi obrar ese milagro al pedo.

La máquina de hacer felicidad / por Marcelo Díaz

 

messienyeama

El mundial se te pega en la retina, en el cerebro y en el cuore con stickers que son estampitas religiosas, grandes obras del Louvre, remeras para llevar a un concierto. Está Iniesta tomado de espalda, cargando la derrota en absoluta soledad, rodeado de 50.000 personas que no salen en la foto, y de millones que lo ven en una pantalla, y sin embargo radicalmente solo, no está asimilando la eliminación, está mirando el pasado, procesando el paso de los años, abandonando para siempre un mundo habitado por jugadores más jóvenes y más rápidos, se está asomando, con treinta años apenas, a la vejez, a la que se entra solo. Está el ataque caníbal de Suárez a Chiellini, la foto del inmediato después, con el tano en el piso agarrándose el ¿cuello? y Suárez sentado al lado acomodándose la dentadura. Y está esta, de Argentina – Nigeria, la de Enyeama, arquerazo nigeriano, con Lio Messi, cagándose de risa, desdramatizando un mundial que se llenó de publicidades épicas, de gente gritando a la cámara como diciendo “te voy a matar”, de partidos que se juegan como el culo y se ganan con huevos, y todo eso.

Hay flashes: un tiro libre con destino de gol que Enyeama saca de manera espectacular. Va en cámara lenta: el arquero vuela cual águila nigeriana, pega el manotazo, los argentinos se agarran la cabeza, los nigerianos tienen los ojos redondos como foquitos de Citroen, la cámara busca ávida al responsable de todo eso, y enfoca a un Messi que abstraído de todo se ata los cordones. Después viene, sí, el gol de tiro libre y el festejo de Lio planeando, haciendo un avioncito plácido de cara a la hinchada.

Y eso que en el partido se rasparon lindo. De los dos lados. Es cierto que no se jugaban mucho, con un empate los dos clasificaban. Pero lo jugaron con ganas. Argentina se quedó sin piernas a los 30 del segundo tiempo, se dieron palo y palo, se sufrió, como corresponde, y se disfrutó con momentos geniales, con momentos felices. Y Argentina hizo la que sabe, más o menos, y Nigeria demostró que también juega y te emboca.

Messi no es Maradona, no tiene épica. Tampoco es Suárez, no tiene desequilibrios emocionales. Pero es, hoy, el mejor de todos. Lo cagan a patadas, y sigue. Está como en otra y define. Y después planea como un avioncito. Y se hace chistes con el arquero que lo amargó en el mundial anterior. Y Enyeamá, que es un fenómeno, lo busca cómplice, tapa todo y se morfa dos imposibles, y se ríe. Y uno se siente feliz, porque vamos, sufrir sufrimos siempre, pero para tirar mierda ya está lleno de gente que hace de eso un negocio y una política. Motivos para seguir metiendo hay y va a haber siempre, pero motivos para sentirse feliz no hay siempre. Te los cuento con los dedos de una mano en la historia argentina. Y ahora, de este lado, está Messi, que se aguanta las patadas, que parece que se cae, que vomita, que hace lo que nadie esperaba, y después sale sonriendo, feliz. Y los lleva a todos, hasta a los nigerianos.

 

Neykant/ por Florencia Minici

Ví los últimos dos goles del partido en el bar de la Biblioteca Nacional junto al explosivo Nicolás Maidana, que ojeaba poco desde atrás de sus anteojos y después volvía la vista hacia un ejemplar ruinoso de Mil Mesetas. Después tuve que ver la repetición, porque me había perdido la primera parte debido a las ocupaciones de la tarde. Pusieron unas muy buenas pantallas en la Biblioteca, que hoy ofrecía otro partido interesante: un diálogo entre González y Abraham sobre Foucault en Argentina, en las vísperas de los 30 años de la muerte de San Foucault. Uno de los temas tocados, tan caro al pensamiento francés, fue la cuestión de la verdad. Y en honor y por asociación inmediata, hablar de Brasil- Camerún hoy se toca con la cuestión de la verosimilitud. Ayer pensé en la fuerza estética propia, lo que tienen seleccionados como Ghana y Costa Rica.Hoy Brasil suma un elemento, la verosimilitud. Se me despertó hablar de esto cuando vi a Neymar, o mejor dicho un plano de la lengua de Neymar al final del partido (en mi mente plano detalle) que a las claras pedía una sola cosa: cerveza. Hasta ahora, el momento de mayor relajación que experimenté en lo que va del torneo.

Para los equipos ya clasificados, el último partido del grupo, además de otorgar la posición definitiva que define al rival de octavos, otorga la verosimilitud con que cada equipo llega a la siguiente fase. Qué tanto da campeón, o al menos qué tiene de verosímil lo que de ahora en adelante va a contar. Hoy Brasil recuperó algo de la verosimilitud propia de un equipo que puede ganar el Mundial. La agilidad aeróbica de Fred y Fernandinho, que sin ser genios son rápidos y están cómodos. La intransigencia del Increíble Hulk. La comodidad climática de los jugadores locales, que después del partido parecían listos para derramar cerveza en sus bocas como dulce premio después de un día agitado. Y obviamente la perfección de Neymar, chiquito y cumplidor pero también, como Messi, un Kant del fútbol. Una computadora. Lo que el resto del equipo empieza a mostrar en soltura física, Neymar lo pone en unos profundos pliegues de pensamiento a alta velocidad, que le permiten saber con certeza cómo está construido el plano del campo en sus bases matemáticas y operar sobre ellas.
Brasil empezó a mostrar rasgos de verosimilitud, algo que sólo se consigue con la tranquilidad que pulsa al movimiento suelto, cómodo consigo mismo, con la neurosis justa y necesaria. Sin sobreactuar ni tomar la actitud frívola del indiferente que ya se sabe en octavos de final.

Salud.