#playstation

나는 하나님에 똥/ por Mauro Lo Coco

Señores dejo todo
voy a ver a Corea
porque los jugadores
me van a demostrar
que salen a ganar

Tanka oficial de la Selección

Una picardía. Una pena. Lo teníamos. Ya lo teníamos, pero nos mató la ansiedad. Perdimos la cabeza unos minutos y lo dejamos escapar. Nuestra dinámica imparable, nuestra disciplina férrea y nuestro espíritu de cuerpo se perdió por unos minutos de excitación y posterior relajo. Y así las manos de nuestro arquero cedieron ante un balón tonto, casi tanto como el que provocó el gol nuestro que abrió el marcador. Una lástima, con el triunfo ya estábamos casi adentro. La poderosa Rusia, esa misma que, bajo el difuso manto de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, se aliara definitivamente con nuestro enemigo del Norte en el ‘48, estuvo a punto de sucumbir. Y era justo. Pero nos relajamos.
“Corea es un equipo de playstation” afirmó con sabiduría Héctor Veira allá por 2002. Aludía a ese ritmo infernal y esa marca a presión asfixiante con la que solemos suplir nuestra falta de expertise histórica en el balompié. También se refería a que somos más fuertes como equipo que en valores individuales. “Los occidentales hablan siempre de nuestra fuerza grupal porque son incapaces de diferenciarnos”, acusó cierta vez Chan Sun Park, aquel del gol a Pumpido en el ’86. Pero como bien aprendimos gracias a Erving Goffman, ese estigma puede ser traducido en una fortaleza. Como suele decirse del terrorismo, nuestra fuerza será mayor en cuanto nos convirtamos en algo difuso, sin guardia ni retaguardia, en algo así como una idea general que flota sin consistencia, como el aire. Tenemos que actuar como un enjambre mortal: rápido y eficaz. Dicho con el cassette: la figura es el equipo.
Por eso, a no repetir la excitación después del gol. Para eso, bien vale citar al filósofo guaraní que nos recuerda que no hemos ganado nada. O a nuestro factótum Lao tsé, quien supo señalar que “agitarse es perder el dominio de sí mismo”.
Cuando hayamos cumplido, ahí sí, festejamos. Si es posible, así:

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