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Entrega y sacrificio / por Daniel Buschi

Es de creer que cuando un grupo se vota a si mismo está amplificando el sentido de pertenencia e indicando como funcionan sus entrañas. El grupo se ríe, se pone combativo, se organiza para una causa, se estruja contra una pared con rabia, etc, etc. Con la intención de no caer de pleno en la cursilería o si, pero a riesgo de Alejandro Sabella: “el entrenador de un equipo de fútbol se consagra cuando consigue enseñar al público sus dotes como estratega”. La metáfora del paso del Rubicón o la conferencia de prensa después del partido contra Holanda, en el que su nível de ambición lúdica lo llevó a terminar la aparición con la frase, “ahora viene el momento de calcular las bajas”. No sé si Sabella es un aficionado a la técnica y estrategia de la guerra o si la jerga militar es uno de sus vicios íntimos en relación a relatarse. Puede que sea uno de esos hombres nacidos entre 1950 y 1960 que tienen una relación fetiche con los libros sobre la segunda guerra mundial, pero no lo parece. Leí en una nota que uno de sus ayudantes lo considera como el más memorioso de todos, una resonancia que se extiende a toda una camada influida por el poder de acaparación de Daniel Passarella. Después está lo que mostró el equipo en la cancha. De a poco y en consonancia a las virtudes de rivales más dotados, proyectándose un sistema de juego más simil a una guerrilla en Siria, agrupados en bunkers defensivos bombas de fabricación casera explotan o no, escondidas en artilugios cotidianos. Ese es un escenario posible para una final con Alemania, un equipo argentino que defiende con cinco jugadores en línea, Mascherano baja para ocupar el lugar de jefe de los centrales, entre Garay y Demichelis. Lavezzi no deja un lugar en la cancha sin pisar, Rojo y Zabaleta suben por las puntas cuando el equipo contrataca, pero rara vez Argentina tira un centro, el ataque de los puntas entonces es un pulso más de bravuconería. Messi toma la pelota, en general por atrás de la linea de mediocampo y los recursos del equipo entonces, son los de una triangulación vertical, resolviendo los goles, como dije, con oportunismo y sencillez.

Por otro lado, a Sabella se lo vio también desempeñar el papel de teólogo en declaraciones al respecto de como debe ser un compañero con su grupo, dijo que “el compañero debe pensar en términos de dar y de esa manera armar un círculo virtuoso” o lo mismo, de manera simplificada: “los jugadores tienen en la camiseta su número y el número del resto de sus compañeros”.

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